Menú
LAS GUERRAS DE TODA LA VIDA

Aborto y eutanasia: una política

Lamento muchísimo que Don Mariano y, con él, la mayor parte de la prensa no controlada por el Gobierno sostengan que la ley de plazos y la eutanasia activa no son más que una cortina de humo para distraernos de la crisis. E igualmente lamento que las únicas críticas que la oposición pueda hacer al hecho de que la vida y la muerte queden en manos del Estado sean de índole moral, y no política.

0
Las críticas morales están muy bien, pero suelen tener un inconveniente: carecen de toda eficacia política. Y lo que se necesita para hacer oposición, al menos si uno se nutre intelectualmente con algo más que el Marca, es eficacia política. Porque ser oposición no es únicamente criticar a quien ocupa el Estado, sino también, y sobre todo, estar en condiciones de sustituirlo, tarea para la cual hay que dar respuestas políticas a los problemas políticos.
 
La ley de plazos y la otra, la que nos pone en manos del doctor Montes et alii, no son cortinas de humo, aunque también puedan servir para ello, sino que forman parte del proyecto a largo plazo de la izquierda realmente existente, el peronismo de Smiley.
 
La clase política española, sin pensárselo demasiado, asumió en su conjunto que la población es un valor en sí misma, cosa discutida y discutible, aunque se apele, para justificar la afirmación, a asunto tan sensible como el de las jubilaciones y pensiones (miserables) que aún se cobran, con lo que queda después de hacer fórums de las culturas y celebraciones folclóricas y financiar autonomías voraces, amén de pagar el salario del papá de Bibiana Aído, asesor del presidente de la Diputación de Cádiz. Es obvio que, si llegara el momento en que las jubilaciones y las pensiones no se pudieran pagar, ello no obedecería a falta de recursos por envejecimiento de la población, sino a una pésima administración de los aportes de los trabajadores: en este asunto, el Estado tendría que funcionar únicamente como banco de depósitos, porque no hay nadie que no le haya confiado buenamente un dinero (muy importante) para que se lo devuelva pasados los sesenta y cinco, con las creces correspondientes a un buen uso del capital así acumulado.
 
La población no es por sí misma un valor, ni en plan jubilatorio ni en ningún otro, a menos que se den determinadas condiciones para ello. Pero, una vez adquirido el prejuicio por todos los partidos, o por los socialistas de todos los partidos, no hay manera de discutirlo. Y resulta que eso es estupendo para el aparato gobernante y sus secuaces, que sí tienen un plan, muy ligado en este caso al engendro de la alianza de civilizaciones.
 
Mohamed VI.Los políticos necesitados de pobladores, es decir, de mano de obra de función indeterminada, no tuvieron mejor idea que importarla, aliviando de paso las presiones que esa misma población representa para tipos como Correa o Mohamed VI. Mientras iba llegando gente, e iban naciendo niños, en gran número, de las parejas inmigrantes, la tasa de natalidad española no llegaba, ni llega, siquiera a la tasa de reemplazo. Lo que significa que, a la vez que aumentaba, y aumenta, la población extranjera, se reducía, y se reduce, la de origen local. Ése es el objetivo del multiculturalismo y de la mencionada alianza con nadie: la sustitución de población y el descenso cultural de la sociedad. Como no quiero abundar en cifras, que están disponibles en la red, sólo diré que, para colmo de males, los hijos de la población local, que van a la universidad y se gradúan, se marchan tan pronto como les es posible a países más desarrollados.
 
Ésa es la política socialista, curiosamente afín a la islámica. Con riesgo de aburrir, volveré a citar a Boumedienne, en la ONU, en 1974:
Un día millones de hombres abandonarán el Hemisferio Sur para irrumpir en el Hemisferio Norte. Y no lo harán precisamente como amigos. Porque comparecerán para conquistarlo. Y lo conquistarán poblándolo con sus hijos. Será el vientre de nuestras mujeres el que nos dé la victoria.
Hay que señalar que, aun en los ocho años de gobierno del PP, las políticas de estímulo a la familia estuvieron muy lejos de lo deseable, cosa que contribuyó también a que el PSOE hiciera lo que quisiera desde el Gobierno.
 
Zapatero.De modo que no se trata de una cortina de humo, sino de una política, y de una política esencial al peronismo zapateril y sus aliados de todos los demás partidos. Una política de sustitución de población que se acelera facilitando la decisión particular de no tener hijos (no nos engañemos: la ley es para las españolas; las inmigrantes no abortan, se llenan de niños aunque después no puedan mantenerlos) y apresurando la muerte (cuando los holandeses mayores emigran para que no los atienda un Van Montes en la Seguridad Social de su país y los mande al otro barrio antes de tiempo).
 
El aborto no es un derecho ni un mal moral, sino una desgracia que no hay que penalizar, pero tampoco estimular. La eutanasia es una barbaridad nazi, que nada tiene que ver con el suicidio asistido, que finalmente no es más que eso: suicidio, algo que tampoco tendría que ser penalizado. No se trata de Ramón Sampedro (aunque la propaganda oficial, con Amenábar a la cabeza, quiera hacernos creer que sí), sino del Hospital de Leganés, adonde llevabas a tu papá andando y te lo devolvían muerto al poco rato por decisión de facultativos golémicos, frankensteinianos, con la pretensión de sustituir a la divinidad y dejar camas libres en los hospitales para arios más jóvenes.
 
Coherente con todo el proceso de la Seguridad Social: el viagra no entra en la lista de medicamentos subsidiados, pero el aborto, por la vía de la planificación familiar, es tan gratuito como las operaciones de cambio de sexo. Aunque la gratuidad de la sanidad española sea una gratuidad más que relativa, visto lo que cada trabajador con empleo le aporta.
 
Ésa es la política socialista: estímulo a la no reproducción de los españoles y muerte en manos de los representantes del Estado. Nada de cortinas de humo, nada de inmoralidad: ataques, eso sí, a la Iglesia Católica, incapaz de explicar nada parecido a lo que estoy explicando, que responde con un discurso que sólo sirve para los católicos.
 
La Iglesia no crecerá mientras no tenga discurso para los no católicos: evangelizar es hablar para los que aún no están convencidos. Los musulmanes no necesitan que el mulá de turno les repita todo eso; lo tienen claro: ellos están en una guerra de vientres que, a la larga, ganarán. Y los hispanoamericanos cristianos no se pierden en debates: engendran y paren. Don Mariano haría bien recordar, no obstante, que hay muchos católicos españoles que votan a su partido, antes de ponerse a hablar de cortinas de humo. Pero para eso hace falta leer, al menos, a la Fallaci.
 
 
0
comentarios

Servicios

Máster EXE: Digital Marketing & Innovation