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Francia ocupa el vacío

No hace falta sentir mucha simpatía por el socialista galo para preferir que el uranio lo tenga el conglomerado nuclear estatal Areva y no Al Qaeda.

GEES
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Víctor Hugo decía que tras el Bonaparte aguerrido combatiente se vislumbraba al autoritario emperador. Hollande evoluciona al revés. Tras el socialista del gasto incontrolado había un jefe militar. Albricias, porque Obama ha dejado Mali al borde del desastre.

La historia global del fracaso del liderazgo desde atrás (drones, operaciones secretas y películas de Hollywood) con que el inconsciente Obama ha sustituido la guerra contra el terrorismo es fascinante. Pero en Mali no pasa de patético. Como la idea es que las guerras se mantengan lejos del radar de la opinión pública, en lugar de hacer el trabajo contra los yihadistas por sí mismo Obama invirtió dinero (600 millones de dólares), tiempo (4 años) y efectivos en instruir al ejército maliense. El resultado fue la incapacidad de este para defenderse, la defección a los rebeldes de varios militares y el golpe de estado del capitán Sanogo, acusado además de violaciones a los derechos humanos. La transformación de Hollande en intrépido intervencionista se debe a la necesidad de sacar las castañas que Obama ha puesto a asar.

Es paradójico que, cuando Obama apresura su anunciada retirada, comenzada hace un año en Irak y continuada ahora en Afganistán, aplicando su sutilísima estrategia de huella ligera, sea Francia quien le releve a bombazo limpio. Está visto que en la guerra de nuestro tiempo contra el islamo-fascismo no basta con cantar victoria y largarse, como quiere el demagogo americano. El enemigo se resiste a desvanecerse.

Que sea Hollande el rescatador tiene varias ventajas. Nadie critica el dudoso respaldo de una resolución de la ONU, aunque se le haya añadido deprisa y corriendo el derecho de defensa propia (nunca mencionado, por cierto, cuando anda Israel por medio) aderezado de petición de ayuda del no muy legítimo gobierno de Mali. Otra es que, como en Irak, Villepin se oponga. Razón de más para aprobarlo.

Por fin se nos exime de oír la sandez de la guerra por petróleo. Dada la naturaleza del lugar, hay más en juego: petróleo, gas y uranio. Obviamente, esto ha pesado en la decisión, pero no hace falta sentir mucha simpatía por el socialista galo para preferir que el uranio lo tenga el conglomerado nuclear estatal Areva y no Al Qaeda.

Como advirtió Eliot Cohen, hay una guerra mundial contra el islamo-fascismo. Esa hidra tiene dos cabezas. Una son los islamistas radicales, cuyo epítome es Al Qaeda, que está en el Magreb y no ha desaparecido de Afganistán. La otra son las tiranías del Medio Oriente, cuyo ejemplo es el cuasi atómico Irán.

Francia ocupa una infinitésima parte del vacío dejado por Obama, pero algo es algo. Veremos si esta "mierda de plan" – Susan Rice dixit– es mejor que subcontratar la guerra a los negros, doctrina del Team Obama. Occidente, pues, no se rinde; no porque en Nueva York aplaudan por espíritu crítico una película, como cree Vargas Llosa, sino porque un francés, que encima es socialista, prefiere matar islamistas antediluvianos que verlos tomar el poder. No es Carlos Martel, pero casi. 

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