Menú

Una resolución que legitima a la ONU

Todos los diarios dedican su principal editorial al respaldo unánime de la ONU al plan de Bush para estabilizar la Irak. En un extremo, ABC se muestra escéptico con este consenso que, si bien avala la dirección política de EE UU en el proceso de transferencia de soberanía a la sociedad iraquí, no logra que Francia, Alemania y Rusia lo apoyen financiera y militarmente.

En el otro extremo, El Mundo, simplemente, se niega a aceptar la realidad que pone en evidencia que su obtusa oposición al liderazgo de EE UU ya no encuentra eco ni siquiera en el impresentable eje franco-alemán.

Para empezar, El Mundo afirma que “se equivocan quienes piensan que la aprobación del borrador de resolución patrocinado por EE UU, Reino Unido y España legitima la invasión de Irak”. El editorialista de este diario podrá hacer el avestruz todo lo que quiera, pero lo cierto es que hasta El País se ve obligado a reconocer que “el voto unánime otorga a Bush una especie de visto bueno internacional a sus planes económico-políticos para la posguerra de Irak” y que “las concesiones de EE UU son poco significativas respecto de versiones anteriores, una vez que Rusia, Francia y Alemania ya habían abandonado exigencias previas de una rápida transferencia del poder a los iraquíes y el control por la ONU de la transición”.

Hasta un diario tan aséptico como La Vanguardia señala categoricamnente que, la resolución aprobada, “en la práctica, consolida el mando estadounidense y, en suma, legitima la invasión a la que en su día se opusieron con energía Francia, Alemania, Rusia o incluso Siria, que ahora han votado la resolución”.

Hasta un diario tan antiamericano como La Razón reconoce también que el Consejo de Seguridad de la ONU “establece la legitimidad de una fuerza militar multinacional, bajo mando norteamericano, para supervisar el proceso de reconstrucción del Estado iraquí”.

El Mundo, sin embargo, niega esta evidencia empleando un pobre recurso retórico como es afirmar que “lo que hace la última resolución de la ONU es aceptar el hecho consumado de la ocupación —que no es lo mismo— y establecer unas condiciones que el Gobierno de Washington deberá cumplir si en el futuro pretende obtener el apoyo moral y material de la comunidad internacional”.

Por lo pronto, la invasión iraquí de Kwait -por ejemplo- jamás fue aceptada por la ONU como un "hecho consumado". Además el “apoyo moral” de la Comunidad internacional —y esto lo olvidan todos los diarios— lo tenía ya EE UU con la anterior resolución, concretamente, la 1483. Finalmente las “condiciones” que supuestamente impone la ONU a las “potencias ocupantes” —devolver las responsabilidades de gobierno y la soberanía al pueblo iraquí— son precisamente unos de los objetivos que tenían los estadounidenses a la hora de intervenir militarmente en Irak.

Si por el editorialista de El Mundo hubiera sido, en estos momentos Irak seguiría bajo la liberticida, genocida y empobrecedora dictadura de Sadam Hussein. Resulta simplemente vergonzoso que este diario y todos aquellos que no hacían más que pedir más tiempo para ese régimen, se muestren ahora tan apremiados exigiendo la rápida devolución de la soberanía a los iraquíes. Surrealismo que aun aumenta más el hecho de que han sido los representantes del propio Gobierno de transición iraquí —que agrupa a las distintas facciones de la oposición a Sadam— quienes han reclamado a Washington que sus tropas permanezcan todo el tiempo que sea necesario para lograr la previa estabilización del país y lograr que arraiguen las nuevas instituciones, evitando así una guerra civil por una prematura salida del país de las fuerzas aliadas.

También es el colmo de la desfachatez que El Mundo avale “la negativa de Francia y Alemania a portar ayuda económica y militar para la reconstrucción de Irak”, cuando es lo que este país necesita con urgencia para pacificar y consolidar su transición "cuanto antes".

En cualquier caso, no deberíamos permitir que los desvaríos y las contradicciones de El Mundo y, en menor medida, de El País y el Eje franco-alemán nos impidiera ver algunas objeciones a esta nueva "vuelta a la unidad de la ONU", como reza el título del editorial de La Razón.

ABC, por lo menos, percibe algo de estas objeciones que más adelante desarrollaremos. El editorialista de este diario considera "que Rusia, Francia y Alemania no se impliquen financiera y militarmente en la construcción de una oportunidad democrática para los iraquíes es un error grave que puede tener consecuencias fatales para la UE en su conjunto y que va a añadir dificultades a la transición en aquel país de Oriente Próximo”.

Junto a esta necesaria dosis de realismo, este diario señala que “la resolución aprobada ayer aplaza, pero no resuelve, el problema de las relaciones entre Europa y Estados Unidas”.

Parecería que ABC intuye los efectos perversos que pueda tener este espaldarazo del Consejo de la ONU a los objetivos de EE UU en Irak, pero su editorial no acaba de exponerlos con claridad. Hay que empezar por señalar que el respaldo “a toro pasado” de la ONU, a pesar de que tampoco fue nunca afortunadamente una condición sine qua non para los norteamericanos, ya lo había logrado Bush —como antes señalábamos— con la resolución 1483.

Ahora se trataba de que ese respaldo se tradujera en dinero y tropas que aliviaran los enormes costes que están soportando los soldados y contribuyentes norteamericanos. A lo mejor, para facilitar esa captación de ayuda, era necesaria una nueva resolución de la ONU, pero lo cierto es que, a pesar de respaldarla, Francia y Alemania se siguen negando a proveer esa ayuda. A lo mejor esta nueva resolución sí facilita la ayuda de otros países, pero hay que ser conscientes de que con ella se legitima y se revitaliza el papel de Naciones Unidas, lo cual puede ser un obstáculo en el futuro si, de verdad, EE UU está comprometido a estar todo el tiempo que haga falta para hacer arraigar y proteger la futura democracia iraquí.

Lo que dice la ONU ahora ayuda a Estados Unidos, pero ese apoyo no es fiable y nada garantiza que perdure, pues el funcionamiento de ese funesto chiringuito internacional —en el que se da por igual representación a las dictaduras que a las democracias— pude ser pan para hoy y hambre para mañana en la guerra contra el terrorismo.

Si los lectores nos ven demasiado pesimistas, deberían acordarse de lo que pasó en Kosovo. Se buscó el respaldo a posteriori de la ONU a una intervención legítima por sí misma. Con ese tardío respaldo quien se legitimó, en realidad, fue la ONU que volvió a constituirse en obstáculo en el camino de los aliados rumbo a Irak. Ahora se hace lo mismo. Hay que reconocer, no obstante, que ahora sería EE UU —y no Francia o China— la que podría ejercer su derecho de veto si se quisiera fijar fechas —y no metas institucionales— para la retirada de los soldados aliados en Irak.

Sin embargo, con ser la democracia de Irak el objetivo más fundamental de la guerra contra el terrorismo, nada garantiza a EE UU que no sea necesario en el futuro intervenir en otras latitudes. Y seguro que allí se volverán a topar con la oposición de una funesta organización que ahora busca la legitimidad haciendo suyos unos objetivos en Irak que hasta ahora sólo habían sido de EE UU y sus aliados.

Temas

En España

    0
    comentarios

    Servicios

    • Radarbot
    • Curso
    • Inversión
    • Securitas
    • Buena Vida
    • Reloj Durcal