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PERÚ

Una matanza incomprensible

La reciente matanza perpetrada en la selva peruana, con un saldo de más de 30 muertos, es un hecho que indudablemente quedará entre los más negativos del segundo gobierno del presidente Alan García. Los actos de barbarie cometidos por los indígenas (degollaron y quemaron sin piedad a los policías) han sido tan o más sanguinarios que los que solían perpetrar los terroristas de Sendero Luminoso.

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Todo se inició porque varios de los seguidores de Ollanta Humala y extremistas de izquierda convencieron a los indígenas de la Amazonía de que los decretos legislativos dictados por el gobierno para promover la inversión en la selva iban a perjudicarlos y a despojarlos de sus tierras. Los luctuosos hechos han sido también estimulados por otras causas, como el abandono estatal de los pobladores de la zona, que viven en condiciones indignas debido a la falta de educación, vivienda, atención médica y agua potable.

La impericia del gobierno para solucionar estos problemas permitió que apareciera el líder amazónico Alberto Pizango, quien encabezó durante meses una protesta. Alan García y sus ministros fracasaron en su estrategia para debelar los actos de violencia, como el bloqueo de carreteras, que aislaron poblaciones, al creer que fatigando a los revoltosos mediante la táctica de dejar pasar el tiempo la gente se cansaría de protestar. Pero ocurrió lo contrario: se exacerbaron los ánimos. Cuando el gobierno quiso reaccionar fue demasiado tarde. La prédica demagógica ya había prendido.

Pizango se negó a negociar y, sin medir consecuencias, empujó a los revoltosos, de manera irresponsable, a agudizar las reclamaciones, cometiendo crímenes de una crueldad sobrecogedora.

Alan García.Cuando durante el mandato del anterior presidente, Alejandro Toledo, ocurrieron actos de violencia en Andahuaylas y Arequipa, García y sus compañeros no sólo lo acusaron de inepto, sino que participaron activamente en la movilización popular contra una privatización que se pretendió impulsar en el sur del país. El agitador de ayer, hoy ha recibido su propia medicina.

Uno de los aspectos positivos del gobierno de García ha sido la promoción de la inversión nacional y extranjera. Rectificación saludable, porque durante la campaña electoral el actual mandatario no se mostró muy favorable a ella; también se opuso en el pasado al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos. No obstante, es comprensible que haya ciudadanos que no entiendan este cambio, entre ellos una considerable mayoría de pobladores de la selva y la sierra de tendencia socialista. Esto se ve reflejado en el bajo nivel de aprobación que tiene su gestión en las encuestas.

Es poco probable que García recobre el control político y obtenga respaldo popular en la selva, sobre todo porque le quedan dos años en el poder. A partir de ahora tal vez administre la crisis interna con el apoyo crítico de la oposición que no es de izquierda y que desea complete su periodo. Por esta razón, el Congreso ha suspendido la vigencia de los decretos legislativos que originaron la rebelión. En el plano internacional, deberá actuar con mayor cautela: por eso seguramente no ha cuestionado el asilo –reñido con la legalidad– que ha otorgado el nicaragüense Daniel Ortega a Pizango, ni protestado con energía ante la invitación del presidente de Bolivia, Evo Morales, a los indígenas de la sierra puneña a llevar adelante la revolución.

Las secuelas de esta atroz matanza serán muy difíciles de superar. García ya empezó su cuenta regresiva.


© AIPE

PEDERO CATERIANO, abogado y consultor peruano.
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