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Francisco Pérez Abellán

Sin prejuicio contra el que enseñe religión

Que se castigue al que abuse de un niño, claro, pero que no se consienta ningún prejuicio contra el que enseñe religión católica

Francisco Pérez Abellán
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Echo de menos la fuente de información cuando la noticia me explica: "Sentaba a los niños en sus rodillas mientras impartía clase de religión y en ese contexto pedófilo les lamía las orejas y les daba masajes en la espalda". No entiendo por qué tiene que ser un contexto pedófilo enseñar religión católica, ni tampoco muy bien que sea delito, más allá de ser asqueroso, que les laman las orejas a algunos niños o les den masajes en la espalda, donde no entiendo el ludibrio. Pero eso es lo que, según el fiscal, hacía A. O. G., de 43 años, profesor, de carácter "afable y reservado" que presenta aspecto de cura "porque siempre viste de azul oscuro".

A. O. G. lleva dos años apartado de sus funciones, a la espera de juicio. "Con los menores en el regazo", siempre según el ministerio público, "los acariciaba por debajo de la ropa", "llegando incluso a tocar los genitales mientras les corregía los deberes", según la acusación.

El informe le atribuye abusos sexuales sobre ocho menores, alumnos de los colegios de Carballeda de Valdeorras, Rubiá, O Bolo y Vilamartín, todos en la provincia de Ourense. Y yo, enemigo declarado de todo pederasta, ruego a Dios que disponga de un buen abogado que compruebe hasta la saciedad los supuestos abusos, porque así, de plano, esto más parece una leyenda de pueblo perdido, donde se llega tras mucho caminar o mucho autobús.

¡Hay que ver qué postura más incómoda la del supuesto pederasta para "tocar por debajo de la ropa", con el dedo ciego o la mano tonta! Y se precisa "que incluso llegando a los genitales", por lo que el fiscal, que lo explicita, debe de tener claro quién declara esto, o lo ha visto, o ha sorprendido al profesor en plena clase gimnástica, mientras corregía los exámenes. El caso es que la acusación pide 19 años de prisión por ocho abusos sexuales, una enormidad, de forma continuada, entre 2003 y 2011, que a mí me parecen difíciles de probar, porque al pronto resultan pocos exámenes corregidos, a no ser que unas veces hiciera lo prohibido cuando corregía y otras se dedicara a revisar pruebas. Por tanto, ¿cómo se sabe si cometía delito o no?

Si el falso cura abusaba de los menores, no está de más, ni mucho menos, que se le soliciten indemnizaciones de entre 2.000 y 4.000 euros y orden de alejamiento de hasta 500 metros de las familias de las víctimas.

Lo peor es que el juicio se celebrará a puerta cerrada, como cuando el Medievo, y todavía no tienen fecha en la Audiencia de Ourense. A lo peor es que la noticia no está bien redactada, pero no viene cómo adquiere el fiscal certeza de que lo que dice es rigurosamente cierto, por lo que afirma que se "prevalía de su condición de profesor" para aprovecharse de los menores "y lograr su satisfacción ilícita". Imaginen por un momento que, puesto que la noticia no lo destaca, no hay certeza alguna, sino sólo sospechas. Para el presunto culpable, dos años de dique seco, sin trabajo ni ganancias, señalado por el dedo con un castigo durísimo.

En la acusación, el fiscal detalla que los niños, de los que no se dice la edad, todos varones, han sufrido "daños morales y problemas de desarrollo", de lo que esperamos haya constancia médica.

Casi al final, y de repente, se nos dice cómo se ha reunido parte de la presunta información que forma el grueso de la cosa imputada: el fiscal nombró a un "inspector de educación" que recopiló la información hablando con los menores. O sea, que no tiene documentos objetivos, ni fotos, ni grabaciones de cámaras de seguridad, ni testigos presenciales ni declaración de perjudicados, sino el resultado del interrogatorio de un tercero, "inspector de educación", nuevo auxiliar de la fiscalía, ¡a unos niños! Valiente acusación.

El director de uno de los colegios, en concreto de Carballeda, aseguró que hubo quejas previas a la denuncia, por la asociación de padres. El directivo se ve en la obligación de insistir en que la actitud del presunto pederasta era "normal", por lo que quiso mediar entre las denuncias de dos familias, ya que parecía algo "muy grave". Entiendo que no acaba de creerse la existencia de delito, y eso me lleva a reforzar mi primera impresión: que se comprueben los medios de prueba, y todavía más: que se celebre el juicio con la puerta abierta. Que entre el aire, y quien quiera verlo.

Que se castigue al que abuse de un niño, claro, pero que no se consienta en Galicia, ni en ninguna parte, ningún prejuicio contra el que enseñe religión católica, o vista como un cura, aunque sea siempre de horroroso azul oscuro. Y, por cierto, que lamer las orejas o dar masajes en la espalda no es delito. Que únicamente se castigue si hubo abuso sexual, más allá de toda duda razonable. Porque esto tiene un fuerte tufo a caza de bruxas.

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