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LIBERALISMO

La libertad económica, salvaguardia de los Derechos Humanos

Una de las estafas intelectuales más notorias de nuestro tiempo es ésa que sostiene que la libertad es divisible, que es posible fraccionarla en dos: la política y la económica. Quienes la patrocinan aseveran también que la más importante en la vida de las personas es la política, y que la económica desempeña un papel subsidiario. Pues bien, se trata de una falsedad.

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Así como la filosofía es la madre de todas las ciencias, la libertad económica es la matriz de la totalidad de los derechos y libertades de real significación para el hombre común.
 
Hagamos un repaso de la historia de la Humanidad. La generalidad de los historiadores se esfuerza por transmitir la idea de que con la Revolución Industrial, surgida en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, la existencia de las clases humildes desmejoró notablemente, y describen las condiciones de vida de los obreros de entonces para que se comparen con las de hoy.
 
Logrado el impacto emocional deseado, inmediatamente desarrollan lo que ellos llaman "soluciones para la cuestión obrera", dando énfasis a las variantes socialistas. De ese modo, falazmente, se va inculcando la idea de que si ha mejorado notablemente el nivel de vida de la población en su conjunto es gracias a la intromisión del Estado en las áreas económica y social.
 
Pero, cronológicamente hablando, la realidad de la Humanidad fue exactamente a la inversa. Hasta la Revolución Industrial, las masas populares vivían permanentemente en la miseria más denigrante. Comparada con ella, la existencia de los obreros industriales era notablemente mejor. A su vez, lo que hizo posible esa "revolución pacífica" fueron ciertos hechos, ocurridos principalmente en Gran Bretaña, que la fueron cimentando. La piedra angular fue promulgación de la Carta Magna (1215).
 
Los acontecimientos se dieron de esta manera: Guillermo de Normandía, también apodado el Conquistador, tras la victoria de Hastings (1066) se convirtió en el monarca de Inglaterra. Inmediatamente organizó un Gobierno muy centralizado. Se apoderó de virtualmente todas las tierras del país, despojando a los nobles terratenientes de sus bienes. Entones, éstos pasaron a ser meros "administradores" del rey.
 
En 1200 asumió el poder Juan Sin Tierra, quien aumentó vigorosamente los impuestos. Ésta fue la gota que colmó la paciencia de la población. Apoyados por el clero y los habitantes de las ciudades, los nobles ingleses se sublevaron y obligaron al soberano a firmar la Magna Carta Libertatum, que consagró las libertades económicas, religiosas y políticas de los ingleses y se convirtió en el antecedente de los textos constitutivos de las democracias modernas, en las cuales el rasgo esencial es la limitación del poder del Ejecutivo (cualquiera sea la forma que éste adopte) y el respeto por los derechos individuales.
 
Juan Bautista Alberdi (1810-1884) fue el inspirador de la Constitución argentina de 1853. Gracias a la protección económica que brindaba, ese país pudo alzar vuelo, al punto que a principios del siglo XX llegó a estar entre las naciones más prósperas del planeta. "Las Cartas de Inglaterra, que forman el derecho constitucional de ese país modelo, no salieron de las academias ni de las escuelas de derecho, sino del buen sentido de sus nobles y de sus grandes propietarios", dijo Alberdi en su momento. Asimismo, advirtió de que en los planes de instrucción se debía "huir" de los "sofistas", porque promueven el surgimiento de demagogos.
 
No nos dejemos engañar: la evidencia histórica señala contundentemente que sin libertad económica no es posible una efectiva protección de los Derechos Humanos. En consecuencia, tampoco es posible vivir con dignidad.
 
 
© AIPE
 
HANA FISCHER, analista uruguaya.
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