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Federico Jiménez Losantos

¿A qué juega el PP en la Comisión del 11-M?

esa tentación que no ha inventado Rajoy porque es típica del primer aznarismo, la de "pasar página" y tragarse todos los sapos del PSOE a cuenta de un supuesto sentido del Estado que, en realidad, es una burla a la nación

Federico Jiménez Losantos
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Mal, muy mal le ha sentado el veraneo a la oposición, que no ha hecho nada en Agosto y parece medio idiotizada en Septiembre, cuando tres asuntos; la situación internacional con el terrorismo islámico más presente que nunca, los primeros datos económicos negativos sobre la economía y los rumores de que Zapatero podría verse arrastrado por sus socios de Gobierno hasta la negociación con ETA, deberían tener al PP en pie de guerra y al PSOE a la defensiva.
 
No es así, y en algo tan importante como la comisión del 11-M, Rajoy apenas oculta su deseo de dar carpetazo al asunto pese a que las nuevas revelaciones de El Mundo revelan conexiones cada vez más siniestras de los autores de la masacre con elementos de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Para mayor confusión, mientras Rajoy parece que quiere tomar el olivo, Acebes se arrima y pide más toro, porque queda mucho políticamente por torear. Y, al fondo, Gallardón, que si consigue una buena dosis de lexatin y modera su obsesión por agradar a Polanco a cualquier precio podría ser una alternativa muy seria, o mejor dicho, muy peligrosa para un Rajoy que no acaba de saber transmitir lo que quiere hacer en el Congreso, hasta el punto de que a veces dudamos de que él mismo lo sepa.
 
En todo caso, esa tentación que no ha inventado Rajoy porque es típica del primer aznarismo, la de "pasar página" y tragarse todos los sapos del PSOE a cuenta de un supuesto sentido del Estado que, en realidad, es una burla a la nación, a los ciudadanos y al Código Penal pero que tranquiliza al político profesional y lo centra en su rutina de ambiciones, empieza a estar meridiana, obscenamente clara en las filas del PP. Es más que evidente que dentro de los testimonios promovidos por el PSOE en la Comisión del 11-M para sepultar la credibilidad de Aznar y blanquear los sepulcros sobre los que alzó su imprevista victoria electoral hay un porcentaje de embusteros y perjuros harto notable.
 
Cada vez que descubre El Mundo una pieza más de ese tinglado tenebroso que permitió, si no facilitó, la masacre del 11-M y el cambio de Gobierno el 14-M, queda en evidencia alguno de los testigos llamados a declarar por el PSOE. Los que no han mentido ante el parlamento han mentido ante el juez y los hay que no han dicho una sola verdad en ninguno de los dos ámbitos. Eso que dice Gallardón en El País de que el PP no debe vivir en la nostalgia sería muy bonito si no supiéramos a lo que conduce, que es a abdicar de la búsqueda de la justicia, de la verdad y de esa decencia intelectual y moral que exigen sus electores y que merecen las 200 víctimas del 11-M y el golpismo político-mediático del 13-M. Sin olvidar las acusaciones de que el PP intentó una especie de Golpe de Estado que habría impedido el Rey en el último momento, infamia que en su día propaló tanto Almodóvar como la consejera de Interior de Maragall sin que el PP haya llevado a los tribunales a ninguno de los dos.
 
En fin, que Rajoy tiene que decidir y decidirse. Pero, de momento, ni una cosa ni la otra. Y así no puede seguir el PP.

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