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ANDALUCÍA

La responsabilidad histórica del Partido Popular

Fue en las municipales de 1979 cuando el PSOE llegó al gobierno de la inmensa mayoría de los municipios andaluces, aupado por la pinza de izquierdas con los partidos comunistas, desde el de Carrillo hasta los más radicales. Luego logró hacerse con la Junta preautonómica y finalmente, en 1982, tras someter a centristas y andalucistas a un acoso sectario y a descalificaciones sin precedentes, con la Junta autonómica.

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Treinta y años después, el PSOE todavía gobierna en la Junta de Andalucía con mayoría.

Pero todos los despotismos cometen errores y, por ello, pueden ser derrotados.

El primero fue traicionar la autonomía querida por los andaluces desde 1977, que no era sólo la autonomía administrativa de la Junta de Andalucía, la única importante para el PSOE, sino la autonomía personal de cada andaluz con base en el trabajo y la libertad, la autonomía de una sociedad civil postergada y la autonomía de unos ayuntamientos empobrecidos y marginados.

El segundo error es no haber logrado sacar a Andalucía de los últimos lugares del desarrollo económico y el bienestar social en más de un cuarto de siglo y no haberla convertido en una región próspera, equilibrada y cohesionada. A pesar de la inmensa maquinaria de propaganda del PSOE y de la Junta, no podrán cambiar el hecho de que Andalucía está entre las últimas regiones de España en empleo, PIB, renta disponible, salarios, pensiones e incluso prestaciones por desempleo. No digamos nada de educación, la peor de España, incluso de la sanidad. Tampoco es moco de pavo la división interna de Andalucía entre zonas pobres y ricas. Que un 90% de sus municipios no llegue a la renta andaluza media es socialmente inquietante e injusto.

Y el tercero, haber renunciado al mensaje de la España unida y común, de la España compartida, que no partida, y haberse rendido a los festejos del nacionalismo-socialismo catalán, especialmente, aceptando las teorías disgregadoras y asimétricas de Maragall, ahora escondidas bajo las faldas de Carme Chacón, aliada de José Antonio Griñán.

El PP, aun careciendo todavía de un a estricta igualdad electoral de oportunidades, como reconoce todo el mundo, tiene, a pesar de todo, una misión histórica: contribuir al enderezamiento del rumbo de España mediante la consecución del cambio en Andalucía. Tiene tres banderas básicas: la de las libertades y la autonomía cabal en el seno del proyecto de España, la del progreso real y la igualdad de oportunidades frente al progresismo de pacotilla y la de la ética civil y política en un estado constitucional.

El PP tiene la oportunidad de ennoblecer el debate político andaluz con una propuesta de potenciación de la autonomía personal, civil y municipal en el seno de una Andalucía concebida como sociedad abierta; con un programa de desarrollo económico realista y acelerado con mucho menor grado de intervencionismo y más vigor de la competencia y la eficiencia; con un proyecto anclado en la idea liberal de una Administración Pública de moderado peso, políticamente neutral, regida por el más estricto derecho administrativo y capaz de prestar servicios eficaces y de calidad; con una estrategia de igualdad real de oportunidades –sobre todo educación de calidad, sanidad y atención social–, en el marco de una sociedad dotada de estructuras solidarias; con un plan fiable de regeneración ética y democrática de instituciones acostumbradas a servir a un partido antes que a los ciudadanos y con un proyecto de desarrollo científico y cultural, tanto creativo como productivo.

No hay otro partido capaz de conseguir el cambio. Toda la responsabilidad histórica es, pues, del Partido Popular. No es fácil, pero, como le dice el perro al hueso: "Tú eres duro, pero yo no tengo otra cosa que hacer". Y, además, es urgente si se quiere evitar la consolidación definitiva de un régimen que ya ha extendido su tela de araña de manera inmisericorde y si se quiere salir del sufrimiento social derivado de la pésima labor de gobierno y de la gestión infame de una crisis económica nunca reconocida.

Las elecciones andaluzas de 2012

En las elecciones andaluzas se decide el futuro del conjunto de España por dos grandes razones:

a) El cambio en Andalucía hacia el desarrollo podría traer como consecuencia un equilibrio regional desconocido hasta ahora en la España democrática, con el consiguiente fortalecimiento de un gran Sur desde Madrid a Andalucía, incluyendo Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia y Valencia.

b) Como consecuencia de dicho cambio y del naufragio nacional de un PSOE contaminado por los excesos del radicalismo, podría producirse la refundación ética y política de la socialdemocracia española, degenerada por la oligarquía filototalitaria, nada ejemplar y a-ética consagrada en Suresnes.

En mayo de 1988, hace nada menos que 24 años, se escribía en El País:

Andalucía está a punto de cumplir nueve años como comunidad autónoma, con los mismos problemas que sirvieron de argumentos para las ya lejanas elecciones de mayo de 1979: un desempleo casi 10 puntos por encima de la media nacional y una infraestructura de servicios públicos y comunicaciones con niveles más bajos que el conjunto del país. Esta situación se mantiene pese a que la economía andaluza ha crecido más que la media de España en los últimos años. Ésta es también la comunidad que maneja un presupuesto mayor: casi 800.000 millones de pesetas este año.

Treinta y dos años después de 1979, el PSOE ha mantenido Andalucía en una situación semejante pero ha dispuesto de presupuestos altísimos asentados en la solidaridad nacional (más de 32.000 millones de euros este año) y la inmensa ayuda de la Unión Europea(casi 70.000 millones de euros desde 1986).

(...)

Además, el bendito Sur ha sido escenario de un estallido de corrupción que ha dejado entrever con claridad la espesa, pegajosa y terrible tela de araña que se ha extendido sobre la sociedad andaluza desde 1982.

(...) el proyecto político de reformas que inspira a Javier Arenas podría poner término al régimen que ha obstaculizado, y de qué modo, el desarrollo de Andalucía como sociedad abierta y podría poner los cimientos de un renacimiento económico, social, cultural y político que Andalucía espera desde la segunda mitad del siglo XIX.

Una Andalucía fuerte en un Sur de España fuerte hará imposible la hegemonía de los regionalismos separatistas, que tan cara cuesta a los ciudadanos de esta democracia, y haría posible que, por fin, los andaluces –no en la propaganda sino en los hechos, esto es, en empleo, PIB, renta, servicios, etcétera– fueran ciudadanos de primera en la España común. Además, el cambio en Andalucía tendría que producir como corolario el fin de la oligarquía monipodiana gestada en Suresnes –que desplazó a lo más razonable y ético del socialismo español– y una refundación sólidamente socialdemócrata, en la que los valores democráticos estén por encima del partido (...) Cada persona, cada ciudadano es el fin en sí mismo, como quería Kant y la mejor socialdemocracia europea, y esa asunción es la asignatura pendiente de un socialismo hispano que predicó el cambio y nos dio a todos el cambiazo desde 1982 (...).

Si Javier Arenas gana (...), la izquierda española podrá tener la esperanza del futuro abierto y Andalucía saboreará la esperanza de cumplir sus sueños de equiparación con las mejores regiones de España y de Europa desde la práctica de una democracia respetuosa con el Estado de Derecho y el control de la oposición.

Por ello, Andalucía es testigo de una importante batalla. Un PP que lleva perdiendo elecciones sin levantar la voz ni descalificar a nadie desde 1982 tendrá oportunidad de demostrar la madera ética y política de la que está hecho, en una región que necesita su impulso y cumplir con un papel histórico que ningún otro partido puede cumplir en este momento.

El PSOE andaluz, carcomido por la herencia de Suresnes y ahogado en su propia degeneración e ineficacia, buscará en una Izquierda Unida que no tiene la talla de la que alumbraron Anguita y Rejón prolongar unos años más su poder y su aparato logístico nacional, que sólo en los fondos andaluces podría encontrar financiación adecuada.

(...)

El día 25, la libertad y la razón pueden lograr que los andaluces se atrevan a hacer lo que necesitan hacer por sí mismos, por España y por la Humanidad. Contra el fatalismo de cualquier signo, nada está escrito. Lo escribirá la libertad de cada andaluz y andaluza en la papeleta de voto. 

 

NOTA: Este texto está tomado del libro LA TELA DE ARAÑA ANDALUZA: EL PODER DE UN RÉGIMEN, de Pedro de Tena y Antonio Barreda, que pueden leer íntegra y gratuitamente aquí.

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