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Federico Jiménez Losantos

Golpismo por consenso

Federico Jiménez Losantos
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Si el Gobierno decidiera disolver el Parlamento, es decir, si el Ejecutivo disolviera el Legislativo, estaríamos ante un golpe de Estado. Si el Legislativo, con el respaldo del Ejecutivo, disuelve el Poder Judicial estamos ante un golpe de Estado que no por perpetrarse mediante consenso de las dos grandes fuerzas políticas es menos golpista. Pues bien, no sólo el hecho sino la doctrina del golpe se ha hecho pública y transparente en las palabras del representante del PSOE en esa vasta reforma subterránea de las instituciones que el PP y el PSOE han emprendido desde el 28 de Mayo. Quince días después de las elecciones vascas, como si en ellas hubiera perdido toda su fuerza política, Aznar se ha puesto a desarrollar el guión felipista de "La Dictadura Silenciosa".

Esta vez no ha hecho falta Pacto de los Editores ni toma por asalto de ninguna televisión: apenas algún medio de comunicación aislado ha llamado la atención sobre la gravedad de la capitulación del PP ante el PSOE en la proclamada y necesaria regeneración de la democracia. La gran mayoría de los medios aplaude entusiasmada o mira para otro lado, con un mohín de disgusto, pero sin hacer ruido y sin intentar una denuncia en serio. Algún periódico se contenta con el "no es esto, no es esto", mientras Polanko y compañía pueden decirse, casi sin creérselo del todo: "¡esto es! ¡esto es!".

Una de las ventajas que sobre la sinuosidad centrista tiene el felipismo clásico es su hipertrofia de legitimidad, que le lleva a no ocultar sus atropellos sino a jactarse de ellos. Juan Fernando López Aguilar, el Guerra de este nuevo consenso constitucionoso y anticonstitucional, ha proclamado que "el Parlamento no contamina sino que legitima" y que "el Consejo General del Poder Judicial es un órgano político que toma decisiones políticas y no es un órgano judicial". Convendría, pues, que para que nadie se confunda creyendo que todavía rige la Constitución votada por la nación española en 1978 se cambie el nombre del CGPJ por el de Consejo Particular del Poder Político, siglas por cierto, literalmente soviéticas: CCCP.

Está naciendo un Poder que se considera dueño de todos los demás y que se hace indistinto de ellos, un Poder concreto aunque ilimitado, fundado por consenso entre PP y PSOE y que no sabemos lo que tiene de Ejecutivo y de Legislativo pero sí sabemos ya que tiene como destino y como doctrina cargarse hasta la misma noción de Poder Judicial. Como éste es el único Poder que como tal proclama la Constitución es obligatorio en quien sepa leer y escribir y no carezca de conciencia cívica denunciar que lo que están urdiendo Aguilar y Acebes, o sea, Aznar y González, es un auténtico golpe de Estado permanente. Que el golpismo sea por consenso no lo hace menos grave sino más peligroso. Contra lo que dice López Aguilar, hasta ahora, el Parlamento legitimaba. Desde ahora, contamina. Y a gran velocidad. Y con el aplauso amodorrado de una opinión que está en Babia, esperando alguna concesión.



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