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Emilio Campmany

Síntomas de debilidad

Madrid votó contra Sánchez señalando con el dedo su ciclópea incompetencia. Y el resto de España mira y se ha dado cuenta de que, en efecto, el rey está desnudo.

Emilio Campmany
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Madrid votó contra Sánchez señalando con el dedo su ciclópea incompetencia. Y el resto de España mira y se ha dado cuenta de que, en efecto, el rey está desnudo.
Pedro Sánchez. | EFE

Hasta el 4 de mayo, las encuestas, no sólo las de Tezanos, auguraban que el PSOE seguiría siendo el partido más votado. Llegó el Ayusazo, provocado por la estúpida moción de censura de Murcia, obra del estratega de salón que es Iván Redondo, y no hay pitonisa ni oráculo que no vaticine un soberano batacazo de los socialistas en las próximas elecciones. Ya no es posible aprovechar la ventana de oportunidad que ofrecía el tiempo que tuviera que transcurrir entre el fin de la pandemia y la crisis que provocará presumiblemente el cierre del grifo de los ERTE. Ahora hay que rezar para que la economía se recupere antes del fin de la legislatura y esperar a que para entonces los españoles se hayan olvidado de la incapaz gestión del guaperas de la Moncloa.

Sin embargo, hay algo que Sánchez y su círculo íntimo de mentecatos no calcularon. Madrid no votó pan y circo, ni cañas y berberechos, ni azucarillos y aguardiente. Madrid votó contra Sánchez señalando con el dedo su ciclópea incompetencia. Y el resto de España mira y se ha dado cuenta de que, en efecto, el rey está desnudo. Hace falta ser estúpido y tolete para pretender recuperarse con más de lo mismo, subidas de impuestos, cesiones a comunistas e independentistas y atolondramiento generalizado. La única novedad es que, visto el relativo éxito de Más Madrid, Sánchez se ha tirado hacia lo verde, lo vegano, lo climático y lo ecológico con más ahínco si cabe que antes.

Es verdad que no puede esperar concesiones de la oposición y que sus socios le retirarían su apoyo en el mismo momento en que se decidiera por una política mínimamente teñida de sensatez. Pero, dado que en las actuales circunstancias es casi imposible que prospere ninguna moción de censura, podría intentarlo y ver qué pasa. Lo que es seguro es que, si sigue satisfaciendo a radicales y golpistas, va a ser muy difícil que vuelva a ganar unas elecciones.

Lo prueban varios síntomas. El primero y más elocuente es la ausencia de muchos de los pelotas de siempre en la presentación de la Agenda 2050. Luego está la subida a las barbas de Marruecos, que indudablemente ha olido el miedo de Sánchez y cree llegado el momento de hacerle pagar sus cesiones al Frente Polisario. Encima, la tibia dirección del PP, tan inclinada a distinguirse más de Vox que del PSOE, ha adoptado de repente en lo de la renovación del Consejo General del Poder Judicial, en lo de Ceuta y en alguna cosa más una actitud inusitadamente gallarda. Además, algunos medios de masas de la derecha, especialmente los del Grupo Planeta, que hasta ahora habían mostrado cierta indulgencia con Sánchez responsabilizando de los desaguisados sólo a sus socios, han empezado a atribuir los desastres al verdadero culpable, que no es otro que Sánchez. Finalmente, en el propio PSOE, hace unas semanas era impensable que Susana Díaz tuviera alguna oportunidad de ganar las primarias en Andalucía y hoy ya no es descabellado que venza al candidato oficialista, a poco que el aparato del partido juegue limpio. Son sólo síntomas, pero muy reveladores.

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