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Federico Jiménez Losantos

Dejar la Moncloa no es dejar la política

Federico Jiménez Losantos
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Es posible que la macrofundación del PP, aunque concebida como think tank o artilugio pensante, no llegue a albergar ni una sola idea política, pero no cabe la menor duda de que albergará por lo menos a un político y con una sola idea: cuidar de la proyección, presencia e influencia nacional e internacional de José María Aznar López. Puesto que el presidente del Gobierno ha renunciado a identificar su ideología con la del liberalismo, como antaño, y puesto que acepta como normal que a su sombra se propaguen engendros teóricos tan siniestros como el documento de la nueva Internacional Centrista perpetrado en Mexico DF, es de temer que la fundación aznarista, rebautizada al parecer como FAES, reduzca su pensamiento a la prosa y su prosa a la fotografía dedicada. Por de pronto, ya ha dado lugar a una estafa conceptual asombrosa: que Aznar deja la política. Y que la deja para retirarse a la susodicha macrofundación, su pirámide.

La realidad es que hay probabilidades, en porcentaje incierto, de que Aznar renuncie a ser candidato a la presidencia del Gobierno por el PP en las próximas elecciones generales. Pero está tan poco dispuesto a dejar la política que ya sabemos que va a seguir como presidente del PP y de la Internacional Centrista, recreada a su imagen y semejanza. También ha dicho que seguirá como parlamentario “de a pie” y que no abandonará la primera fila en la lucha por resolver los grandes problemas nacionales. Si eso es retirarse de la política, no sabemos qué será entrar en ella. Tal vez meterse cartujo o retirarse a Yuste. Por cierto, que si después de fletar el seminario de Mayor Zaragoza la actual FAES, crisálida de la macrofundación FAES-Pirámide, sigue ampliando el estro reflexivo centrista, debería invitar e incluso contratar a Miguel Angel Aguilar, factótum de la Fundación Carlos de Amberes, por otro nombre Carlos V. Cierto que es columnista de “El País”, tertuliano de la SER y felipista vehemente, como corresponde a un asiduo de la Bodeguilla. Pero todo eso que obra en su favor. Si se prescinde de las ideas, se trata de teorizar la experiencia y ésta es esencialmente la del poder, estamos seguros de que Aguilar, en compañía de su cofrade Cándido, podría esmaltar las futuras sesiones piramidales con tanta gracia y sabiduría como el que más. No esperamos menos.

Pero dejar la Moncloa no es dejar la política. No hay sino asomarse a Felipe González para comprobarlo.

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