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CRÓNICA NEGRA

Quince años en blanco, y luego...

Solo unos días atrás, en La Coruña, los familiares de una joven desaparecida hace quince años recibieron una noticia sorprendente y tal vez inesperada: el antiguo compañero sentimental de la chica era detenido y encarcelado bajo la imputación de haber contribuido a la desaparición de la misma. Días más tarde todo quedaba en agua de borrajas.

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El sospechoso fue puesto en libertad con una frase escasamente reparadora: "Ni ahora ni hace quince años" había "motivos bastantes" para mantenerlo en prisión.

Sé que los políticos están muy ocupados buscándose las judías en las elecciones inminentes, pero el deterioro de la justicia es tal, que alguien debería dedicarse a ello. No es solo que la justicia sea víctima de la ideología feroz, es que está lastrada por la falta de eficacia y profesionalidad.

Seguro que en el escrito por el que metieron a este individuo en prisión se explicaban las imputaciones; pues bien, en general, de una mirada se sabe, si se tiene la preparación necesaria, si procede adoptar tan grave medida. En este caso, alguien decidió encerrar al presunto... y sólo unos días más tarde la Audiencia Provincial tuvo que ponerlo en la calle, eso sí, con cargos y la obligación de presentarse cada quince días en el juzgado. Hace años, Pedro Pacheco, alcalde a la sazón de Jerez, dijo que la Justicia era un cachondeo; ahora quizá diría que la cosa no ha cambiado para mejor.

Tanto tiempo rogando, vigilando, exigiendo, y la pesada maquinaria no hace más que mostrar nuevos casos escandalosos que desprestigian el ejercicio judicial.

La desaparición que nos ocupa en este artículo es la de la joven María José Arcos. En España hay 14.000 desaparecidos de larga duración. Por lo general, no se vuelve a saber de ellos. La despreocupación de los políticos por los asuntos de seguridad clama al cielo. Vamos a ver cuánto tiempo dedican a debatir sobre lo que necesitamos para estar más seguros, porque últimamente parecen haberse olvidado de que esto es lo más sagrado. Deben de estar satisfechos con el estado de la cuestión, porque no parece que se esfuercen en mejorar, por ejemplo, la forma de buscar a los que faltan de su casa.

María José desapareció en Galicia en agosto de 1996. Desde el primer momento hubo sospechas de que podría estar implicado uno de sus amigos, del que había sido pareja. Pero no había mayores indicios ni pruebas. Resulta increíble que, quince años después, con prácticamente las mismas imputaciones, se proceda a la detención y encarcelamiento del viejo sospechoso, cuando aquellas conjeturas entonces no fueron suficientes.

¿Qué pasó con María José Arcos? No sé sabe. No se ha avanzado nada: no hay testimonios, restos, confirmación de ninguna clase. Aunque se cree que está muerta. Pero nadie ha podido probar el asesinato. Normalmente, cuando la familia de un desaparecido cree que su ser querido ya no está entre los vivos, acierta. También muchas veces acierta cuando señala a un sospechoso, pero es preciso decir que no basta con la sospecha, sino que hay que probar la acusación. Y si no hay pruebas, no hay cargos.

Sea como fuere, es increíble que pasen quince años prácticamente en blanco y que al cabo de tanto tiempo se meta la pata hasta el corvejón. Todavía es más increíble que el Consejo General del Poder Judicial, CGPJ, no dé explicaciones; que no explique, por ejemplo, qué hace para reducir el estruendo de estos casos disparatados, ni intervenga de urgencia en casos que producen vergüenza ajena, para asegurarse de que se cumple la ley y –por ejemplo– nadie va a la cárcel por simples habladurías, chismorreos y suposiciones.

Un individuo contra el que no hay pruebas es inocente, mientras no se demuestre lo contrario, y eso hay que respetarlo; por mucho que se trabaje con leyes que no permitan hacer mejor la labor encomendada. Si las leyes no sirven, deben cambiarse; mientras tanto, hay que cuidar de que se cumplan.

Cabe la posibilidad de que después de los comicios impliquen en todo esto a alguien competente. Permaneceremos atentos, para ser los primeros en felicitarnos.

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