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Federico Jiménez Losantos

¡Gusano goebbelsiano!

Federico Jiménez Losantos
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Si Jordi Sevilla perteneciese a un partido que se hubiera significado durante los últimos veinte años en defensa de la libertad de expresión, no incurriría en disparates como el de comparar las críticas de Rato y Montoro a su proyecto de reforma fiscal y a su presunta colaboración con el servicio de estudios del BBVA nada menos que con el Golpe de Estado del 23-F. O está mal de la cabeza o simplemente desconoce los más elementales episodios de la lucha de los gobiernos españoles contra la libertad de expresión. Vamos a quedarnos con la segunda hipótesis, que es más piadosa.

El antenicidio, condenado, aunque sin consecuencia alguna, por los tribunales de justicia, es quizás el monumento liberticida más conseguido de la Era Felipista. La hazaña es superlativa: comprar la primera cadena de radio española mediante créditos políticos de un banco casi en quiebra porque era hostil al Gobierno y cerrarla, entregando las frecuencias a la segunda cadena, amiga del Gobierno. Al lado del antenicidio, incluso abrir los telediarios con la locución desde la cárcel de uno de los inculpados --luego condenados-- por el Caso GAL, es un escándalo menor. Pero hay muchos otros: el espionaje a los partidos políticos, archivado por el juez Vázquez Honrubia porque no se le permitía interrogar a Guerra y González; los expedientes del Fiscal del Estado contra "El Mundo"; el espionaje sistemático del CESID a periodistas de Barcelona y Madrid; las operaciones de descrédito, mano a mano con Polanco, contra Antonio Herrero y otros periodistas incómodos; las invectivas televisadas contra el recién fallecido Marino Barbero por intentar la instrucción del Caso Filesa, luego jibarizado por Bacigalupo. ¡Y qué decir del caso Liaño!

Sin proporción, hasta teniendo razón se pierde. Edúquese, pues, en libertad de expresión el señor Sevilla, estudiando los textos de denuncia de los atropellos felipistas. Así estará preparado para lo que puede hacer un Gobierno contra la libertad de expresión, que efectivamente es mucho. Y si Rato y Montoro le llaman "gusano goebbelsiano", lo entenderá.

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