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Las otras revueltas

¿Porqué Libia sí y Costa de Marfil no? Es la hipocresía de siempre.

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La detención del presidente marfileño Laurent Gbagbo calma la guerra civil en el país. Tras la segunda de los comicios presidenciales en noviembre de 2010 –unas elecciones que se esperaban desde 2005– Gbagbo se negó a abandonar la Presidencia pese a que la comisión electoral y la comunidad internacional declararon ganador a Alessane Ouattara. Se desató la violencia.

Casi cinco meses después nadie era capaz de intermediar y remediar la situación hasta que Francia intervino par apoyar a los cascos azules allí desplegados. Simultáneamente, Libia era objeto de toda la atención y esfuerzos internacionales. ¿Porqué Libia sí y Costa de Marfil no? Es la hipocresía de siempre, acentuada por el hecho de que había resoluciones del Consejo de Seguridad desde 2004, y bajo mandato del Capítulo VII, para vigilar la crítica situación del país y proteger a los civiles.

Desde su independencia, en Costa de Marfil se han conjugado todos aquellos elementos característicos de la realidad africana: recursos naturales, golpes de estado, guerra civil, corrupción, división del país, diamantes ensangrentados, niños soldados, violencia, crisis humanitarias. También diferencias religiosas, siendo el norte predominantemente musulmán y el sur cristiano. Pero fue el concepto de ivorité –factores de identidad y nacionalidad– el que dio paso a los mayores odios en un país con un altísimo porcentaje de personas de países vecinos.

Pero los problemas de este país africano no llegaban a concentrar la atención internacional. Quizá el cacao no esté a la altura del petróleo –aunque también se ha disparado su precio– pero no hay que olvidar que después de Nigeria es la segunda economía de África Occidental. El principal motivo de esa falta de atención es que tras el inicio de las revueltas populares en el mundo árabe, Occidente se ha concentrado en el norte de África y ha vinculado el futuro de estas "primaveras árabes" a la forma en que se resuelva el conflicto en Libia.

Por esa misma regla de tres se puede afirmar que, teniendo en cuenta que a lo largo del año se celebrarán más de una decena de elecciones en el continente africano, el modo en el que se resuelva Costa de Marfil puede ser un buen o un mal ejemplo para aquellos dirigentes que desean perpetuarse en el poder con la certeza. Costa de Marfil es también una prueba sobre las posibilidades de "democratización" del continente, y de la capacidad de órganos regionales como la Unión Africana y ECOWAS para poner fin a los conflictos. Por ahora aún no han superado el reto.

La situación de Costa de Marfil también ha puesto de manifiesto la exponencial subida de la reputación internacional de Francia. Ha tomado la vanguardia no sólo en Costa de Marfil sino previamente en Libia, mientras que su contribución más peligrosa sigue siendo Afganistán. La personalidad de Sarkozy tiene mucho que ver en todo esto, pero que no olvide que cuando te metes en una guerra te juzgarán por los resultados. Veremos cómo acaban todas ellas.

© GEES, Grupo de Estudios Estratégicos.

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