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Federico Jiménez Losantos

El negocio del secuestro

Federico Jiménez Losantos
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En Colombia, el negocio del narcotráfico es inseparable del negocio de la guerrilla y comparte ahora los dudosos honores de la cabecera delictiva con el boyantísimo negocio del secuestro, que es donde invierten los colombianos lo poco que les dejan los narcoguerrilleros. Pero lo que en Colombia es relativa novedad, un chapoteo más en el cenagal que administra Pastrana, en Cuba es una tradición fundacional del régimen. Todos los cubanos son rehenes de Castro, desde que el hirsuto criminal llegó al Poder para quedárselo, pero además el Monstruo de Birán tiene especial habilidad en cobrar rescate por ellos. Los dos checos secuestrados por el dictador caribeño son las últimas víctimas de uno de los pocos negocios lucrativos en la Cuba actual, administrado en régimen de monopolio por el dictador en persona.

Ya a los niños de la Operación Pedro Pan hubo que canjearlos en especie, y sobre todo a los prisioneros de Bahía de Cochinos, canjeados por diversos trebejos y bastantes millones de dólares en una de sus estafas a los Estados Unidos. Hay miles de niños secuestrados, pero de verdad, no como Elián, a los que sólo mediante mordidas suculentas y genuflexiones varias permite el régimen salir de la isla para unirse a sus padres. Y hay, en fin, presos políticos cuya libertad es periódicamente negociada por Fraga, por Mitterrand o por su bruja viuda, en términos cuyo aspecto monetario nunca trasciende, pero existe.

Ahora Castro ha dado un paso más en la ampliación de sus negocios delicitivos ingresando en el restringido club de los secuestradores de diplomáticos. También el fin último del secuestro de los dos checos recluidos en las ergástulas cubanas es el dinero. Pero en este caso no es para pedirlo, sino para no devolver lo ya cobrado. No empezó secuestrando para robar, sino robando para chantajear y así no devolver lo robado. Pero el resultado es exactamente el mismo.

Como todos los delincuentes longevos, la responsabilidad del criminal es menor que la de la situación social que garantiza su impunidad. Antes era el imperio soviético, ahora es la inmoralidad desatada de Occidente, donde pocos países recuerdan la tiranía que aún padecen mil quinientos millones de seres humanos, once de ellos en Cuba. Y uno de esos países es la República Checa. Por eso Castro puede disfrazar de guerra en Centroeuropa, esperpento retransmitido por televisión a sus súbditos caribeños, lo que no es sino un delito común: el secuestro de dos personas. Pide miles de millones. Pero es que no es un secuestro común y tampoco un secuestrador cualquiera. Es el archicriminal del siglo XX, que en el XXI amplía su negocio. Mientras le dejen, seguirá.

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