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EDITORIAL

Rubalcaba no sirve ni para desmentir a Otegi

Queremos pruebas de que el fin de ETA que planea el Gobierno no sigue radicando en debilitar la certeza del cumplimiento de las penas.

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Antes de entrar a valorar las declaraciones del proetarra Arnaldo Otegi en The Wall Street Journal, o los propios comentarios que de ellas ha hecho el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, no queremos dejar de lamentar y criticar que un diario del prestigio de este rotativo norteamericano haya dado cancha a un personaje tan siniestro como Otegi o que se haya referido a la banda terrorista y a sus chantajistas ofertas de abandono de la violencia en un titular que dice Grupo vasco hace oferta de paz.

Dicho esto, también exigimos a Interior que aclare de una vez si ha dado o no orden a Instituciones Penitenciarias para impedir que Otegi conceda entrevistas desde prisión. Lo decimos porque, ya con ocasión de su última entrevista en El País, Interior aseguró que ésta se llevó a cabo contrariando órdenes expresas de no permitirlas. Si es la segunda vez que se incumple esta real o falsa prohibición, ya es hora de saber quién es el incompetente o el cómplice al que habría que cesar en cualquiera de los dos casos.

En cuanto a lo declarado por el vocero de la banda, nada nuevo bajo el sol. No es novedoso que Otegi diga que "ETA está lista para dejar la violencia", ni que la organización terrorista está dispuesta a "dar garantías" del diálogo. Tampoco es novedoso que Otegi oculte que ese inadmisible "diálogo" entre un Estado y una banda terrorista no tiene por objetivo más que la consecución de los objetivos totalitarios y secesionistas por los que ETA ha venido asesinando y declarando treguas desde hace décadas. Lo que sería novedoso es que ETA hiciera un comunicado en el que pidiera perdón a sus victimas y anunciara su definitivo e incondicional abandono de las armas, y que el Gobierno le respondiera que, con independencia de la sinceridad o falsedad de dicho comunicado, el Estado de derecho no va a cejar en su empeño de que todos los que han practicado la violencia se sienten en el banquillo y cumplan íntegramente sus condenas.

La mejor forma de lograr que los etarras arrojen la toalla es garantizarles que el Estado jamás la va a arrojar. Pero plantearnos este escenario cuando la última noticia que tenemos de la banda es que tres miembros de ETA, encapuchados y armados, robaron la semana pasada en Lyon un coche y material para falsificar documentos, tarjetas de crédito y tarjetas de seguridad, son ganas de no querer ver la realidad.

En este sentido, no le falta razón al ministro del Interior al señalar que "si ETA está preparada para dejar la violencia, que la deje", pero que "el robo de material informático no es una tarjeta de visita que indique esa intención, sino la contraria". Tampoco le falta razón cuando dice que "décadas de hechos tremendos, asesinatos, por ejemplo, muchos, no se cierran con dos o tres declaraciones"

El problema está en que la supuesta firmeza de la que ahora hace gala Rubalcaba no es creíble. Fue él quien durante el infame "proceso de paz" quitó importancia u ocultó robos de armas o extorsiones a empresarios por parte de la banda. Y que Rubalcaba no nos hable ahora de la T-4, pues después de ese atentado en el que murieron dos personas, el Gobierno siguió negociando con la banda, teniéndolo a él como ministro de Interior. En realidad, el largo historial de mentiras de Rubalcaba, por no hablar de su responsabilidad política –si no resultase ser penal– en el soplo policial a ETA, le desacreditan de raíz como ministro del Interior.

Pide a ETA "hechos y no palabras" quien como Rubalcaba apoya una vigente resolución parlamentaria a favor del "final dialogado de la violencia", quien apoya la negativa a disolver los ayuntamientos en manos de los proetarras, quien se dedica a comprar supuestos arrepentimientos de presos etarras –no siempre con éxiton ofreciéndoles beneficios penitenciarios que les dejan a las puertas de la excarcelación. Rubalcaba ni siquiera ha dado todavía un listado de los etarras que están fuera de prisión con causas pendientes con la justicia. Queremos saber qué es lo que está haciendo el ministro del Interior para tratar que todos ellos –sin excepción– se sienten en el banquillo, incluido el interlocutor de su Gobierno, sanguinario etarra y prófugo de la justicia, Josu Ternera. Queremos pruebas de que el fin de ETA que planea el Gobierno no sigue radicando en debilitar la certeza del cumplimiento de las penas. Queremos, en definitiva, garantías de que las palabras de firmeza de Rubalcaba tienen más valor que sus burladas prohibiciones de que Otegi conceda entrevistas desde prisión.


 

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