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DESDE JERUSALÉN

Mahmud el herbicida

Hace casi una década la teocracia islamista iraní propuso en la ONU el Diálogo entre las Civilizaciones, que abarca en su visión el permiso europeo para que su régimen destruya Israel y a los judíos. El Gobierno español adoptó el estandarte de ese amable diálogo cuando el presidente ZP lo expuso ante la 59ª Asamblea General de Naciones Unidas (21-9-04).

Gustavo D. Perednik
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Para Occidente, un objeto del coloquio civilizador es el libre debate de ideas, lo que los ayatolás entienden por su parte como la islamización del orbe, y Europa a su vez resuelve la sutil diferencia de enfoques con la explicación de que la diversidad cultural admite variadas exégesis, que la globalización no tiene fronteras y que lo importante es dialogar y consumir petróleo.
 
Otro motivo dialogofílico factible de múltiples interpretaciones es el objetivo principal del intercambio: combatir el terrorismo, que para Occidente supone impedir que sigan colocándose bombas y para los ayatolás, jeques y osamas significa que se destruya Israel, ya que después de todo somos "el árbol pútrido a punto de ser eliminado por una tormenta islámica", según ha declarado Mahmud Ahmedineyad (15-4-06).
 
En efecto, ante una masa enardecida en Teherán, el presidente iraní reiteró, para que a ninguno le quedaran dudas salvo a la UE, que Israel "está encaminado a su exterminio (…) Creedme, Palestina será pronto liberada". Pero los europeos ven con buenos ojos el dialogofílico sendero, y para no trabarlo sugieren hacer caso omiso de desvíos menores que alguna de las partes dialorrágicas pudieran enunciar, acaso debido a un error de traducción o a una descontextualización de la diversidad cultural.
 
Lo importante es que desde Europa se timonee con eficacia dialogocéntrica el itinerario hacia la paz, mientras a Mahmud lo felicitan en Teherán los líderes del nuevo Gobierno palestino por el hecho de que haya enriquecido el uranio (nunca al empobrecido pueblo iraní) y de que esté por obtener el armamento nuclear que le resulta indispensable para dialogar.
 
El mismo día arbolado de Mahmud, el cabecilla del Hamas Khaled Mashaal (que acaba de entrevistarse con Al Qaeda y fue motivo del último video de Osama) anunció en Teherán que "los palestinos nunca aceptarán la existencia de Israel" y que recibirán una vasta remesa de la potencia coránico-petrolera.
 
El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad.Esta vez las glosas correspondieron a la presidente de la asamblea europarlamentaria para el desarrollo, Louisa Morantini, quien pedía profundizar: en realidad el Hamas sí reconoce a Israel, aunque el pícaro sea renuente a admitirlo, y la prueba está en que el jefe islamista confesó en un rapto de sinceridad a la Morantini que desea que Israel evacue territorios. Y vale que finjamos entender para no ser expulsados del diálogo debido a nuestro aferramiento a un pasado de lógica ya superado por el diálogo.
 
Europa ofrece su cooperación y anhelo de paz a Irán, que a un tiempo anuncia haber alistado 40.000 suicidas dispuestos a lanzarse a frenar el terrorismo. En el paraíso ayatolar no es difícil conseguir personas dispuestas a inmolarse, síntoma que los dialogólogos explican por el hecho de que la pobreza arrastra al suicidio, y a no asustarse, porque apenas las civilizaciones conversen mucho y se les anulen de este modo las inequidades económicas habrá paz y alegría.
 
Nuevamente los legos maniobramos para no ser eliminados del torneo dialogométrico y procedemos a ocultar el críptico dato de que los países más terroristas (Irán y Arabia Saudí) son precisamente los más opulentos. Contritos, intuimos que en nuestra mediocridad dialogolar se nos escapa que en rigor la riqueza no consiste en petróleo sino en perorata, y ésta precisamente nos obsequiará sosiego, y entonces todo quedará claro. Mientras tanto, que nadie ose detener a Irán, porque será condenado por su atropello yanqui-sionista contra un país soberano y dialoguero.
 
Para transformar el diálogo en realidad Kofi Annan estableció un grupo de personalidades que incluía al presidente de Irán, y el diálogo proseguirá mal que le pese a las personas. El premier turco, Recep Erdogan, lo patrocina, la Liga Árabe lo respalda, y el primer ministro Tony Blair se suma.
 
Entre Job y la fumigación
 
Una perla de la sabiduría hebrea es el libro bíblico de Job, cuyos dos capítulos finales cuestionan la impertinencia humana de quienes, en la metáfora sapiencial, "confunden el bronce con árbol pútrido". A alguien podría ocurrírsele la herética idea de que, efectivamente, la obsesión de Mahmud por el árbol no le permite reconocer el bronce, es decir el hecho de que su pútrido blanco predilecto se halla en una ciénaga pestiferísima de jeques y misóginos, de violencia familiar y rezago, de ignorancia y desigualdad, de venalidad y represión, de tortura y de miedo.
 
En dicha marisma se yergue el árbol hebreo de progreso y derechos humanos, de democracia y agricultura, tecnología y medicina. Pútridas ellas, entre regímenes vergonzantes que Europa acepta calmosamente, en su capacidad dialogadense con ayatolás frustrados ante un arbusto que, después de todo, ya había puesto nerviosos a otros führers y autócratas.
 
Así quedó la sede de la AMIA.En su fuero íntimo Europa siente que una plantita no hace primavera, y la exigencia del islamismo es menos grave que la posibilidad de romper el sacro dialoguerío islámico-romano, es decir la marcha imperturbable y destructora de los ayatolás que se ha revelado desde hace un lustro, entre otros, en el New York Times (22-7-02). Que Irán estuvo detrás de los atentados en Argentina (24-3-92 y 18-7-94) se sabe desde que el agente de inteligencia Abdolghassem Mesbahi desertó a Alemania, renuente a participar en el asesinato de disidentes iraníes residentes en el exterior.
 
El atentado contra la AMIA fue responsabilidad del agregado cultural de la embajada iraní en Argentina, Mohsen Rabani, supervisado por Hamid Naghashan, de la inteligencia islamista. Nilda Garré, hoy ministra de Defensa argentina, informó de que otras fuentes confirmaron las revelaciones del desertor Mesbahi, hoy escondido, quien muy políglota las aportó en persa, inglés, alemán y francés.
 
La Interpol se negó a interrogar a los sospechosos iraníes, bien porque está haciendo traducir los datos al esperanto para que queden finalmente claros, bien porque no está dispuesta al dialogocidio.
 
Por si faltaran pruebas, a la sazón el máximo teócrata, Ali Jamenei, aprobó públicamente el atentado: la comunidad judeoargentina "es una entidad de asesinos, ladrones y malvados que sólo entienden la lógica del terror".
 
Simbólicamente, un día y medio antes de las arbóreas declaraciones de Mahmud los judíos celebrábamos en familia la ceremonia religiosa viviente más antigua de la humanidad: la noche pascual, o Séder (12-4-06), que desde hace más de tres milenios viene anualmente rememorando el fin de la esclavitud de los hebreos. Durante la cena familiar se lee el texto de la clásica Hagadá, la optimista narración del Éxodo que incluye un párrafo singular: "En cada generación se levantan para destruirnos".
 
La milenaria afirmación parece haber sido confirmada por una historia en la que desfilaron decenas de judeófobos, emblematizados en la figura del faraón: Apión e Isidoro, Antíoco IV, Teodosio y Ambrosio, Juan Crisóstomo y Agobardo, Raymond Martini, Godofredo de Bouillon, Radulph y Rindfleisch, Pedro Olligen, John Zimberlin y Federico de Meissen, Juan Capristano, Lutero, Dühring, Lagarde, Pobedonostev, Max Régis, Hitler, Saddam, Osama y otros motivados para el exterminio de los judíos.
 
También Mahmud aspira a fumigar el Oriente Medio, mientras Europa le dialoga en aras de la paz.
 
 
Gustavo D. Perednik es autor, entre otras obras, de La Judeofobia (Flor del Viento), España descarrilada (Inédita Ediciones) y Grandes pensadores judíos (Universidad ORT de Uruguay).
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