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Tres eran tres

El fiscal pide más pena para madre e hija que para la policía Gago. Y no parece tener explicación.

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En el crimen de Isabel Carrasco las asesinas fueron tres: una buscó la pistola, otra la disparó y la tercera la guardó. Eso ha dicho el jurado. El portavoz anunció alto y claro que las tres eran culpables y en ese momento no hubo distingos. Sin embargo, el fiscal pide más pena para madre e hija que para la policía Gago. Y no parece tener explicación.

Las tres mujeres se reunieron en casa de Triana, donde tenían pistolas y marihuana para aburrir, algo más de una hora antes del crimen. El jurado declara probado que la policía municipal estaba enterada del plan y participó en él. Y sin embargo cree que su labor no era imprescindible para el asesinato. Esto no puede ser porque si se acepta que la policía conocía el plan es una cooperadora necesaria dado que solo con su intervención pudo cometerse el crimen. Gago resultaría culpable tanto por acción como por omisión. Su deber habría sido impedir la comisión del acto, así que es imprescindible su participación. También se admite como prueba la llamada que le hace Triana inmediatamente después del crimen. Gago está en contacto antes y después.

Montserrat, la madre, dice que compró la pistola a un muerto y que además fue una oferta como si se tratara de una tienda de oportunidades. El que le vendió el arma le regaló otra, munición y un cuchillo. Por su parte Triana dice que le contó el supuesto ataque sexual de la víctima solo al psiquiatra que la atendió, que también está muerto. Las dos cuentan cosas imposibles.

Ahora bien lo que se echa en falta es un informe que explique cuáles eran las relaciones entre Triana, Montserrat y Gago. Es fácil determinar que Triana era el nexo entre la madre y su amiga. Pero el informe debería explicitar cuándo se conocieron y la naturaleza y frecuencia de sus relaciones. Pero esto no se ha investigado. Simplemente estudiando el plano de la ciudad y el lugar donde estaba cada una en el momento del tiroteo se percibe que el crimen estaba coordinado. Aunque se repite hasta la saciedad que no es necesario el móvil para juzgar un crimen en cambio es imprescindible para explicarlo.

No se sabe dónde consiguieron las armas de fuego. Esposa e hija de un policía debían estar familiarizadas con delitos y armas. Era el pan de todos los días, el trabajo del pater familias. Encima la amiga íntima de Triana también era policía de la que cuenta con una dotación de revólver del 38, curiosamente similar al arma del crimen. Tres eran tres la implicadas, según el jurado: una bajó corriendo después de disparar a bocajarro, otra le recogió el arma que había que ocultar y la tercera se la llevó en su coche.

El móvil es el genérico de odio, pero aquí hubo un detonante próximo que hizo que fuera aquel día y no otro cuando se cometió el crimen de una política que quieren hacer pasar por delincuencia común como una querella entre mujeres. Todo lo aclararía saber la naturaleza de las relaciones entre las tres juzgadas, sus intereses y propósitos.

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