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CÓMO ESTÁ EL PATIO

La Eurocopa de los PIIGS

El comienzo de la andadura de la Selección Española de Fútbol en esta Eurocopa no ha sido muy prometedor. Lamentablemente, empatamos con Italia, cuando lo preferible era perder por la mínima, que es como comenzamos el Mundial de Suráfrica, con el feliz resultado que todos recordamos. Pero es que entonces jugábamos contra Suiza, rocosa, hierática, aunque cada vez más laxa en el necesario secreto bancario, y en esta ocasión nos ha tocado empezar, ya digo, con la Bota, un acreditado miembro del club PIIGS, condición que también acreditó en el terreno de juego.

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Las bolas calientes de la UEFA –o frías, porque hay quien dice que las que quieren que salgan las meten antes en un pequeño congelador– han hecho que la mayoría de los PIIGS queden encuadrados en el mismo grupo, el nuestro: España, Irlanda e Italia; mientras que Portugal y Grecia, los otros dos miembros de tan selecta asociación, andan a lo suyo en otros grupos; hasta que caigan eliminados: el primero en cuartos y el segundo, probablemente, ya en la primera fase.

Téngase en cuenta que las últimas dos Eurocopas han sido ganadas por Grecia y España, y en una tesitura mundial de crisis aguda, cuya culpa parece recaer solamente en los PIIGS, no le pareció a Platini muy razonable desperdigar a los responsables del desastre común en distintos grupos, lo que aumentaría la fatal probabilidad de que de nuevo uno de ellos acabase llevándose el gato al agua. Con la amenaza española, que a poco que Del Bosque entre en razón y deje a Torres en el banquillo puede convertirse en exitosa realidad, los centroeuropeos tienen más que suficiente.

Esto de ser una vergüenza en lo económico y la envidia del mundo en lo futbolístico es una sensación rara; no porque no se suela darse, sino porque es la primera vez que nos pasa. Brasil y Argentina son países acostumbrados a liderar las competiciones mundiales de fútbol mientras su desempeño económico y social es más bien lamentable; España, en cambio, nunca ha estado tan mal como país ni tan bien como selección. Lo bueno es que al menos no estamos como los argentinos, que al desastre en sus finanzas añaden la irrelevancia más absoluta con el balón en los pies. Todavía hay a quien le va peor.

¿Es bueno para España ganar la Eurocopa ante las barbas de la mismísima Alemania, la otra favorita, de cuyo Gobierno depende nuestra salvación? ¿Qué ocurrirá con la prima de riesgo si Iker Casillas levanta de nuevo el trofeo de campeón? Son preguntas que conviene hacerse para plantear una estrategia correcta en lo que queda de campeonato, no vaya a ser que por hacer felices un día a los aficionados al fútbol jodamos al país entero para una década. La buena educación exige no unir fútbol y política –miren a los nacionalistas–, pero, por si acaso, una cierta dosis de prudencia deportiva no nos vendría mal.

A favor de seguir disputando la Eurocopa con afán de chorrear a todos los demás sin temor a las represalias germanas juega el hecho de que los prusianos tienen una mente cuadriculada capaz de situar cada problema en el ámbito que realmente le corresponde. A eso hay que añadir que casi todos los goles que lleva marcados Alemania los ha materializado el hijo de un paisano de la Alpujarra granaína de apellido Gómez. No obstante, por si acaso, sólo por si acaso, la Selección debería ser muy prudente esta vez y no abusar de los rivales como hizo con Irlanda ayer, porque a los rescatadores no les gusta que los rescatados les tomen por idiotas.

Como ven, todo se reduce a una cuestión de equilibrio: por un lado levantar la Eurocopa y por otro bajar la prima de riesgo. Ahí lo llevas, Vicente.


twitter.com/PabloMolinaLD

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