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Los errores de Aznar a la hora de hacer valer sus razones

Las controversias en el seno de la UE que reflejó el encuentro entre Aznar y Schröder es el asunto que mayor número de editoriales de prensa comentan este viernes. Los editorialistas de ABC, La Razón y La Vanguardia respaldan la postura de nuestro presidente del Gobierno al que animan a seguirla manteniendo de cara a la Conferencia intergubernamental que negociará la futura Constitución Europa. Los tres editoriales, tras destacar las buenas relaciones personales entre ambos dirigentes a pesar de sus discrepancias, pasan a describir los principales puntos de fricción como son el ya casi superado asunto de Irak y las vigentes diferencias respecto al Pacto de Estabilidad y el reparto de poder en la UE. Los editorialistas los describen de tal forma que queda claro, bien implícita o explícitamente, el respaldo de los tres diarios a las tesis de Aznar.

Pero vayamos un poco más allá: “Hay que negociar —dice ABC— pero Niza debe ser nuestra vara de medir. En su esfuerzo por racionalizar el discurso y concentrar la munición diplomática, el Gobierno no sólo ha concertado citas y publicado artículos en la prensa internacional. También se ha situado en un segundo plano en otras querellas comunitarias, muy notablemente en el debate sobre la estabilidad presupuestaria y el Pacto de Estabilidad, para centrarse en el reparto del poder en la UE. El vicepresidente primero, Rodrigo Rato, desarrolló en los últimos meses un discurso menos agresivo en la defensa de la ortodoxia del Pacto, insistiendo más en su flexibilidad y reconociendo el mérito de las reformas emprendidas por Alemania. España tampoco pondrá reparos mayores—continúa ABC— a la iniciativa europea de crecimiento, un plan de inversiones en infraestructuras de transportes, energía e I+D, a la postre positivo para nuestro desarrollo estructural”.

Nosotros, por el contrario, consideramos que el principal defecto de Aznar ha sido su escasísimo esfuerzo por buscar apoyos y alianzas a su tesis fuera de nuestras fronteras que contrasta con la energía y agilidad del eje franco-aleman a la hora de buscar apoyos a sus sinrazones. Si encima ABC nos pone de ejemplo de “racionalización del discurso y concentración de la munición diplomática” de nuestro Gobierno, su supuesta disposición a aparcar su oposición a la “flexibilización” del Pacto de estabilidad o su falta de reparos a la keynesiana “iniciativa europea para el crecimiento” ya nos dirán ustedes qué cabe esperar de una negociación que, antes de iniciarse, ya nos cuesta cesiones tan fundamentales como las señaladas.

ABC, aunque sea inconscientemente, reduce aun más el margen de maniobra del Gobierno al invitarle también “a reconocer los logros alcanzados en la Convención —que fue la que derribó el consenso alcanzado en Niza— en asuntos tan trascendentales como el espacio de libertad, seguridad y justicia, la inalterabilidad de las fronteras,(...)”

Ni que decir tiene que todos estos logros reconocidos por la Convención son valiosísimos, pero no debe ser España la que los saque a colación para compensar las “inquietudes” que le provoca el nuevo reparto de poder perjudicial para nuestros intereses que también perfilaba la Convención.

No reflejaríamos, sin embargo, nuestra profunda discrepancia con la acción —más bien omisión— de nuestro Gobierno en pro de sus tesis si nos limitáramos a criticar su prematura disposición a ceder en unos asuntos para conquistar otros. La firme defensa del Pacto de Estabilidad o de la vocación aliada a EE UU de la UE no sólo son fundamentales por sí mismos sino que hubieran sido además —al contrario de lo que sostiene ABC— la mejor palanca con la que contaba España para buscar aliados en el asunto del reparto de poder en el seno de la UE.

A diferencia de ABC, La Razón al menos reconoce que, “si bien Aznar acierta en su defensa de los intereses españoles, sería conveniente reunir nuevos argumentos y más apoyos antes de oponerse al nuevo reparto planteado por la Convención”.

Evidentemente nosotros no compartimos la idea nihilista que desprende este último diario de que Aznar debía de haber esperado a oponerse a ver si su oposición cuenta con apoyos. Tampoco suponemos que un diario tan antiamericano y tan veleta en política económica como La Razón estuviera de acuerdo con nosotros en utilizar la firmeza en la alianza con los EE UU y el Pacto de Estabilidad del euro como esos “nuevos argumentos” para buscar “nuevos apoyos” a la tesis de Aznar. Si sacamos a colación lo que dice La Razón es únicamente para constatar la falta de movilización de nuestro gobierno que sí percibe ese diario y de la que ya advertíamos nosotros hace unos días en nuestro comentario “Hay que articular el no al eje franco-alemán”.

Aznar contempló pasivamente cómo Chirac y Schröder se le adelantaban en su contactos internacionales y muy especialmente con el de Gran Bretaña. Se dirá que era inevitable que Blair se fuera del brazo del eje franco-alemán puesto que esa alianza garantizaba un peso fuerte a Gran Bretaña. Sin embargo, Aznar pudo y debió, tras un acuerdo previo con los pequeños de la UE que rechazan el reparto de la Convención, ofrecer a Gran Bretaña esa misma preponderancia en el futuro reparto de la Unión, con la ventaja añadida de basarse en una alianza contra el eje franco-alemán. Aznar hace ya mucho tiempo que debió señalar a Blair que el consenso europeo alcanzado contra el eje-franco alemán en Irak debería permanecer como fundamento del futuro interno de la UE. La preponderancia que Blair garantiza a su país con el respaldo a la Convención se ve mermada porque va unida a la de Francia y Alemania. Francia en el futuro, con independencia de que Chirac siga o no en el poder, seguirá siendo un obstáculo a esa vocación atlantista de la UE que avala Gran Bretaña.

Algo parecido se puede decir respecto al argumento del Pacto de Estabilidad, aunque algunos puedan creer que no constituye para las tesis de Aznar una ventaja comparativa respecto a un país que, como Gran Bretaña, no pertenece al euro. Sin embargo, creemos que Aznar podría haberla utilizado para ganarse la complicidad británica contra el eje franco-alemán, puesto que Blair pretende que su país ingrese en la moneda única. Aznar debió hacer ver a su amigo Blair que convencer a su población para ingresar en el euro iba a ser más difícil si la pertenencia al euro dejaba de significar una ortodoxa disciplina presupuestaria para convertirse en un coladero para los manirrotos gobiernos franco alemanes.

También se podría haber utilizado las buenas relaciones con la Italia de Berlusconi. ¿Y qué decir de todos esos países de menor peso que ya pertenecen o están a punto de pertenecer a la UE? Algo se ha hecho con Polonia, pero se tenía que haber vuelto a edificar el consenso liderado por Aznar justo antes de la guerra de Irak. Todos esos países son claramente pro atlantistas, aun les escuecen las amenazas de Francia y les interesa también poder seguir vendiendo la necesidad del equilibrio presupuestario como imperativo europeo. De hecho eso mismo nos pasó a los españoles antes de que el PP se atreviera a defender el déficit cero como algo bueno por sí mismo. Para los dirigentes políticos de los países candidatos tanto a la UE como al euro siembre será más fácil emprender los sacrificios y las reformas que sus economías requieren como un sacrificio que requiere su anhelada condición de europeos que tener que hacerlo sin que esa condición lo imponga.

Es mucho lo que Aznar podía haber hecho parea aunar a un gran numero de países que en solitario ven con recelo el poder franco-alemán. Paris y Berlín han sido muy efectivos en sus maniobras y hay que reconocer la inmoral pero maestra propuesta del “Plan de Crecimiento” que va a desatar el gasto público en la UE. Con ella Chirac y Schröder no sólo han neutralizado en buena parte los recelos de los países de menor peso económico que se creen beneficiados con esa argucia keynesiana —fíjense que hasta ABC pica el anzuelo hoy al decir que “a la postre es positivo para nuestro desarrollo estructural— sino que además consiguen legitimar con ella los déficit franco-alemanes y que sea el presupuesto europeo el que pague la factura.

Si Aznar ha visto frustradas algunas de su reformas en España por una mala política informativa, tampoco puede aspirar —por mucha razón que tenga— a cambiar la UE sin utilizar a fondo y con acierto su política diplomática.

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