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El juego sucio francoalemán

El rechazo del eje francoalemán al proyecto de resolución de EE UU que reclama el envío de más tropas a Irak, y el expediente disciplinario que el PSOE le ha abierto a Cristina Alberdi son los dos asuntos más destacables de los muchos que comentan este viernes los editoriales de prensa.

A pesar de ser el titular más destacado en prácticamente todas las portadas, sólo La Razón y El Mundo abordan en un editorial el nuevo frente de oposición a Bush de Francia y Alemania. La Razón prácticamente se limita a considerar que, “a pesar de la firmeza de las declaraciones efectuadas ayer por alemanes y franceses, el mensaje enviado por el eje no es comparable a la rotunda negativa presentada en el Consejo antes del ataque contra el régimen de Sadam”. Para este diario, lo único que quieren hacer Chirac y Schröder “es dar un toque de atención a Bush, pero dicen estar dispuestos a discutir el proyecto de resolución. Lo apoyarán —perece sentenciar La Razón— como apoyaron tras la victoria militar la propuesta que ha permitido la presencia de fuerzas de ocupación en Irak para la reconstrucción, si EE UU accede a negociar el contenido y admitir enmiendas al documento”.

A pesar de su aparente seguridad, el pronóstico de este diario es muy poco comprometido ya que no concreta qué contenido debe estar dispuesto a negociar EE UU o qué enmiendas puede aceptar para contar finalmente con el apoyo francoalemán. La Razón considera que “la gravedad de la situación parece haber aconsejado a EE UU aceptar la realidad y ceder un protagonismo que cada vez resulta más costoso en vidas y en dinero”. ¿Quiere decir esto que Bush va a ceder hasta el extremo de que sea la ONU, y no su administración, la que dirija las tareas de pacificación y reconstrucción?

La verdad es que esto último sería un error aun mucho mayor que el que pueda ya haber cometido Bush pretendiendo llevar ante el Consejo de Seguridad una innecesaria y nueva resolución para lograr un objetivo —sin duda loable y necesario— como es comprometer a más países para que colaboren con más dinero y soldados en las tareas de pacificación de Irak. La ya aprobada resolución 1483 de la ONU no sólo legitima abiertamente el actual statu quo de la administración aliada como “la autoridad garante” de la transición política en aquel país, sino que también hace un específico llamamiento en su primer punto a todos los Estados para que “ayuden al pueblo de Irak en la labor de reformar sus instituciones y reconstruir su país y que contribuyan a que existan en Irak condiciones de estabilidad y seguridad de conformidad con la presente resolución”.

EE UU debía, con la resolución 1483, haber zanjado al asunto y, a partir de ella, haber emprendido rondas bilaterales, país por país, reclamando esa ayuda en dinero y tropas. El eventual “no” de Francia o de otros países en ese marco serían posiciones meramente individuales que harían oidos sordos al último llamamiento de la ONU. Como muy distinta sería que ese “no” se expresara en el Consejo de Seguridad.

Sin embargo Bush ha querido ir a ese terreno y, en lugar de presentar la resolución 1483 como la última palabra de la ONU, ahora pretende que esta saque adelante una nueva resolución que concrete y comprometa más a la comunidad internacional con los objetivos de EE UU. Lo mejor muchas veces es enemigo de lo bueno, y pidiendo ahora la ayuda directamente a la ONU, EE UU corre el riego de ver vetado su intento en el consejo de Seguridad.

A lo mejor la jugada —que tiene todos los tintes de haber sido fraguada por Powell— le sale bien a Bush y logra con pequeños retoques que Francia y Alemania den su brazo a torcer, pero creemos que se ha corrido un riesgo innecesario. Más aún si tenemos presente que el antiamericanismo es el narcótico favorito que aplican Chirac y Schröder para que sus ciudadanos no sean conscientes de su desastrosa situación económica interna. Los últimas noticias de la recesión económica y del desbordamiento del déficit publico en Francia y Alemania auguran, en este sentido, lo peor.

Pero volvamos a los editoriales. El Mundo se manifiesta, como era de esperar, partidario de las tesis franco-alemanas. Sin embargo, este asunto queda relegado a un segundo plano en un editorial que dedica fundamentalmente sus energías a considerar que “las tropas españolas no deben quedarse más de seis meses”. Ante semejante proclama, uno no puede resistir preguntarse: ¿Y por qué no sesenta, o uno, o cinco, o doce?. Como acertadamente, ha declarado el ministro Trillo, “las misiones se sabe cuando empiezan, pero no cuando acaban”. Ciertamente El Mundo no da una sola razón por la que los soldados españoles sólo deberían atender “seis meses” al llamamiento que la propia ONU hace a la comunidad internacional para que “contribuya a que existan en Irak condiciones de estabilidad y seguridad”. Lo único que alega el diario en apoyo de su absurda proposición es que “la misión Plus Ultra expira, según acuerdo del Consejo de Ministros, el 31 de diciembre”. Esto, sin embargo, sólo es una cuestión formal que en nada rebate la necesidad que hay de alargar o no esa presencia militar. Además, puestos a ponernos puntillosos en aspectos formales, el acuerdo de ministros en nada impedía prorrogar las fechas inicialmente marcadas y, mucho menos, hacer relevos en los destacamentos.

La insostenible proclama de El Mundo también reprocha a Trillo que haga mención a los nueves años que llevan nuestras tropas desplegadas en Bosnia “en labores humanitarias”, ya que “comparar ambas situaciones carece de sentido”.

Como dice Thomas Sowell, “todas las situaciones son diferentes, si exceptuamos sus similitudes”. Y ya nos dirá El Mundo porque las tareas de estabilidad y pacificación en las que colaboran los españoles son diferentes en Bosnia que en Irak. ¿tal vez por que en Irak la encomiable labor de nuestros soldados tiene más riesgos?

El Mundo, sin embargo, solo presenta dos razones por la que la “misión no debería posponerse más allá de diciembre: Primero, “la forma en la que Bush está gestionando la posguerra tras una guerra injusta e ilegal”. Segundo,”el humillante statu quo español en el país ocupado”. A El Mundo le parece “humillante que “la brigada esté integrada en una división que dirige el Ejercito polaco para que el despliegue no salga muy caro. Sin embargo, los gastos de las tropas polacas los paga EE UU”.

Aun dando por válidas esas dos disparatadas razones, ello cuestionaría el envío de tropas a Irak, no el plazo de “seis meses” de estancia. El Mundo además delata con ellas cierto desprecio por un país europeo y futuro socio comunitario como es Polonia. ¿O lo que critica, en realidad, el editorialista son los intentos de nuestro gobierno para que el despliegue “no resulte muy caro”?. Finalmente, el intento de crear un agravio comparativo en el trato que EE UU dispensa a los polacos y a los españoles, no sólo pasa por alto la desigual capacidad económica de ambos países, sino algo tan fundamental y explicativo como es el hecho de que Polonia colabora con la democratización de Irak desde mucho antes, pues envió tropas para acabar con el régimen de Sadam Hussein, cosa que no hizo España.


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