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CÓMO ESTÁ EL PATIO

Apadrine a un político

Las críticas hacia la casta política no disminuyen ni siquiera tras comprobarse el estado de penuria económica en que está la mayoría de sus integrantes, aun cuando lleven en décadas en puestos de privilegio y cobrando sueldos que cuadruplican la media española. Jamás podríamos imaginar que esto de la política fuera tan duro.

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Las declaraciones de ingresos y bienes de los políticos en ejercicio nos dan una idea de la desgracia financiera que se abate sobre muchos de ellos tras años y años de luchar por "mejorar la situación de los más débiles". Hay presidentes de comunidades autónomas con varias legislaturas a sus espaldas que tienen menos dinero en el banco que usted o que yo (que ya es decir), y conducen coches que difícilmente pasarían la ITV. Esto último es preocupante, porque si un presidente de una comunidad autónoma, pongamos la valenciana, posee un utilitario del año 95, el peligro de cruzarte con él en la carretera no es moco de pavo, por mucha prudencia que le ponga uno a la conducción. El churrero de mi barrio tiene mejor coche que todos ellos, pero eso es porque egoístamente trinca la pasta de las subvenciones de Sebastián para cambiar de vehículo y los políticos, al parecer, prefieren no beneficiarse de aquello que ofrecen al contribuyente.

El caso de Chaves es tal vez el más notorio, pues lleva tres décadas alternando la presidencia de la comunidad autónoma andaluza con cargos ministeriales –puestos de trabajo que no están precisamente mal pagados–, pero no es el único. También está Francisco Camps, otro indigente, que si tuviera que hacerle hoy un arreglo bucal a su suegra tendría que pedir un préstamo pagadero en diez años, con los dos primeros de carencia. Junto a ellos hay otros personajes de menor proyección pública que sin el menor recato ofrecen a los ciudadanos el testimonio de su desdicha doméstica.

Algo habrá que hacer, porque el ornato de la autoridad se resiente cuando se sabe que los señores y señoras que nos representan no tienen dónde caerse muertos. Este verano, a juzgar por su situación económica, no podrán marcharse unos merecidísimos días a la playa como todo hijo de vecino. Ellos pueden soportarlo porque tienen una asombrosa y muy acreditada capacidad de sacrificio, pero sus hijos no merecen pasar todo el mes de agosto metidos en casa, sin dinero siquiera para ir a la piscina municipal.

Hagamos todos un esfuerzo solidario y repartámonos a los políticos españoles y su descendencia este verano, para que puedan disfrutar del verano como Dios manda. Total, se trata de cambiar al cuñado progre por el político progre; el cambio, de hecho, puede resultarnos beneficioso, pues el político progre podrá servirnos para entretener a los vecinos coñazo soltándoles unos ladrillazos de morirse mientras tú te tomas tu gintonic (de Hendricks, con tónica Fever Three y su bastoncito de pepino) tan ricamente en el otro extremo de la urbanización.

Y si no es posible porque la casa alquilada para el verano no cuenta con espacio suficiente, hagamos una cuestación popular para que estas criaturas puedan ver la playa al menos una semana, que el yodo de la mar es muy bueno para prevenir los resfriados del invierno y no está bien que por nuestro egoísmo los políticos descamisados y sus churumbeles tengan que estar durante los meses de frío a base de antigripales.

Si ven a alguno de estos especímenes el próximo mes de agosto navegando por la costa en el yate lujoso de todos los veranos mientras usted se achicharra debajo de una sombrilla de propaganda con un bote de cerveza poco fría, no se enfade. El barco seguro que no es suyo. Y si sí lo es, a pesar del lujo exterior, seguro que por dentro se está cayendo a pedazos.

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