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Milagro: un foco de explosión de Santa Eugenia

Los que se han atrevido a calificar de modélicos la instrucción, el juicio y la sentencia, se descalifican a sí mismos. Sin ser jurista, creo que un proceso que conduce a una sentencia sin autores puede calificarse de cualquier forma menos de modélico.

Gabriel Moris
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Durante los últimos días del pasado febrero, ha saltado la primicia de Libertad Digital, sobre el milagroso hallazgo de los restos, del único vagón que explosionó en la estación de Santa Eugenia. Los santos, con frecuencia, valiéndose de las personas, producen hechos difícilmente explicables. Algunos podrían interpretar esta aparición como un milagro de la mártir romana. El hecho cierto es que, de los once vagones que produjeron 192 mártires, sólo han aparecido los restos del foco que explosionó en dicha estación. Alguien podría interpretar también como milagrosa la súbita desaparición de los otros diez focos, yo me resisto a creerlo pese a que los jueces, fiscales y algunas defensas y acusaciones no quieran considerar la flagrante trasgresión de la ley de enjuiciamiento criminal. Esta gran irregularidad del sumario 20/04 clama justicia al cielo ante un caso, que algunos juristas, creo que injusta e injustificadamente, han calificado de modélico. Los resultados del mismo, plasmados en una sentencia insólita, descalifican a los más fervientes defensores del proceso así como a los actores de su tratamiento.

Con anterioridad a este hallazgo, Intereconomía presentó, también como primicia, la aparición de un vagón, no explosionado, correspondiente al tren de la calle Téllez. La utilidad práctica de ambos hallazgos creo que es muy limitada, especialmente la del vagón no explosionado. Respecto al foco, procedente de la estación de Santa Eugenia, a pesar de las condiciones de conservación en las instalaciones de Tafesa en Villaverde, podría realizarse algún tipo de peritación que alumbrase algo de la información que escrupulosa y sistemáticamente se impidió hasta hoy, no por los inculpados, sino por los que tenían y tienen la exclusividad de la investigación de los hechos, así como de la persecución de los graves delitos cometidos.

En principio, creo que ambos hechos no guardan relación entre sí, pero lo que no me parece casual es, que ambos, hayan aparecido después de producirse un cambio de siglas en el gobierno de España, coincidiendo con el archivo de los interrogatorios de la juez Coro Cillán y en vísperas del octavo aniversario de los atentados de los Trenes de Cercanías. Tampoco creo casual el nerviosismo incontenido de algunos que, en buena lógica, deberían seguir interesados en "saber la verdad" como se pedía en marzo de 2004. Igual podemos decir del silencio de la mayoría de los medios de comunicación que nos mintieron con los "terroristas suicidas" mientras silenciaron el desguace de los trenes. ¿Sabremos algún día de qué tres fuentes "bien informadas" bebieron?

Al parecer, el Fiscal General del Estado ha solicitado a la Fiscalía de la Audiencia Nacional y a la Fiscalía de la Audiencia Provincial de Madrid que elaboren un informe sobre las responsabilidades del "extraño periplo" de estos restos de los escenarios de los crímenes. Al mismo tiempo, ha solicitado información sobre las condiciones de vigilancia y conservación, de lo que podía haber sido una prueba útil, de haberse presentado en tiempo y en forma ante la autoridad judicial. Seguiremos con interés todo lo que se derive de esta iniciativa de la Fiscalía General del Estado.

Yo, como padre de una víctima mortal del atentado, siento la necesidad de expresar mi parecer ante los hechos aludidos.

En primer lugar, creo que es la única ocasión en que, desde la Fiscalía General del Estado, se pide una investigación relacionada con el destino de los trenes. Conviene recordar que, en casos de accidentes ferroviarios, los restos se han conservado durante todo el tiempo requerido para su debida investigación. Este hecho, sin pecar de ingenuidad, me parece positivo a priori.

Respecto a la utilidad práctica de lo hallado, después de ocho años, creo que no podemos mostrarnos optimistas. De cualquier forma, espero que se pueda hacer alguna investigación que aporte algo de luz entre las sombras que ocultan los hechos.

En la pericial de explosivos, ordenada por el Tribunal que juzgó el sumario 20/04, ante la inexistencia de muestras fiables de los focos, los peritos de parte, solicitamos realizar tomas de muestras in situ; se nos dijo que los trenes habían sido desguazados y fundidos. La aparición de estos restos demuestra que la respuesta dada por la Policía Científica era falsa. El tribunal enmudeció ante esta petición.

Como corolario, podemos afirmar que la aparición de una parte de los escenarios del crimen, es una prueba más de la pléyade de irregularidades que jalonan un sumario y una sentencia que no han descubierto ni castigado a TODOS los autores del Atentado del Siglo. Los que se han atrevido a calificar de modélicos la instrucción, el juicio y la sentencia, se descalifican a sí mismos. Sin ser jurista, creo que un proceso que conduce a una sentencia sin autores puede calificarse de cualquier forma menos de modélico.

Los defensores de que el 11-M es un caso juzgado y modélico pueden convencer fácilmente a los ciudadanos que pensamos lo contrario. Basta con que nos demuestren quiénes fueron todos los autores y cómo ejecutaron los atentados. Sólo así demostrarán la razón de sus afirmaciones. Los ascensos y las medallas, no obstante, seguirán pendientes de justificación.

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