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'Obamanomics'

Si quiere resolver los problemas socioeconómicos de su país, Obama tendrá que dar un giro de ciento ochenta grados a sus postulados económicos.

Emilio J. González
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Barack Obama ha conseguido la confianza de los votantes estadounidenses para seguir en la Casa Blanca durante un segundo y último mandato, en el que va a tener que afrontar desafíos económicos menos espectaculares pero tanto o más importantes que aquellos con los que se encontró hace cuatro años, al llegar al poder.

Estados Unidos ha conseguido dejar atrás la crisis financiera derivada de las hipotecas de alto riesgo, pero lo que ahora se tiene que plantear es de qué forma crear los puestos de trabajo necesarios para que vuelvan al mercado laboral aquellas personas que se fueron al paro como consecuencia de la crisis. En este sentido, Obama apostó por las energías renovables, pero su estrategia no ha conseguido vaciar los comedores de caridad, a los que acuden cientos de miles de estadounidenses sin empleos, ingresos ni patrimonio.

El problema fundamental es que, en el mandato que está a punto de terminar, el presidente de EEUU ha dado por completo la espalda al mundo de las empresas; no parece haber tenido en cuenta que sin empresas el país no podrá superar sus dificultades. Las nuevas tecnologías pueden hacer ricos a muchos, pero no generar empleos para quienes carecen de la formación y las capacidades intelectuales necesarias para trabajar en ese campo. Estas personas necesitan empleos en sectores más tradicionales, que son los que Obama ha dejado desatendidos a causa de su estrategia de demonizar a las empresas y los empresarios y culparles de los problemas económicos y, sobre todo, sociales del país. En este sentido, Obama ha optó en su primer mandato por una política económica muy izquierdista que no le ha servido para resolver el problema del paro.

En cambio, a lo que ha dado lugar la Obamanomics es a una situación fiscal insostenible. El presidente colocó el gasto público durante su primer mandato en unos niveles muy elevados, no solo por las operaciones de rescate del sistema financiero, también y sobre todo por la extensión de programas sociales con cargo a los fondos públicos. El resultado es un sector público muy grande que se financia con impuestos muy bajos, lo cual constituye una situación insostenible en el tiempo. Por ello, si Obama quiere seguir con sus planes de extensión de lo público, no tendrá más remedio que subir los impuestos; pero si lo hace castigará aún más a la clase media, y en especial a las pequeñas y medianas empresas, con lo que retrasará la recuperación económica y del empleo. Por otro lado, si opta por una política de déficit presupuestario, dejará sin financiación al sector privado, con lo que el resultado final será el mismo.

Así las cosas, si quiere resolver los problemas socioeconómicos de su país, el presidente reelecto no tendrá más remedio que dar un giro de ciento ochenta grados a los postulados económicos de su primer mandato.

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