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Francisco Pérez Abellán

El Príncipe secuestrado

A ver, ¿no es Prim el mayor enemigo de los Borbones de todos los tiempos? ¿No los echó de España?

Francisco Pérez Abellán
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Ya saben ustedes que me dedico a la seguridad… y al crimen. Desde mi punto de vista y con cuarenta años de experiencia, el príncipe Felipe de Borbón está descuidado, poco protegido. Incluso secuestrado de la realidad, rodeado de tipos de corcho y mollera de polispán que en vez de protegerlo lo tapan, lo equivocan. Por eso un tipo malintencionado puede abordarlo en público e incluso ofender a todo lo que representa ante el tancredismo de la Casa del Rey y de la sucursal del Príncipe. Como bien dice Federico, los que rodean al Rey y dirigen su casa civil son republicanos. De Spottorno para abajo, todos fanáticos radicales, digo yo…

Y los que le han convencido de que acepte la presidencia de honor de la última reunión informativa para la celebración del bicentenario de Prim 2014 también se aprovechan de este extraño secuestro de periodistas de pesebre, diplomáticos incapaces, estrategas del tres al cuarto y pensadores de pitiminí, poniendo a su alteza real en el filo del más espantoso ridículo. La mala gestión de la monarquía empuja vertiginosamente a la nación hacia la república. Más claramente: a un conjunto de repúblicas.

A ver, ¿no es Prim el mayor enemigo de los Borbones de todos los tiempos? ¿No los echó de España? ¿No dijo que jamás, jamás, jamás volverían mientras él estuviera? ¿Qué hace Felipe de Borbón presidiendo la ceremonia del recuerdo? Una cosa es que hayamos descubierto, con regocijo y de forma científica, que los Borbones están libres de cualquier salpicadura de la sangre de Prim, y otra muy distinta que el heredero presida los actos en honor del verdugo de sus antepasados. ¿Acaso ha pedido Prim que lo perdonen? ¿Se ha arrepentido de la Gloriosa? ¿Ha renunciado al rey Amadeo que él impuso? Para Felipe, presidir una junta del año de la celebración Prim es una incoherencia y quien se lo ha ofrecido le ha hecho un regalo envenenado.

La semana pasada nos vimos sorprendidos porque la Asociación Bicentenario Prim 2014, llena de ignorantes de Prim, como tengo denunciado, capaz de haber encargado el informe Perea a la desprestigiada Escuela de Medicina Legal de la Complutense, el peritaje forense que avergüenza desde entonces a toda la profesión médica, asociación a la que no me canso de corregir y rectificar en cuantas inexactitudes y falsedades dicen o escriben, de forma peregrina, en el monasterio de El Poblet, provocó que su alteza real presidiera una de sus insulsas sesiones. Prim era antiborbón, como en la bicentenario debieran saber, si no hubieran dado pruebas de lo poco que saben. Una cosa es que pasado el tiempo, la monarquía constitucional contemple con mirada tolerante la conmemoración y otra que el heredero presida la reunión de la Asociación Bicentenario, gestionada por el vinatero Pau Roca. ¿Pero quiénes son estos insensatos que le hacen tan flaco favor?

Son los que vengo señalando con el dedo: María José Rubio, heredera de los aceites Toledo, propietaria de objetos comprados en almoneda de Prim, escritora que se pelea con escaso éxito contra la sintaxis y escribe en Twitter como una analfabeta que ojalá no "me se pegue lo de España", olvidando que las semanas son antes que los meses; el ex general Luis Alejandre Sintes, del Yak 42, cesado con deshonor, según las víctimas, por haber enterrado sin identificar a los soldados españoles, José Bono ex ministro socialista que extrañamente fue el que cesó a Sintes, el ex ministro José María Michavila, miembro del Consejo de Estado y licenciado en Historia Contemporánea, que ha publicado en El Mundo que Prim fue el primer y único catalán presidente del Consejo de Ministros, lo cual es falso, y Emilio de Diego García, que se hace pasar por catedrático de Historia de la Complutense sin serlo. Un puñado de políticos jubiletas, una rica heredera poco ilustrada, un militar destituido y un catedrático ful. Eso es todo. Aunque han añadido en uno de sus actos a Borja de Riquer Permanyer, catedrático de Historia de la Universidad Autónoma de Barcelona, que el otro día en La Vanguardia escribía, sin ciencia, que Prim bombardeó Barcelona en 1843, tras haber confundido la biografía de Baldomero Espartero con la del de Reus. Prim no bombardeó Barcelona jamás, jamás, jamás.

Todos estos han sorprendido al príncipe en El Poblet, durante su estancia de cuatro días en Cataluña, para contarle que ignorando la ciencia y los avances que se han producido, van a hacer una exposición de las mentiras del pasado añejo, unas conferencias sin nada dentro, y una obra de teatro, en conmemoración y con la compañía de Carles Tubella, el comisario del Any Prim, del Ayuntamiento de Reus, gemólogo, y uno de los grandes responsables de la confusa y escasa relevancia que está teniendo la celebración.

También hace mal ambiente el poeta garbancero José Luis García Martín, natural de Aldeanueva del Camino, Cáceres, que vive en Oviedo, del que me gustan tanto sus versos provocativos de Marineros perdidos en los puertos donde escribe con la desesperación del hombre rasgado que ama sin ser correspondido, quien critica mi libro sin haberlo leído, por hacer un favor a un ser que adora y donde se atreve a decir, entre una serie interminable de falsedades, que "no parece que" Pedrol Rius dijera en su libro que el sumario de Prim contenía "verdaderas toneladas de dinamita política", poniendo en cuestión todos mis asertos y afirmaciones, pero resulta García, pobre profesor, que presumes de que "tu importancia como crítico ha ensombrecido tu lado creativo", según te otorgas en la infame Wikipedia, que esto no se duda, sino que se comprueba, de forma que se puede mirar la obra Los asesinos del general Prim (Tebas, 1960) y leer en la pág. 29, 4º párrafo, línea 19, donde se ve lo mal intencionado que estás. García Martín, temperamental y frágil, como Jinojito el Lila, es miembro del jurado del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, desde donde contribuye a hacer la ola que confunde al heredero, y es también un mediocre profesor universitario.

Todos, excepto Bono, que opera en la sombra, y no ha abierto la boca, son los presuntos responsables del contrasentido de colocar al príncipe Felipe presidiendo la conmemoración de Prim, con lo que todos perdemos. ¿Quieren decir con esto que Felipe perdona a Prim que echó a su antepasada Isabel II de España? ¿Que no le tiene en cuenta que quiso crear una dinastía nueva con Amadeo de Saboya? ¿Cuál es el mensaje que la Casa del Rey y la delegación del Príncipe quieren transmitir al pueblo español? ¿Que los Borbones perdonan, que pelillos a la mar, que Prim puede hacer lo que le dé la gana?

Prim, Señor, con todos los respetos, era enemigo de los Borbones, enemigo a muerte, no sé si me capta. Igual que era un patriota que levantó del suelo la bandera española y estuvo siempre dispuesto a morir por ella. También era monárquico, eso no cabe duda, y se opuso a la república. Por eso, lo fino es que Su Alteza dé el visto bueno y pase de largo, contemple como parte de la historia lo inevitable, y el recuerdo también inevitable. Quede atento a las novedades, que los folcloristas de la Sociedad Bicentenario, patrocinados por dos marcas comerciales, no soltaron ni un duro para reparar el mausoleo y la momia de Prim cuando lo necesitaban, gastándoselo como en las cuentas del Gran Capitán, "en picos, palas y azadones, otros cien millones", en festejos y comilonas, cosa que podrá disfrutar en mi libro Matar a Prim (Planeta, 2014), donde se descubren todas las falsedades y se cuentan todas las verdades que los del bicentenario no quieren que se difundan. Libérese, Príncipe, de pesos muertos, licenciadas con ínfulas, reinas del mambo, indocumentados históricos, republicanos durmientes y falsos catedráticos. Abra las puertas y ventanas y airee su casa civil. Si necesita algo de Prim, no se fíe: llámeme.

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