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Emilio J. González

El descrédito de España

Lo que dice Die Welt, en el fondo, es lo que probablemente piensa el Gobierno alemán pero no puede decir directamente so pena de crear un serio conflicto con España.

Emilio J. González
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El Gobierno español, que tanto insiste en participar en la cumbre de Washington del próximo 15 de noviembre, debería resolver sus más que serios problemas financieros antes de dedicarse a decir a los demás lo que tienen que hacer. La información publicada por el diario alemán Die Welt acerca de un posible "plan C" de la Unión Europa por el cual se expulsaría a España, Bélgica y Grecia del euro constituye un serio aviso para el Ejecutivo de Zapatero, que sigue sin tomar las medidas necesarias para sanear la economía española.

Según el rotativo alemán, la elite política y financiera alemana comienza a barajar esta cuestión ante los problemas para el conjunto de la unión monetaria europea que supondría la quiebra de uno de sus miembros. El fuerte desequilibrio exterior español, que alcanza el 14% del PIB y es el más elevado entre todos los países industrializados, hace que nuestra economía sea la más expuesta a los embates de la crisis financiera. Para complicar más las cosas, en tan sólo un año se ha pasado de una situación de superávit presupuestario a una de déficit, que en los nueve primeros meses del año ya se situaba en el 1,24% del PIB sólo para el Estado. Luego habrá que añadir el desequilibrio en las cuentas de las administraciones territoriales que, a diferencia de ejercicios anteriores, en este caso no se va a ver compensado totalmente por un superávit en las cuentas de la Seguridad Social. Con este telón de fondo, el Gobierno debería haber apostado por un presupuesto más restrictivo que el que ha presentado a las Cortes, basado en hipótesis de crecimiento económico cien por cien irreales y superadas por la realidad para mal.

El Ejecutivo, por ello, lo primero que debería hacer es cambiar radicalmente el contenido del proyecto de cuentas públicas para el próximo ejercicio, aprovechando su tramitación parlamentaria porque los mercados ya empiezan a avisar y difícilmente van a aceptar un presupuesto que apuesta por un incremento del déficit cuando, además, el Gabinete quiere realizar una gran colocación de deuda en los mercados para financiar sus medidas de rescate del sistema crediticio. De momento, el diferencial de tipos de interés entre el bono español y el alemán ya ha superado las seis décimas, poniendo de manifiesto el riesgo que implica invertir en nuestro país. Pero, lo que es aún peor, cuando el Tesoro ha tratado de colocar en los mercados las primeras emisiones de deuda con las que respaldar las medidas a favor del sistema financiero aprobadas por el Consejo de Ministros, los mercados acogieron la emisión con frialdad y exigieron tipos bastante más altos que los que ofrecía el Tesoro. El aviso es muy claro. La cuestión es si alguien en el Gobierno quiere escucharlo o se va a seguir prestando oídos sordos a las alarmas provenientes de la realidad.

En cuanto al déficit exterior, lo normal es que se reduzca algo como consecuencia de la recesión económica, en forma de disminución de la demanda de importaciones. Sin embargo, no cabe esperar grandes cosas por este lado porque, por un lado, las exportaciones también van a caer como consecuencia de la crisis internacional y, por otro, porque la fuerte dependencia española del petróleo proveniente del exterior no deja mucho margen de corrección al desequilibrio en la balanza de pagos. Además, para complicar más las cosas, la nacionalización de las gestoras privadas de pensiones llevada a cabo por el Gobierno argentino ha hecho que los analistas consideren que la aportación de Latinoamérica a los resultados de las empresas españolas con intereses allí sea cero, lo que implica suponer, hasta que se demuestre lo contrario, que nuestras multinacionales no van a poder coadyuvar a sanear la balanza de pagos con los beneficios obtenidos allí. Y eso lo tienen en cuenta los mercados a la hora de valorar la posición deudora de España y su exposición a la crisis financiera internacional. De hecho, en un día de fuertes y generalizadas subidas en las bolsas de Europa, Estados Unidos y Asía, la española cayó, lo mismo que la de Italia (otro de los países en el punto de mira). Los mercados, por tanto, siguen mandando mensajes muy claros. Pero el Gobierno sigue de brazos cruzados y dedica sus energías tan sólo a mendigar un asiento en la cumbre de Washington.

En este contexto, no es de extrañar que Die Welt publique lo que ha publicado. Los alemanes nunca se sintieron cómodos con la presencia de España en la unión monetaria, por considerar que nuestra economía no estaba preparada para ello y por entender que éramos un país poco fiable en materia de política económica. De hecho, en la reunión del World Economic Forum de 1997, celebrada en la localidad suiza de Davos a finales de enero y principios de febrero de aquel año, los alemanes ya arremetieron contra nosotros cuando un destacado banquero germano dijo que aunque España cumpliera los criterios de Maastricht no debería estar en el euro desde el primer momento. Aquello provocó una grave crisis institucional que el Gobierno de Aznar no sólo resolvió a la perfección sino que, además, en los ocho años en que estuvo Aznar en el poder, se encargó de avanzar en las reformas que necesitaba la economía española y en dotar a la política económica de la credibilidad que necesitaba (lo que consiguió con creces, como prueba el hecho de que los tipos de interés del bono español llegaron a estar por debajo del del bono germano, cuando Alemania estaba y está considerada como el país más solvente de Europa). Ahora, con un Zapatero que insiste en dar la espalda a la crisis, la política económica patria ha vuelto a caer en el descrédito más absoluto, suscitando muchas preocupaciones acerca de la solvencia de un país con el déficit exterior más abultado de todo el mundo desarrollado y con un déficit público que no para de engordar a pasos agigantados.

Lo que dice Die Welt, en el fondo, es lo que probablemente piensa el Gobierno alemán pero no puede decir directamente so pena de crear un serio conflicto con España. Sin embargo, el rotativo alemán tampoco es el primero en expresarse en esos términos. Hace dos años ya lo hacía el Financial Times cuando, en un artículo, sugería que España tendría que abandonar el euro como consecuencia tanto de su fuerte desequilibrio exterior como de su persistente diferencial de inflación con la UE, y volvió a la carga este año con su tristemente famoso artículo sobre los PIGS. O sea, la cosa se veía venir de lejos y por más que unos y otros advertían a Zapatero de que había que hacer política económica y aprobar reformas estructurales, éste siguió en sus trece y, al sembrar esos vientos, ahora empieza a recoger estas tempestades. Lo último que necesita en estos momentos la economía española es que se ponga en cuestión la solvencia del país y su pertenencia al euro. Y eso sólo se desactiva mediante una política económica ortodoxa, firme, acorde con la situación actual y con un liderazgo político que, hasta ahora, Zapatero no ha ejercido, por mucho que las campañas de marketing de los socialistas se empeñen en tratar de convencernos de lo contrario.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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