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Supermario y la extraña mayoría

Aunque no lo haya dicho expresamente, Monti excluiría a Berlusconi de una hipotética coalición de gobierno.

GEES
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Monti ha gobernado trece meses como gobierno de salvación nacional, pero sin partidos. Éstos no han figurado en su gabinete pero lo han apoyado casi como un solo hombre desde las cámaras. Un gobierno de excepción en cualquier democracia y una extraña mayoría en Italia. El habitual politiqueo quedó en suspenso hasta que el 7 de diciembre Berlusconi se cansó y le retiró su favor. Il Professore decidió que no iba a entrar en el alambicado y poco fecundo juego de búsqueda de enrevesadas alianzas y dio por acabado el experimento, si bien aplazó su dimisión unos días, hasta que quedasen aprobados los presupuestos.

¿Qué mejor momento para hacer el balance de una operación de rescate interno y de realineamiento con Europa, que de rebote ha hecho su aporte a la salvación del euro? Balances de ese tipo, en los discursos políticos y en los medios italianos, podrían contener instructivas lecciones para España. Pero de eso no hay prácticamente nada. Los italianos, o al menos su clase política y periodística, han vuelto a su deporte favorito. Disuelto el parlamento, parece que lo único que interesa es si Monti se presenta al frente de una formación –no digamos partido– propia. En rigor, no tiene que presentarse, porque es senador de por vida. El presidente Napolitano lo nombró justo antes de conferirle el encargo de formar un gobierno tecnocrático. Pero para intentarlo de nuevo necesita una cierta amalgama que en Italia se llama bloque, por poco compacto que sea.

Monti lo ha insinuado sin llegar a comprometerse. Con otro término de la jerga política nacional, ha hablado de un tercer polo. Huyendo del adjetivo centrista, que conceptualmente rechaza, porque no quiere comenzar menospreciando lo que quede a sus flancos, cuya colaboración, durante 401 días, ha agradecido, lo ha llamado "transversal", y se centraría en las necesarias reformas que quedan por hacer, vengan de la derecha o de la izquierda, lo que no contenta ni a los de la destra ni a los de la sinistra. Su problema es que las fuerzas dispuestas a dejarse encabezar por el excomisario europeo son una serie de partitini, como despectivamente los llama Berlusconi, todos los cuales, juntos, a duras penas pasarían del 10% del voto, según las últimas encuestas. A partir de ahí la coalición se haría inevitable, y, aunque expresamente no lo haya dicho el jefe de gobierno saliente, il Cavaliere queda excluido. No lo desea ni él, ni la Iglesia ni los colegas europeos. No queda por tanto más que el centro izquierda, el Partido Democrático, que se prefigura como primera fuerza política, pero lejos de una mayoría absoluta. Difícil aritmética para quien quiere ir al grano y aborrece los personalismos.

Este domingo por la mañana, rodeado de gran expectación, Monti dio su última conferencia de prensa, en la que ha dejado las cosas como estaban y como se esperaban, que es como se ha dicho. No negaría su candidatura, si se cumpliesen un buen número de condiciones que no especificó. Se contaba con que, en todo caso, iba a presentar un programa, y lo que hizo fue anunciar que colgaba en internet el manifiesto "Cambiar Italia, Reformar Europa".

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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