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EL ANTISEMITISMO VIAJA SOBRE DOS RUEDAS

El síndrome de Mar del Plata

La bestia parda viaja en bicicleta. Ya en los años 30 estaba encantada de hacer esas cosas sanas y juveniles. La juventud como valor y la vida en grupo al aire libre como regulador moral son cosas muy nacionales y muy socialistas y muy nacionalsocialistas.

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En las fantasías de la bestia parda, el judío es un tipo que vive en sótanos o trastiendas a media luz, leyendo con gafas algo que uno supone que es la Torá pero que debe de ser un libro de contabilidad considerablemente ajado: ya se sabe, el judío no está interesado en el oxígeno, sino en el oro. Por eso Palestina, que es una nación con derechos históricos desde hace unos 25 años, debe ser defendida desde un vehículo de dos ruedas y no contaminante.
 
Los organizadores de la "Bicicletada per Palestina", sumamente antiamericanos, como se sabe, han empapelado Barcelona, y la empapelarán aún más en los próximos días, con unos carteles absolutamente americanos, de esos de "Wanted" que aparecían en las oficinas de telégrafos y en los despachos de los sheriffs de los westerns con los retratos de delincuentes célebres como Billy el Niño, una prueba de originalidad e independencia cultural. En este caso, el buscado es Ariel Sharon, y como el dibujo en el que se pretende representarlo comiéndose una paloma de la paz (con la rama de olivo en el pico, como es debido y picassiano, otro alarde creativo) no es un buen dibujo, no se parece nada, ponen su nombre al pie.
 
Pero, a diferencia de los avisos clásicos del Oeste americano, ellos no ofrecen recompensa alguna. Ni hacen constar aquello de "vivo o muerto", probablemente porque lo quieren muerto. En cambio, proponen a un costado una lista de actividades para los días 26 y 27 de noviembre, a las que se supone que asistirá el proletariado ecológico en pleno.
 
La consigna de la convocatoria es "Palestina lliure!", y los platos principales son la ya mencionada concentración ciclista, el 26, y una manifestación contra la Cimera (Cumbre) Euromediterrània, el 27. Los otros manjares son, el 26, una "Jornada de debat contra la Mediterrània del capital i la guerra" y una "Manifestació cap al Fòrum" (hacia el Fórum, sitio en que se celebrará la reunión). Esto es una nueva muestra del reciente cambio de tono de las acciones antiglobalización, del que me ocupé hace poco en estas páginas y que podríamos bautizar como "el síndrome de Mar del Plata".
 
El síndrome de Mar del Plata refiere a un mal de la lógica, un estado de confusión, que lleva a los organizadores de un evento político a organizar en paralelo un contraevento especularmente opuesto al primero. Porque no hay duda de que los partidos que desde el poder llaman a miembros de los gobiernos de otros países a reunirse en Barcelona para ocuparse del Mediterráneo respaldan encantados a estos señores, porque todos ellos odian a los Estados Unidos y a Israel como si Abraham Lincoln y David Ben Gurión hubiesen asesinado a sus respectivas abuelas. (Cuando lo más probable es que algún abuelo de alguno de ellos le haya creado alguna dificultad a algún pariente de Ben Gurión, y ellos mismos estarían encantados de creársela a algún descendiente o sucesor de Lincoln).
 
Quienes padecen el síndrome de Mar del Plata disfrutan convocando cumbres y anticumbres en las mismas fechas. Eso fue lo que hizo Kirchner, y él mismo y su amigo Chávez estuvieron reunidos con los presidentes, y en los ratos libres el segundo salió a arengar a los contratados para reventar la reunión de presidentes y a decir de Bush en la calle lo que él no le había dicho en privado. En segunda acepción, el DRAE define la perversión como un "estado de error o corrupción de costumbres", pero la clínica psiquiátrica ha ido un poco más allá, resemantizando el término hasta darle valor patológico y reconociendo sus facetas eróticas, de modo que podemos permitirnos suponer que esos alardes de cinismo agresivo proporcionan a los Chávez de este mundo un verdadero placer.
 
Ellos saben que ninguna de las dos reuniones, la de autoridades y la de ciclistas, tiene otra finalidad que abundar en lo que ya sabemos: que a Europa, dulcemente inquieta en sus relaciones con el islam, no le queda más remedio que continuar reconociendo al Estado de Israel, no porque le parezca de mala educación hacer lo contrario, sino porque está obligada a portarse un poco mejor que en 1940, sobre todo por aquel juicio que se celebró en Nuremberg.
 
Eso será lo que dirán los funcionarios de los estados, con mejores o peores maneras. Coincidiremos en que para ese viaje sobran alforjas. Pero, para que no todo quede en medias tintas, habrán pensado los anfitriones y no pocos invitados, haremos hablar al pueblo, que siempre es más preciso y conciso que sus representantes oficiales. Al buen pueblo, deportivo, inocuo, ajeno al petróleo, pacífico y pacifista, que sólo de vez en cuando se roba un jamón cuando un escaparate se rompe por accidente.
 
Y para que se vea bien a las claras que éste es un país democrático (no una nación democrática), incluiremos en algún punto, entre la bicicletada propalestina y la marcha sobre el Fórum, un debate. Eso sí: no cualquier debate, sino uno contra el capital y la guerra. Contra el Mediterráneo del capital y la guerra. Lo normal es debatir sobre un asunto, evaluando pros y contras, pero como no hay pros en lo que al capital se refiere, y muchos menos en lo tocante a la guerra, vale que debatamos todos contra.
 
Claro que Palestina necesita capital, y que tanto lo necesita que, según informa Scott Shilo en El Reloj, el "elegido para manejar los asuntos financieros de la AP [Autoridad Palestina], Salam Fayid, ha solicitado a la inteligencia israelí [ayuda para] buscar las inversiones secretas de Arafat, estimadas en más de un billón de dólares [el billion americano no se corresponde a nuestro billón, sino al millardo (mil millones)]". "La AP –añade el cronista– quiere que el dinero ayude a crear un estado en Judea, Samaria y Gaza. La mayoría de los esfuerzos para encontrar el dinero están centralizados en hallar un paquete de inversiones complejas desparramadas por todo el mundo por el asesor y confidente financiero de Arafat, Mohammed Rashid. Rashid no ha colaborado voluntariamente con información detallada sobre esas inversiones".
 
Pero todo esto es irrelevante para los hombres (y mujeres) en bicicleta: apoyar la "causa" palestina (que no se sabe cuál es, si no es la creación del Estado) es estar contra el capital.
 
Y claro que los palestinos hacen la guerra. Desde antes de ser palestinos, desde 1947, cuando no eran más que árabes y esa guerra se llamaba, hasta para los más progres de la época, partidos comunistas incluidos, "conflicto árabe-israelí". Fueron ellos, los árabes, los que decidieron echar a los judíos al mar. Pero esto también es irrelevante para los de las bicicletas: ellos están contra la guerra, contra todas las guerras, de modo que si hacen suya la causa palestina será porque los palestinos sólo quieren la paz.
 
Traduzcamos, pues: "Contra el Mediterráneo del capital y de la guerra" significa "contra Israel". La causa palestina, que son incapaces de definir porque ni siquiera los palestinos la definen con precisión, es para ellos la gran excusa para manifestarse contra Israel. Lo que hacen ahora es lo mismo que hicieron ante la invasión de Irak: expresar su judeofobia.
 
En la pasada primavera, el Informe sobre Actitudes Globales Pew dio a conocer las actitudes desfavorables hacia los judíos en una serie de países, entre los cuales se contaba el nuestro. En los estados islámicos las cosas están claras: Jordania, 100%; Líbano, 98%; Marruecos, 88%; Indonesia, 76%; Pakistán, 74%; Turquía, 60%. Los resultados para los otros 11 países encuestados fueron: China, 49%; Polonia, 27%; Rusia, 26%; Alemania, 21%; España, 20 %; India, 17%; Francia, 16%; Holanda, 11%; Canadá, 11%; USA, 7%; Gran Bretaña, 6%.
 
Estamos ligeramente por debajo de las naciones históricamente más judeófobas de la historia: Polonia, Rusia, Alemania. En el entendido de que las respuestas a los encuestadores en temas tan espinosos rara vez son sinceras, y siendo muy generosos, podemos decir sin temor a equivocarnos que la actitud de uno de cada cuatro españoles es de hostilidad hacia los judíos. O, lo que es lo mismo, que no lo es la de tres de cada cuatro, aunque pocos acudirían a una manifestación en bicicleta (o a pie) en apoyo a Israel. Tal vez porque el liberalismo, por su misma esencia, carece de tradición organizativa en ese terreno. Ellos, los judeófobos, la tienen: llevan siglos de pogroms, agresiones, manifestaciones y desfiles en Berlín, Moscú y muchas otras ciudades. Han aprendido incluso a moverse y gritar sin decir su verdad, con consignas falsas a favor de esto o aquello para eludir la mención del verdadero objetivo. A favor de los palestinos, contra el capital y la guerra. Contra los judíos.
 
 
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