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Un mal comienzo

A las duras negociaciones sobre el precipicio fiscal, a Obama se le unen los problemas a la hora de elegir las nuevas caras del gobierno.

GEES
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Se le acumulan los frentes a Barack Obama sin ni siquiera haber iniciado oficialmente su segundo mandato. A las duras negociaciones sobre el precipicio fiscal –que continuarán los próximos meses– se le unen los problemas a la hora de elegir las nuevas caras del gobierno que guiarán a Estados Unidos en los próximos años.

Primero fue el puesto de secretario de Estado, que finalmente ha recaído en John Kerry, la segunda baza de Obama. Los ataques desmedidos contra la figura de Susan Rice por sus declaraciones tras los hechos de Bengazi y la mala gestión, tanto de Rice como de Obama, de la crisis surgida ante la posibilidad de que fuera nombrada sustituta de Clinton, ayudaron a que el segundón de Kerry se hiciera con el trofeo. Los republicanos, por su parte, ya no pudieron echarse atrás en su apoyo al senador de Massachusetts, que sin embargo está recibiendo ya numerosas críticas sobre su futura gestión. Sin ir más lejos, el editorial del Washington Post del 26 de diciembre es demoledor, advirtiendo al mundo y a los norteamericanos de la "excesiva fe en los potenciales beneficios del "engagement" con dictadores y "regímenes granujas" de Kerry.

Ahora, lo que le pasó a Rice lo está sufriendo Chuck Hagel, supuestamente aspirante a ocupar la cartera de Defensa. Es un fenómeno que Washington se ha apresurado a bautizar como "Swift-boated" y "Riced". Senador republicano hasta 2008, Hagel está siendo atacado por los afines a su antiguo partido por su posición –eso sí, hace años– con respecto a Israel y a determinados asuntos de Oriente Medio, como votar en contra de imponer sanciones a Irán.

Lo curioso y lo más perjudicial, tanto para Rice como ahora para Hagel, es la propia actuación de la Casa Blanca: lanza globos (nominaciones) al aire y luego deja que los pinchen. Además, el hecho de que tras elegir a Kerry como secretario de Estado, Obama se haya tomado una nueva pausa en las nuevas nominaciones –donde el tiroteo de Connecticut y las negociaciones sobre el precipicio fiscal también tienen algo de culpa– está dando tiempo a que las críticas contra Hagel tomen forma y también que otros salgan a defenderle de una campaña de desprestigio. Aunque hay que subrayar que los ataques son políticos y, simple y llanamente, dirigidos contra Barack Obama, ya que provienen principalmente de sus detractores, con excepciones como el del demócrata Eliot Engel.

Si Obama no pudo asegurar la nominación de Susan Rice y ahora está inmerso en unas complicadas negociaciones sobre el precipicio fiscal, qué menos que ponérselo difícil en una nominación clave como es la cartera de Defensa. Porque le debilitará tanto si se retracta de su nominación, como si arrastra a Hagel a un lento proceso de confirmación en el Senado. ¿Qué hubiera pasado si Mitt Romney hubiera ganado las elecciones y Hagel fuera uno de sus posibles candidatos? Seguro que estos ataques no hubieran ocurrido. 

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