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CRÓNICA NEGRA

El último de Ohio

En Estados Unidos no se corrigen, sino que van a peor. En los colegios siguen apareciendo pistoleros que un buen día apuntan un arma contra la gente y disparan. El último es de Ohio y escogió como objetivo la escuela secundaria de Chardon, con 1.100 alumnos: tres perdieron la vida mientras desayunaban en la cafetería. Cualquier día nos darán un disgusto aquí.

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Estamos tan acostumbrados a sucesos así, que la prensa de papel pasó de darlo. Solo se dio en la red, como una noticia-paréntesis, de circunstancias: T. J. Lane empezó a disparar, era estudiante de la academia Lake y poco más.

Se sabe que el criminal es un adolescente... y, repito, poco más. Es posible que sea un menor de esos a los que nadie fija criterios ni enseña valores pero sí a disparar en cuanto los destetan.

Estaban con los cereales y los donuts del desayuno, con los batidos y el café aguado, cuando empezaron a silbar las balas. En USA hay sitios donde dejan que la gente vaya armada y otros, como la cafetería de un colegio, en que no, así que el único que iba armado era el criminal, que pudo disparar a placer sobre los estudiantes, que trataron de echar cuerpo a tierra pero las balas fueron más rápidas.

El atacante fue capturado lloroso y con susto; después de la que había liado, se arrepentía, seguramente buscando comprensión y perdón. Pero no dudaron en mandarlo al juez de menores. Para que respondiera de los tres muertos y el herido grave.

Facebook echaba humo. "La zona sufre. Rogamos a Dios". La escuela ofrecía ayuda psicológica. "No somos un lugar cualquiera". El chico maleducado dejó un rastro de sangre porque el mundo no le gusta y nadie le enseñó a aguantarse. ¿Qué se aprende hoy en una escuela secundaría? ¿El asesinato es una clase práctica? El criminal no era de la escuela, y disparó a un grupo de cinco que también estaba de paso. Le espera un proceso por triple asesinato.

Cualquiera que hubiera estado atento podría haber detectado la furia asesina en Facebook. Era un chico introvertido, volcado para dentro. Hablaba de soledad, es decir, que nadie le entendía o acompañaba. Huía de sí. Suena a James Dean y rebelde sin causa. Tenía necesidad de ser reconocido. Eso de los valores ocultos que no salen a la superficie pero un ojo avisado puede detectar. En Facebook lo dejó claro: "Mueran todos". ¿Dónde estaba la ciberpolicía? ¿Es que no había nadie mirando?

Si un niñato cowboy de escuela, experto en armas gracias a su familia, pone que mueran todos es que todos van a morir. Ya se sabe. Era el momento de haberle quitado las pistolitas y la munición. Apréndanlo todos: no se dejan las armas al alcance de trastornados.

La tragedia de Chardon nos trajo a la memoria a aquellas cabras locas de Columbine, Colorado, abril de 1999. Mataron a doce estudiantes y a un profesor. Pero no hemos sido capaces de aprender nada. Ahora los asesinos se confiesan en Facebook, pero, por lo que se ve, no hay policías tomando nota.

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