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CRÓNICA NEGRA

De la intimidad del violador y otras tontadas

Precisamente ahora que el poder gallea, presumiendo de defender a las mujeres en todos los frentes, con un presidente feminista y unas féminas presidenciables, precisamente ahora es cuando se disparan los índices de delitos sexuales, sin que los encargados de nuestra defensa puedan explicarlo.

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El violador es un ser que se llega hasta el borde mismo del banquillo de acusados con la cara tapada y protegido por la fuerza pública, a fin de no enfrentarse a la sociedad y a sus víctimas.

Desde la cárcel, donde tienen desde hace cuarenta años al asesino intelectual de Sharon Tate, hace dos tardes nos facilitaron una foto de aquel chamán desmañado que jugaba al crisol de ideologías, con una esvástica en la frente. Todo el mundo ha podido ver la cara del abuelo Charles Manson, el asesino más famoso de la Tierra, sin miedo a interrumpir su intimidad, que se desarrolla en el ámbito de su celda, junto al retrete y el catre. Sería comprensible que Instituciones Penitenciarias divulgaron, de tanto en tanto, para tenernos informados, el nuevo aspecto del Violador del Ascensor, del Violador de Pirámides, del Violador del Parque del Oeste, del Violador de Fuencarral, que regalaba a su novia lo que le quitaba a sus víctimas: anillos, pulseras, máquinas de fotos; y de ese otro, de Barcelona, propietario de varias salas de fiesta, presunto abusador de niñas en sus discotecas-light.

No están juzgados, pero si sus señorías han recibido informes con pruebas concluyentes, ya es hora de que el personal les vea la cara. Si están en las cárceles, son susceptibles de ser retratados, para que todo el mundo pueda ver el abismo del rostro del violador. En especial de los abusadores de la escopolamina.

La justicia es algo público, y hay que ver la cara y las reacciones del que va a ser juzgado. En el caso de los grandes delincuentes, esto es imprescindible: la cara del fulano tiene que estar muy a la vista, desprovista de velos y maquillaje. Entren y vean cómo se disparan los delitos sexuales y cómo las juezas, que se creía iban a ser más duras con esta clase de parásitos sociales, resultan más timoratas, recatadas y respetuosas.

El violador probablemente no se atrevería a pedir a un juez varón permanecer en su presencia con la jeró velada, mayormente por miedo al corte o la bronca, en tanto que la prudencia femenina, escrupulosa y temerosa de las críticas por una excesiva dureza con los delitos de sexto, acceden a protegerlos de la prensa, de la exposición pública. Que se sepa que todo esto es perjudicial: los corderos quedan a uña y bocado de los lobos.

El delincuente dedicado al sexo teme ser reconocido, juega la baza del extranjero, del que va de paso, del que actúa de golpe; si se le reconoce, si se le ficha, si de clava su cara en un "Se busca", huye del contacto, se esconde al fondo de un cuarto oscuro y no se atreve a seguir a sus víctimas.

En estos días, el Segundo Violador del Ensanche ha sido absuelto de un delito del que le acusaba una mujer que no fue capaz de identificarlo. ¡Acabáramos! ¡Cómo lo va a hacer, si se hurta su identidad al vulgo! La única foto que circula de Martínez Singul es una tomada cuando el alcalde de Barcelona era Pascual Maragall. Con esa filmina de infante joven, le preguntaron a la víctima si reconocía al que estaba en la sala. Ella dijo que sí, por la mirada. Y entonces, muy hábiles, los abogados preguntaron que si recordaba la señora si en la citada foto aparecía Singul con gafas. ¡Y cómo quieren sus señorías que la señora se acuerde!

Le podían haber preguntado sobre los detalles de la agresión, y quizá encontrarían motivos suficientes para reconocer un estilo, un modus operandi. Sea como fuere, a Singul le perdonan por desconocido y lo devuelven a prisión... sospechoso de haber hecho lo mismo, el mismo delito del que ha sido absuelto, a otras dos señoras.

Es probable que alguien diga en serio que un tipo condenado a 37 años de cárcel por una decena de abusos y violaciones a niñas de entre nueve y diecinueve años ha cumplido su pena tras purgar sólo 16 en prisión, pero que se le permita deambular por ahí disfrazado de atracador bajo la premisa de que de esta forma se protege su intimidad es un escarnio. Porque lo íntimo, lo más íntimo, es eso que enseña en cuanto puede, rompiendo así la intimidad de las víctimas. Como en toda colisión de derechos, llévese el asunto de una vez al Supremo; y que se falle a favor de publicar las fotos de los depredadores que aprovechan los derechos fundamentales de los ciudadanos para cometer los peores delitos.

En un Gobierno donde la ministra de Igualdad cree que un feto es un alien, el octavo pasajero, hasta la semana 14, donde el presidente está a favor de que, si abortas, no se lo digas a tu padre, la Justicia podría ser algo parecido a permitir que los delincuentes sexuales salgan a la calle de improviso, comparezcan en público, tapados, para no ser reconocidos, y cuando son detenidos, por presuntos delitos, que las víctimas no puedan reconocer sus caretos; con lo que gozarán de todos los derechos para perseguir mujeres, pobrecitas, menos respetadas en su intimidad porque, aunque nadie les venda un clamoxyl sin receta, todo el mundo podrá suponer que, si tiene dieciséis años, puede haber abortado a espaldas de la familia. Lo que no deja de ser una tontada poco práctica, porque te comes el marrón tú sola, sin el consuelo ni el amor de quien te quiere, a solas con la complicidad de un Gobierno que está de paso, mientras los padres lo son de por vida.


FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.
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