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VENEZUELA

Discurso de un desaforado

El pasado día 23, otra vez Chávez puso de manifiesto su incontinencia verbal frente a un público de adictos y amenazados, que deben soportar sus invectivas contra todo lo que se oponga a sus designios totalitarios a pleno sol, de pie durante horas y, claro, disfrazados de colorado, para mostrar lealtad absoluta y verticalismo a ultranza.

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Mientras el país se cae a pedazos, el bufón del Orinoco se prendió del micrófono para una extenuante y deshilvanada perorata a los alaridos, repleta de adjetivos de baja estofa pero sin vestigio alguno de argumentación.

Sería realmente cómico si no fuera dramático para los pobres venezolanos que mantienen su sentido de la dignidad y la autoestima, pero su catarata de frases entrecortadas es digna de lo mejor de Woody Allen. Veamos sus conceptos centrales, si es que puede denominarse conceptos a esa tremendamente agitada verborragia de saltimbanqui.

Cantó "El que no brinca es un yanqui", y dijo que en ese preciso momento inventaba una nueva letra a la que habría que poner música: "El que no estudia historia es un escuálido". A continuación relató la historieta más desopilante sobre Venezuela; cayeron en la volteada todos aquellos que defienden la libertad, y pretendió incluir en sus andadas hasta a Francisco de Miranda, personaje liberal y antisocialista por excelencia.

Quienes no comparten esta historia incurren en el pecado de la ignorancia o son malvados como la derecha de la Asamblea Nacional, (...) no entendieron lo que allí dije en mis siete horas de disertación última, por eso la próxima vez hablaré catorce horas.

Ah, aprovechó para promocionar unos teléfonos "producidos en China comunista y ensamblados en Venezuela";

para todos los que los quieran, incluso para los contrarrevolucionarios.

Acto seguido, este curioso paquidermo vestido con los colores de la bandera comenzó otro canto: "Volvió, volvió la democracia"; por eso –continuó– será elegido nuevamente en diciembre de 2012,

y seré presidente hasta el 2019, que ya me retiraré.

Pero como el público empezó a decir: "No, no, no", manifestó estar dispuesto a reconsiderar la idea y seguir al mando.

Después mostró un folleto en el que se recogían cinco líneas estratégicas para la "República Bolivariana de Venezuela"; líneas que había pensado "especialmente de madrugada": "Son las modestas reflexiones de un soldado que piensa", aseveró.

La primera de esas cinco líneas tiene por eje "la militancia socialista contra los capitalistas y la burguesía", en la que ha de implicarse todo el mundo, desde "pescadores y pescadoras" hasta los "intelectuales orgánicos". La segunda hace alusión a "la poderosa máquina del partido socialista", para que no solo lo sea en lo relacionado con las elecciones, sino que se constituya en "un movimiento fuerte activado todos los días (...) en patrullas, comandos y células". La tercera tiene por meta que el socialismo se convierta en "un poderoso camino de propaganda, agitación y comunicación". La cuarta quiere que el partido socialista "sirva a la construcción del poder popular (...) al calor de las luchas populares". La quinta sirve de síntesis:

Como resultado de los cuatro puntos anteriores se producirá un gran huracán bolivariano por todas partes, que será un huracán huracanado, el huracán de la patria.

Clamó que se mantendrá en el poder para defender al pueblo con la gracia de Dios, "encarnado en Cristo Redentor".

Por eso sé que ganaré en diciembre de 2012, ya que la democracia es al socialismo lo que el oxígeno para el mundo (...) El socialismo es la idea de Cristo hecha realidad.

A esas alturas le pareció oportuno hacer otro anuncio:

Mañana firmaré la resolución por la que se condonan todas las deudas a los que han perdido sus cosechas por la inundación;

e invitó a los presentes a que dijeran a grito pelado cuáles eran sus problemas de impago. Pero como no escuchaba, ante el griterío ensordecedor, que iba en aumento, inmediatamente ordenó a uno de sus lacayos:

Teniente, haga cadena con otros camaradas y dígame qué dicen;

y como los servidores públicos se demoraban, el comandante con rostro severo exigió eficiencia; y cuando se enteró de algunos de los múltiples problemas que aquejaban a los integrantes de la audiencia cautiva, que comenzó a entusiasmarse con reclamos variopintos, optó por cortar tan peculiar diálogo y decretar "soluciones": básicamente, que no pagaran lo que debían, a lo que sus secuaces respondieron con sonoros aplausos y cánticos estúpidos, siempre fabricados al son de rimas maltrechas.

Sería muy largo el consignar todas las imbecilidades, sandeces e incoherencias del dictador caribeño, quien terminó su regadera con un escalofriante y nada halagüeño "¡Socialismo o muerte!".

 

© El Cato

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