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Los nuevos protagonistas

La Liga Árabe tiene sin duda un papel que jugar en Siria, aunque sea solo por el hecho de reunir a veintidós naciones árabes. Pero siempre lo ha tenido, y apenas lo ha usado

GEES
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¿Hay una nueva cara de la Liga Árabe? Creada en 1945 – casi al mismo tiempo que Naciones Unidas – ha sido considerada desde sus orígenes como la representación de regímenes autoritarios árabes que ha defendido los intereses de los gobiernos y no de la población. Ha sido criticada hasta la saciedad por su inefectividad, su falta de unidad y su escasa gobernanza.

Pero desde el año pasado ha adquirido más notoriedad que nunca, ya sea por su soporte a la causa de los palestinos ante la ONU, su apoyo a la zona de exclusión aérea en la guerra de Libia y actualmente por sus esfuerzos para que Al Assad deje el poder en Siria. ¿Qué ha cambiado en la organización?

La Liga Árabe tiene sin duda un papel que jugar, aunque sea sólo por el hecho de reunir a veintidós naciones árabes - incluida Palestina –. Pero siempre lo ha tenido, y apenas lo ha usado. En Sudán se esperó que actuara, sobre todo en los años más violentos del conflicto de Darfur, ya que era de los pocos actores con capacidad y peso para negociar con Jartum. No lo hizo.

Lo que ha cambiado en la institución es el creciente liderazgo de los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), en especial de Arabia Saudí y Qatar. Se ha visto en varias situaciones: la aprobación por parte de la Liga Árabe de una zona de exclusión aérea en Libia sólo después de que el CCG lo aprobara; la mediación de Riad y del CCG entre el presidente yemení Saleh y los rebeldes para mantener el control sobre la transición en el país, y eso que Yemen es miembro de la Liga Árabe y no del CCG; el silencio de la Liga Árabe cuando tropas saudíes y del Golfo fueron enviadas a Bahrain para aplacar las revueltas.

Cuando la Liga Árabe votó recientemente para suspender a Siria como miembro de la organización - al tiempo que se sigue olvidando de los abusos contra los derechos humanos en otros países miembros - fue sin duda por la presión de Riad y de Doha. Ambos desean aislar a Irán y mantener la supremacía suní en Oriente Medio. Luego fue el envío de una misión de observadores a Siria, la primera y única experiencia sobre el terreno de la institución. Y, como era de esperar, fue un desastre. Arabia, Qatar y el resto de países del Golfo tuvieron la delicadeza de evacuar antes de tiempo a sus observadores para que no les sacudiera de lleno el fracaso de la misión.

El falso protagonismo adquirido recientemente por la Liga Árabe es en verdad la búsqueda de Arabia Saudí y Qatar por frenar a Irán, su enemigo mortal. Y Siria es el único aliado que le queda en la zona. La Liga Árabe lo que sigue acumulando es desprestigio e inefectividad. Ahora propone el despliegue de una misión conjunta con la ONU en Siria. ¿Quién da más? 

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