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La debacle de Obama en Oriente Medio

Aquellos que están conspirando deliberadamente contra nosotros están lanzando una ofensiva, de nuevo.Es el momento de adoptar un rumbo diferente.

Fundación Heritage
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Las últimas noticias siguen siendo preocupantes en lo que respecta a las revelaciones que rodean a los ataques y protestas que se están sucediendo en todo el mundo islámico y que tienen como objetivo a las embajadas de Estados Unidos. Las protestas se han extendido al menos a ocho países. Los informes indican que cuatro personas han sido arrestadas en relación con la muerte del embajador de Estados Unidos en Libia y de otros tres miembros del personal de la embajada en este país. Eso al menos nos ofrece la esperanza de obtener más información sobre el deliberado ataque a las instalaciones americanas en Bengasi.

Mientras tanto, en Estados Unidos, las autoridades gubernamentales identificaron a Nakoula Basseley Nakoula como el hombre que está detrás de la controvertida película esgrimida como causa de las protestas. Se trata de un californiano de 55 años con un sombrío pasado que incluye muchos alias y un largo historial delictivo.

Sin embargo, a diferencia de una novela de Brad Thor, no podemos simplemente irnos directamente hasta el final del libro para averiguar qué significado tendrá todo esto para la acción política americana en esta problemática parte del mundo.

Pero (de nuevo, a diferencia de una novela de Brad Thor) sin hacer trampas, podemos predecir cómo va a terminar la historia, ya que el resultado de las políticas del presidente para Oriente Medio era predecible desde el comienzo.

La estrategia de Obama para esta parte del mundo empezó de forma muy parecida a la de Jimmy Carter: con gestos de conciliación y compromiso. El presidente centró sus prioridades estrictamente en tres objetivos: 1) Retirada de Irak tan rápidamente como sea posible; 2) Acercamiento a Siria e Irán y 3) Transformar Estados Unidos en una parte neutral, para poder negociar la paz entre Palestina e Israel.

Para los no iniciados, ahora sabemos que los tres objetivos han tenido como resultado un miserable fracaso.

Irak no quedó sólo como un estado débil, sino que se ha convertido en un amigo débil, desafiando las peticiones de Estados Unidos de bloquear los vuelos iraníes que están rearmando a las fuerzas armadas sirias con el objetivo de poder matar a más civiles sirios.

Después de desperdiciar tres años tratando de encontrar algo en común con los regímenes totalitarios de Siria e Irán, incluso la Casa Blanca ha reconocido el fracaso, pidiendo al gobierno de Damasco que dimita y pidiendo más sanciones contra Teherán.

Finalmente, el proceso de paz se ha venido abajo, aunque no hay mal que por bien no venga, pues si Obama tuviese éxito al crear un estado palestino a día de hoy, se parecería muchísimo al régimen sirio al que está tratando de derribar el resto de la región, es decir, un estado corrupto que oprime a su propio pueblo, un estado patrocinador del terrorismo y una marioneta del gobierno iraní.

Sin embargo, la acción política del presidente ha resultado más que infructuosa (la "Doctrina Obama" nos ha hecho retroceder en la protección de los intereses de Estados Unidos en la región) debido a que confiaba en una autoimpuesta agenda de autodebilitamiento. Esta incluía distanciar a Estados Unidos de Israel y hacer un uso político del presupuesto de defensa de Estados Unidos, respecto a lo que incluso sus propios responsables reconocen que, si las reducciones automáticas requeridas por la ley de Control Presupuestario de 2011 entran en vigor, estas socavarían la preparación y reducirían las capacidades de nuestras fuerzas armadas.

La guerra contra el terrorismo empezó cuando Osama bin Laden dictó su fetua proclamando que Estados Unidos era un tigre de papel en retirada. Bin Laden creía que, con un golpe seco, los americanos se caerían. No es a las políticas del presidente, ni a las promesas que hizo en su retórico discurso de El Cairo, ni a los juramentos que hizo de castigar a los autores del ataque en Bengasi a lo que están respondiendo los enemigos de Estados Unidos. En realidad ellos creen que Estados Unidos, mediante sus acciones, ha demostrado que está en retirada.

Los ataques a las embajadas y los disturbios antiamericanos en las calles pueden suceder a pesar de la vigilancia de cualquier presidente. De lo que tenemos que estar más preocupados es de que aquellos que están conspirando deliberadamente contra nosotros están lanzando una ofensiva, de nuevo.

Por tanto, es el momento de adoptar un rumbo diferente:

No perder de vista a Irán. Teherán es el principal foco de problemas en esta parte del mundo. Desde sus aspiraciones nucleares a su patrocinio del terrorismo, pasando por sus propias conspiraciones para atentar y para fomentar una agenda extremista por toda la región así como para aplastar las aspiraciones de libertad de su propio pueblo, definitivamente, la paz en esta parte del mundo no tiene mayor enemigo que Irán.

Reafirmar la necesidad de una estrecha cooperación estratégica con Israel. La inestabilidad que continúa barriendo la región sólo recalca el hecho de que Israel es el único aliado de la región con el que Estados Unidos puede contar.

Reconocer que la guerra contra la insurgencia islamista global no ha finalizado. En el planeta hay gente perversa que está tratando de matarnos y tenemos que detenerlos. Dar caza a sus líderes con ataques de aviones no tripulados no es suficiente y abordar la "próxima oleada" del terrorismo transnacional requerirá de una dirección distinta por nuestra parte. La estrategia ante la nueva oleada debe retomar la iniciativa que se ha perdido con este presidente, dando un final exitoso a la larga guerra y legando unas iniciativas antiterroristas duraderas y sostenibles, que puedan responder adecuadamente a las amenazas emergentes, como el reciente ataque en Bengasi.

Adoptar una agenda de libertad económica. El Índice de Libertad Económica de 2012 confirma que los países de Oriente Medio están atrasados en muchos aspectos de libertad económica y que la falta de empleo y oportunidades están en la raíz de gran parte de su malestar. Ya es hora de hacer avanzar a la agenda de libertad económica desde un punto de vista marginal hasta ser el centro de la acción política de Estados Unidos para Oriente Medio. Incluso la mejor política de seguridad nunca será suficiente sin el paso anterior. Podemos bajar nuestras barreras al comercio y motivar a los gobiernos de Oriente Medio a que hagan igual. Podemos fomentar reformas para abrir el camino a la inversión, crear empleos y empoderar a las personas económicamente.

Para proteger los intereses de Estados Unidos en esta parte del mundo, debemos ser:

· Un aliado fiel, responsable y constante;
· Un defensor que respalda la causa de la libertad, incluida la económica y
· Una nación fuerte, resistente y segura, preparada para defenderse a sí misma, a sus aliados y sus intereses.

Hace falta un cambio de este tipo en las políticas de Estados Unidos para poder resistir esta crisis.

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