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Rodillo islamista norteafricano

Actúan con firmeza en Egipto, aspiran a logros cada vez mayores en Argelia y Túnez y tratan de reforzarse frente al poder establecido en Marruecos.

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Algunas acciones de los actuales líderes islamistas no hacen sino confirmar nuestros peores temores. Actúan con firmeza en Egipto, aspiran a logros cada vez mayores en Argelia y Túnez y tratan de reforzarse frente al poder establecido en Marruecos.

En Egipto, el presidente, Mohamed Morsi, ha procedido a nombrar diecisiete nuevos gobernadores provinciales, evidentemente la mayoría de perfil islamista. Lo que más sorpresa ha producido a algunos ingenuos es que se haya permitido nombrar gobernador de la turística Luxor a Adel el Jayat, un supuesto arrepentido de la Gamá al Islamiya, grupo terrorista que sembró el terror en todo el país en los ochenta y noventa y que, precisamente en Luxor, asesinó fríamente en 1997 a 58 turistas extranjeros y a 4 funcionarios egipcios. Buena forma de tratar de dinamizar el maltrecho turismo en el país de los faraones y, sobre todo, de burlarse de los egipcios y del resto del mundo.

El líder islamista Rachid Ganuchi, presidente de En Nahda y cabeza tunecina de los Hermanos Musulmanes, acaba de hacer una visita a Argel, donde se ha reunido con el nuevo líder del Movimiento Social para la Paz (MSP), rama argelina de los Hermanos Musulmanes, el radical Abderrazak Makri, y ha pedido a todos los islamistas argelinos que apoyen a éste de cara a las presidenciales, previstas para 2014, siempre que Abdelaziz Buteflika se mantenga en la Presidencia. Ganuchi ha actuado aquí como líder regional para coadyuvar a materializar su sueño: que toda la cornisa norteafricana esté gobernada por islamistas, algo que no es descabellado si tenemos en cuenta que los dos países que faltan en nuestro recorrido, Marruecos y Libia, ya tienen a los islamistas oportunamente colocados en la cúspide del poder.

En Marruecos, los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD) ganaron las elecciones generales del 25 de noviembre de 2011, siguiendo la estela de otras formaciones islamistas impulsadas por las revueltas árabes. Con 107 escaños de un total de 395, tiene el suficiente peso como para tratar de inocular en la vida política y social marroquí su mensaje islamista. Además, la nueva Constitución que el Rey impulsó en 2011 para frenar las protestas propias y blindarse frente a la influencia de las vividas en el vecindario (Túnez, Libia o Egipto) ha permitido que el del islamista Abdelilá Benkirán sea un Ejecutivo con más poder (con 11 ministros islamistas) que todos los que le han precedido. El Rey sigue controlando, pero cada vez tiene que preocuparse más por la política, porque los islamistas no tienen por costumbre perder cualquier oportunidad para fortalecerse debilitando a sus adversarios, y el Rey lo es.

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