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El ministro y la Policía de Rubalcaba

La estructura policial que ha fallado es la que organizó el Gobierno Rubalcaba, la Policía del Dedazo. Sin embargo, el actual ministro se esfuerza en tapar el agujero y habla de un simple error científico.

Francisco Pérez Abellán
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Ocurren sucesos horribles que no se acaban de resolver, como las desapariciones de Marta del Castillo y los hermanitos de Córdoba. En este último caso, gracias a un informe encargado por la madre de los críos, nos enteramos de que, frente a lo que decía un desafortunado informe de la policía científica, los huesos calcinados encontrados en la finca de Las Quemadillas a las pocas horas de desaparecer aquéllos son huesos humanos.

La bomba es que la noticia es del día 17, pero no se filtró hasta estos finales de mes, quizá para que los prebostes implicados descansen en paz hasta que vuelvan al tajo. Como en cualquier otro país bananero.

Han tenido que transcurrir diez meses para que la investigación, que había entrado en un callejón sin salida, dé un vuelco y un salto adelante. Gracias a la verdadera investigadora del caso, la que nunca ha perdido la fe ni el coraje: la madre de Ruth y José.

La estructura policial que ha fallado es la que organizó el Gobierno Rubalcaba, la Policía del Dedazo. Sin embargo, el actual ministro se esfuerza en tapar el agujero y habla de un simple error científico. Jorge Fernández Díaz es perito industrial e inspector de trabajo; es decir, que salvo que tenga buenos asesores, ignora todo sobre investigación criminal y escena del crimen.

En el caso de Publio Cordón se le ha oído repetir la versión del grapo Silva Sande, más que probable secuestrador y asesino de Publio, eso de que resbaló en el tejado por el que escapaba y cayó al suelo, y Silva Sande y sus compinches dudaron en "si llevarlo a urgencias". Tiene narices que esto lo diga un ingeniero industrial. Mire, ministro: no conozco ningún secuestrador que lleve a urgencias a un secuestrado, y menos uno como éste, que aun con el secuestrado muerto esperaba sacar de su familia 400 millones de pesetas. Y de hecho los sacó.

En el caso Bretón, y defendiendo la chapuza, Fernández Díaz actúa como si le hubiera elegido un presidente continuista: quita importancia al error garrafal y dice que "el mejor escribano echa un borrón". Y que si "esto es un error científico, sólo es eso, científico". Es decir, pelillos a la mar.

Pues no, ministro. Si algún sabueso andaluz dirigió las pesquisas hasta la finca de Las Quemadillas y la hoguera, dispuso que se estudiaran los restos de la fogata y encontró huesos y dientes, estuvo a punto de resolver la cuestión. Equivocarse en el informe científico es un error de la policía científica, no sé si ve la alusión, en un momento en el que la Comisaría General Científica la mandaba otro comisario, ya cesado, que se vio envuelto en toda clase de polémicas por su desempeño.

Para aumentar la confusión, en la televisión, paraíso de la banalidad, ha vuelto el circo de los sucesos, donde todo el mundo habla de lo que no sabe. Allí, si eres psiquiatra te preguntan de huesos, por ejemplo, y llevan a abogados para hablar de investigación criminal. Y la conducción suele quedar a cargo de alguien que lo mismo te hace un concurso que un cotilleo, lo mismo una boda que una tragedia criminal. Porque se trata de que el espectador, simplemente, goce.

Aparece por primera vez en la historia de la tele un comisario general a hablar de una investigación en curso. Un cargo público que se habrían merendado periodistas independientes en dos minutos, porque sus argumentos eran tan débiles que estaban desmentidos desde la propia Policía. No obstante, ante esos preguntadores variados, prevaleció la especie de que no hay errores sino informes enfrentados; habló a los escasos periodistas presentes utilizando su nickname familiar; acabó siendo un poco el padre de todos, exhibió cierto colegueo y dio consejos sobre cómo mirar imágenes. Pero, vamos, que se han gastado diez meses inútiles en un caso que podría haberse resuelto en las primeras 48 horas.

Que quien quiso enterarse de algo, tuvo que volver a internet.

La calidad de la información es tan baja que da grima. Y mire, señor ingeniero industrial, nadie puede resolver un crimen sin ser capaz de imaginar cómo se cometió. Es falso que haya dos informes enfrentados: hay un informe erróneo, como reconoce la propia Policía, y dos de otros tantos expertos internacionales, uno en huesos y otro en dientes, ambos esclarecedores y coincidentes. Los huesos hablan más que los vivos.

Todo hace pensar que los niños acabaron allí, pero el juez quiere estar seguro y ha mandado hacer un nuevo informe al Instituto de Toxicología. Hace muy bien, ingeniero: mejor quedarse largo que corto. Pero sepa usted, para lo que le quede de ministro, que es imposible defender el dedazo Rubalcaba, que su única oportunidad para hacerlo bien es rodearse de criminólogos y otros expertos; y tenga en cuenta que tiene a su disposición laboratorios y universidades para consulta y asesoría. Olvídese de tanto corporativismo, sepa que tenemos conciencia de que hay una muy buena policía en España, pese a la influencia maléfica de políticos que elaboran el escalafón no con criterios de mérito sino ideológicos, lo que puede hacer fracasar investigaciones como la de Córdoba.

Le queda a usted hacer una buena limpia en Interior o volver a la Inspección de Trabajo, donde seguramente lo hará muy bien.

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