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CRÓNICA NEGRA

El violador, la amenaza constante

Hay una serie de argumentos y frases hechas para el hombre de poco esfuerzo. Algunos se aplican a los delincuentes. No hace falta conocerlos. Simplemente, se echa mano de la receta.

Hay una serie de argumentos y frases hechas para el hombre de poco esfuerzo. Algunos se aplican a los delincuentes. No hace falta conocerlos. Simplemente, se echa mano de la receta.
Ocurre, por ejemplo, cuando se habla de los delincuentes sexuales, sobre todo cuando se trata de violadores. Hay que juzgarlos con dureza, condenarlos a varios siglos –aun sabiendo que no cumplirán más de veinte años– y, una vez ajustadas las cuentas, asunto resuelto.
 
El Segundo Violador del Ensanche ya está en la calle, y los amigos del poco esfuerzo hablan de respetar incluso su honor y su intimidad. Ha salido con una insólita advertencia de la Generalitat catalana, que considera que no está reinsertado. Esto supone un riesgo inadmisible para la sociedad.
 
Este hombre que acaba de quedar en libertad, tras 16 años a la sombra, solía acosar a y abusar sexualmente de niñas. Podría volver a hacerlo, advierten desde Instituciones Penitenciarias. Y si lo hace, ¿quién es el responsable? Nadie. Las instituciones saben de su peligro, incluso lo han advertido, pero las leyes vigentes no permiten hacer nada. Incluso velan por la intimidad y el honor del "hombre nuevo" que ha "pagado" su "deuda social". Esto es muy relativo: en primer lugar, fue condenado a 60 años pero sólo ha cumplido 16; y luego está el hecho de que sigue siendo, potencialmente, un violador. Y las potenciales víctimas tienen las manos atadas.
 
Hay países en Europa donde los delincuentes sexuales figuran en un registro, se les tiene localizados por GPS, deben declarar dónde residen y presentarse cada cierto tiempo ante las autoridades. Hay países que contemplan en sus códigos penales la ampliación de las condenas si se duda de la rehabilitación de los reos, algo que ocurre con frecuencia. España sigue siendo en todo esto un país atrasado, sumido en la progresía trasnochada del siglo XIX, volcado en la protección de los derechos de los delincuentes y no tanto en la protección de los derechos de las víctimas.
 
En el caso de los violadores, tenemos ejemplos para aburrir: hay quien ha salido un fin de semana y ha asesinado a dos mujeres policías, hay quien ha "cumplido" su condena y ha vuelto a los abusos sexuales... No hay terapias que garanticen la resocialización del delincuente sexual, aunque hay notables intentos. El grado de reincidencia es alto. Y ahora, en el caso que nos ocupa, la propia institución penitenciaria se ve obligada a advertir a la opinión pública de que la cosa pasa de castaño oscuro.
 
La Generalitat ha actuado de forma diametralmente opuesto a como lo hizo en un episodio anterior, igualmente estrambótico. Cuando salió a la calle el Primer Violador del Ensanche, López Maillo, que cumplió sólo 14 años y 8 meses pese a que recibió una condena de siglos, no sólo no se advirtió a nadie sobre si estaba o no reinsertado, sino que trataron de ocultarlo a la prensa, en la esperanza de favorecer la reinserción.
 
López Maillo resultó un experimento fallido: mientras la Generalitat ocultaba el lugar donde trataba de recuperarse, cayo presa de una feroz enfermedad que le dio muerte en muy poco tiempo.
 
Ahora, la Generalitat no sólo no ha ocultado la excarcelación del Segundo Violador del Ensanche, es que lo ha señalado con el dedo: ojo, que ahí va eso. Tal vez por si una recaída, a pocos días de las pasadas elecciones municipales, tenía efectos políticos. Como se ve, una medida de cortos vuelos.
 
En la cola para salir están el Violador del Valle Hebrón, otro maniaco de aquí te espero, del que se dice que obligó a algunas de sus víctimas a vestirse y desnudarse varias veces para abusar de ellas repetidamente; el violador y asesino de las niñas de Alcácer, el de la niña Olga Sangrador, el Violador de Pirámides... y así, una larga lista de grandes criminales a los que, si cumplen el tiempo estimado por la aritmética penitenciaria, muy variable, se les da por curados socialmente. Esto es lo peor: que nadie garantiza que no volverán a las andadas.
 
Hay salidas de pederastas y desapariciones de niños. Quizá puedan establecerse alguna relación entre ambas cosas. En otros países se ha probado que sí. También en nuestra historia criminal, aunque esto no haga reflexionar al legislador.
 
En nuestro ordenamiento jurídico se da por hecho que las cárceles reinsertan automáticamente a los delincuentes, que cuando salen recuperan sus derechos. Hay que destacar lo del honor perdido del violador. ¿Tiene un violador de niñas el honor renovado por el hecho de haber pasado un tiempo, a veces largo, en la cárcel? En teoría, sí. Por ejemplo, si una asociación de vecinos hiciera pública su foto y la pegara por las paredes, con la intención de alertar a todos, podría ser objeto de una demanda civil por intromisión ilegítima en el honor y la intimidad de una persona que violó salvajemente a otra. Es una situación esquizofrénica y delirante que sólo satisface el ego de quienes se creen más adelantados y tolerantes que los franceses, los ingleses o los alemanes.
 
Dado que nadie revisa las leyes que no protegen como es debido, es el momento de tomar nota de cara a las elecciones generales y no votar a quien no pueda arreglar la amenaza latente de los delincuentes de los que se presume una muy difícil reinserción.
 
El delincuente multirreincidente, sexual o no, necesita rancho aparte. Es inútil y peligroso valorar igual a todos los que vulneran la ley. Los criminales peligrosos deben ser estudiados, y, con el debido respeto a la Constitución, se ha de trabajar en la prevención de sus actos antisociales. Es una imprudencia dejar en la calle a quien puede hacer un daño irreparable, y una memez, por no decir algo peor, que las instituciones digan que nada se puede hacer contra el delincuente no rehabilitado que ha cumplido condena y no se pongan de inmediato a remediar tal situación.
 
 
FRANCISCO PÉREZ ABELLÁN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.
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