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DSK y los neocón

DSK es hoy vilipendiado por sus costumbres pero ensalzado por contribuir, con otros muchos, a evitar el riesgo sistémico que atenazó al mundo en 2008 ante la quiebra de un par de instituciones americanas.

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Quien no es santa de nuestra devoción, Marinne Le Pen, exclamó lo que todos pensaban: "Será presuntamente inocente, pero todo el mundo en el ambiente político de París sabía de las relaciones patológicas con las mujeres de Dominique Strauss-Kahn".

Tristane Banon, ahijada de la segunda esposa de DSK, ha relatado una escena de acoso de este en 2007. La madre socialista de Tristane le aconsejó entonces dejarlo estar para no truncar su incipiente carrera periodística, considerando oportuno evitar el mal mayor de una denuncia contra SK.

Ya presidente del FMI, en 2008, se conocieron sus tratos con una economista húngara de la institución, Piroska Nagy. Mientras Wolfowitz, un odiado neocón acusado de beneficiar a su novia cuando era presidente del Banco Mundial, fue obligado a dimitir, este asunto se llevó con cautela. Sólo después de conocerse la relación acompañada de una posible denuncia, DSK ofreció un perdón de boquilla a su ya maltratada mujer, la ex periodista millonaria Anne Sinclair y tras un año, Nagy salió del FMI.

Aurélie Filipetti, diputada del partido socialista y seguidora de Ségolène Royal, había sufrido una escena de DSK en 2008. Dijo que se cuidaría muy mucho de coincidir jamás a solas con él.

Cuando la juez Melissa Jackson oyó del abogado de DSK, después de haber escuchado el relato de los hechos del fiscal, que había habido consentimiento en el incidente del sábado pasado, no dudó en denegar la libertad bajo fianza, haciendo, por primera vez en esta sórdida historia, justicia.

Esto tiene una moraleja neoconservadora. Los neoconservadores no se hicieron los dientes en las relaciones internacionales ni la guerra de Irak, sino en la lucha contra el carácter desincentivador del estado del bienestar y en la defensa de la moralidad. Un ensayo de uno de sus epígonos, Norman Podhoretz, sobre la prohibición de la pornografía, lleva el ingenioso título Lolita, mi suegra, el Marqués de Sade y Larry Flint. Aunque Podhoretz concluye que no es deseable porque no sabe si los funcionarios iban a distinguir entre el valor literario de Nabokov y su ausencia en otros casos, su reivindicación de la decencia tradicional es inequívoca.

DSK es hoy vilipendiado por sus costumbres pero ensalzado por contribuir, con otros muchos, a evitar el riesgo sistémico que atenazó al mundo en 2008 ante la quiebra de un par de instituciones americanas. Si arruinar tres países europeos, hacer zozobrar al euro y llevar a USA a insostenibles niveles de deuda se llama evitar un riesgo sistémico, pues bueno... pero ¿y si resultara que, como decía el victoriano de Quincey, se empieza por cometer un asesinato, y se acaba por no ayudar a una viejecita a cruzar la calle? Acaso no haya relación entre comenzar por banalizar el acoso sexual y el adulterio y acabar por quebrar a medio Occidente; pero, ¿y si la presente situación fuera hija de disculpar la ruptura de la ortodoxia, ya sea económica, en nombre de la, siempre, buena intención de evitar males mayores?

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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