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HISPANOAMÉRICA

Ecuador pasó la raya

Cuánto diera cualquier nación de la Tierra por tener en sus manos algo que se pareciera a los computadores de Raúl Reyes. Incluso para las que nada tienen que ver con las FARC ni con ese tenebroso personaje, se trata de un material precioso de investigación y análisis.

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En la operación Fénix no solo se dio de baja a un pavoroso delincuente; es que por obra de nuestras Fuerzas Militares apareció ante nuestros ojos la trama completa del terror. Cómo se financia y se propaga. Cómo establece, mantiene y extiende sus relaciones internacionales. Cómo se filtra en la clase política, para mimetizarse como movimiento subversivo. El número y la condición de sus simpatizantes, sus mecanismos de difusión, sus métodos de acción, todo estaba en esos inapreciables computadores, que se salvaron hasta de un bombardeo.

De todo, menos de la ineptitud proverbial de este Gobierno, en lo demás el mejor que tuvo Colombia, para conducir las relaciones internacionales. Para ganar favores que nadie le pide y para disminuir odios que por gratuitos quedarán intactos, el presidente cortó pedazos de una pieza única, para regalarlos a los sospechosos de complicidad con el terrorista, y lo demás lo condenó al silencio y al olvido.

Los computadores de Reyes se debieron poner a la luz tan pronto como la Interpol garantizó su autenticidad. Nadie hubiera podido dudar de su contenido ni hubiera puesto en duda la legitimidad de su uso. Que hubiera sido inapreciable para todos. Condenarlos a la sombra fue un error fabuloso del que nos doleremos siempre. Porque la mafia es la misma aquí y en cualquier parte. Porque la perfidia no tiene límites geográficos ni la pasión por el dinero y el poder cambia con los dos grados de latitud de los que se quejaba Pascal. Los bandidos son siempre los mismos, y con el alma de Reyes quedaba al desnudo el terrorismo universal.

Terroristas de las FARC.La operación Fénix fue un acto de legítima defensa colombiana. Los asesinatos de nuestros soldados en Teteyé, las voladuras de nuestro oleoducto Transandino, las extorsiones y los secuestros, la siembra de minas, las masacres cometidas contra nuestros compatriotas por los bárbaros que pasaban cómodamente la frontera con el Ecuador hubieran bastado como causa de una acción internacional contra el gobierno de Correa. Todo lo soportamos en inexplicable silencio. Hasta que un día tuvimos la irrepetible oportunidad de atacar el campamento madre de esos desalmados enemigos de nuestra tranquilidad.

La operación Fénix fue gloriosa, impecable, magnífica. Pero resolvió el presidente Uribe convertir los computadores de Reyes en dispensadores de mercedes para los cómplices de las FARC, para suplicar su benevolencia o su amistad, que no son cosas que se suplican, y perdimos la más extraordinaria de las oportunidades y el más preciado de los instrumentos.

La insolencia del Ecuador no tiene límites. Tratar al ministro Santos como a un delincuente internacional no es un error judicial. Es una vulgar agresión contra nuestra dignidad de pueblo libre y respetable. En eso fueron a parar las zalemas y los abrazos con Correa, un resentido furibundo capaz de todo. Hasta de tamaña barbaridad.

El presidente Uribe tendrá que manejar este caso con la firmeza que hasta hoy no ha mostrado en las relaciones internacionales. Sin medir riesgos ni costos. Si dar de baja a un criminal de esta laya es un delito, estamos perdidos. Por eso, sin que Santos nos denuncie el pleito, lo tomamos como propio. Correa tendrá que entender, más pronto que tarde, que Colombia es paciente, pero no amilanada ni cobarde.


© AIPE

FERNANDO LONDOÑO HOYOS, ex ministro colombiano de Interior y Justicia.
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