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La presidencia post-americana de Obama

Si EEUU dimite de su condición de superpotencia, el resultado será una mayor inestabilidad global.

GEES
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Israel ha liquidado al jefe terrorista de Hamás en Gaza. Es de suponer que no tardarán los fans de Obama en felicitar públicamente al Estado judío por recurrir al símbolo de la política exterior del presidente demócrata: el asesinato selectivo. No esperamos, en cambio, que se den por enterados de las alegaciones periodísticas de que la razón por la cual no se acudió en ayuda de los miembros de la CIA en Bengasi es porque estaban reteniendo prisioneros en secreto.

Estas dos prácticas, los asesinatos selectivos –que Obama ha multiplicado por cuatro en relación con la presidencia anterior– y las, en términos periodísticos de antaño, "cárceles secretas de la CIA" fueron signos del carácter demoníaco de George W. Bush. Como hoy recurre a ellas Obama, con escasa inhibición, se han transformado en muy respetables para el club de groupies del presidente. Aunque Obama las criticara de boquilla en un caso y las prohibiera jurídicamente en el otro, las ha seguido utilizando por su eficacia protectora. Constituyen, sobre todo, una alternativa fabulosa al combate abierto manteniendo bajo el radar de la opinión pública que Estados Unidos, en realidad Occidente, sigue en guerra contra el islamismo, mientras para la galería se defiende el apaciguamiento y el "liderazgo desde atrás".

Tanta guerra clandestina y de marketing solo tiene un inconveniente: no sirve para mantener la Pax Americana; queda ésta amenazada por el acuerdo con el Congreso sobre recortes automáticos –sustanciales en Defensa–, obligados por el dispendio desmesurado de Obama.

Volver al crecimiento económico estable es, pues, esencial para prevenir la incertidumbre de un mundo post-americano. Según resumía Bob Kagan, especialista de la demócrata Brookings Institution, Irán se acerca a la capacidad nuclear, las revoluciones árabes siguen un curso incierto, el conflicto sirio se extiende, el futuro de Afganistán y del Pakistán nuclear –objetivo preferente de los drones de Obama– es preocupante, los terroristas se expanden en Oriente Medio y África, aumenta el poder chino y su presión en las zonas marítimas adyacentes...

El presente orden económico y político –la Pax Americana– ha proporcionado el ámbito para la prosperidad mundial durante décadas. Si Estados Unidos dimite de su condición, y la exclusiva atención a los aviones teledirigidos y la CIA son síntomas de ello, el resultado será una mayor inestabilidad global.

Obama es un presidente opuesto a Truman. Se parece más al republicano Nixon, que, aplicando la retirada estratégica diseñada por Kissinger, sacó de Vietnam las tropas que habían llevado allá los demócratas Kennedy y Johnson. Truman facilitó la prosperidad y seguridad de Europa conteniendo al comunismo. Obama dificulta el crecimiento apilando deuda y amenaza la seguridad con su preferencia por financiar una sociedad abonada a la protección frente a peligros que considera menores. 

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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