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EL LIBRO DE LA SEMANA

El espejo de Stendhal

Rojo y negro es a mi entender, la obra maestra de Henry Beyle (1783-1842), más conocido por Stendhal, sin minimizar por ello la grandeza de La Cartuja de Parma o la exquisitez, rayana en la orfebrería, de las Crónicas italianas. Para defender esta novela sobran argumentos, que se amontonan en la mente de quien pretende hacerlo, movida como es mi caso por la admiración absoluta.

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Todo el mundo conoce la famosa frase de Stendhal, “La novela es un espejo que ponemos en el camino”, que recuerda, por cierto, a la de Cervantes sobre la comedia, de la que dijo que “nos pone un espejo a cada paso delante, donde se ven al vivo las acciones de la vida humana”. Pues bien, al subtitular esta novela, Crónica del siglo XIX (en algunas ediciones figura también como Crónica de 1830), Stendhal intentó que su espejo reflejara esa sociedad sofocante que, según sus propias palabras, prevalecía en “la Francia grave, moral, triste que nos han legado los jesuítas, las congregaciones y el gobierno de los Borbones de 1814 a 1830”, tan diferente de “la Francia alegre, divertida, un poco libertina que, de 1715 a 1789, fue el modelo de Europa”.

De hecho, la novela es un alegato a la injerencia en la vida privada del clero, a quien hace responsable del asfixiante clima de vigilancia moral que reinaba, en particular, en provincias. Eso le hace preguntarse en un momento, entre atemorizado y esperanzado, si el periódico podrá sustituir alguna vez al clero en la dirección de las conciencias. Creo que la respuesta, casi dos siglos después, es clara.

En este mundo —siempre según Stendhal— los hombres son adustos, ambiciosos y desagradables, mientras que las mujeres, más perjudicadas que ellos por tanto rigor, son seres encantadores a los que bien vale la pena rescatar. Stendhal es uno de los grandes retratistas de mujeres de todos los tiempos y es casi un lugar común afirmar que ha comprendido el alma femenina como nadie. Esta “comprensión” le hizo decir al muy sarcástico escritor italiano Alberto Savinio que “lo más femenino de las mujeres de Stendhal es el propio Stendhal”. El resultado son unas mujeres de armas tomar, como Mathilde de la Mole que no duda en llevarse la cabeza sanguinolenta de su amante, ejecutado en la guillotina por el asesinato frustrado de Mme de Rénal quien, a su vez, es una tierna y decidida mujer que hace lo imposible por salvar a su amado de perecer de esa manera.

Este es el mundo en el que nace y crece su desventurado héroe, Julien Sorel, joven de origen humilde, obligado por tanto a elegir entre “el rojo” y el “negro”, entre la opción rebelde y heroica, o la opción, en su caso hipócrita y calculada, de la sumisión al clero. Sorel, opta por lo segundo, traicionando sus sueños juveniles, y utiliza para medrar el amor que despierta a esas mujeres adorables a las que tanto aprecia Stendhal. Como Sorel es calculador, pero no frío, y para el autor el amor es un movimiento del alma, más que un deseo del cuerpo, los sentimientos pueden sobre los pensamientos y este fuego, como era de esperar en ambiente tan poco favorable, finalmente lo consume todo.

Stendhal, como hizo después Flaubert con Madame Bovary, se inspiró en un suceso real acaecido en 1826 en Rennes, donde un joven preceptor disparó contra su amante, la madre de sus discípulos, la cual, mediante una carta, impidió que se casara con una rica heredera. Pero Stendhal convierte esta burda historia de ambición y de celos en una historia terriblemente romántica. Transforma a ese joven ambicioso en un hombre desdichado que lucha contra la sociedad y que se ve obligado a adoptar una actitud hipócrita por mero instinto de supervivencia. El héroe de Stendhal es más idealista que su modelo y, en el fondo, le tientan más los honores que las satisfacciones materiales.

El resultado es una obra maestra, digna de ser leída una y otra vez, degustándola como lo que es: un festín de palabras, de ideas, de argumentos. Aunque no fue recibida con gran entusiasmo en su época, la posteridad le ha hecho justicia y, concretamente en España, ha conocido constantes reediciones, desde la primera vez que se tradujo en 1909 y hay, al menos, unas 15 traducciones diferentes de Rojo y negro, algunas excelentes, como ésta del profesor Antonio Vilanova (quien la había traducido ya en 1965), o la de Consuelo Berges, autora además de un estudio biográfico sobre el autor y creadora del Premio Stendhal de traducción, que otorga todos los años la Fundación que lleva su nombre.

Stendhal, Rojo y Negro Traducción de Antonio Vilanova, Editorial Lumen, 2001, 624 páginas

Este libro está disponible en la Tienda de Libros de El Corte Inglés
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