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CRÓNICAS COSMOPOLITAS

Retrato del artista en el destierro

"...el infundio indemostrable de un Semprún colaboracionista en Buchenwald, que procede de su propio hermano, lo que muestra que lo del cainismo sigue siendo verdad", escribe Rafael Conte en su crítica al libro de Juan Pedro Quiñonero, . Pues yo, cainista o no, disto mucho de ser el único en haber hablado del papel de los kapos comunistas en Buchenwald.

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Desde el de David Rousset en los años de la posguerra, he leído innumerables testimonios y hasta el propio Semprún (Jorge) lo reconoce, si se sabe leer entre les lignes, pero claro, ocultando lo esencial y mintiendo descaradamente sobre el verdadero papel criminal de los kapos comunistas en los campos. Desde luego a las ordenes de los nazis y siempre bajo la amenaza de represalias. Pero no se puede esperar de Rafael Conte que ponga en tela de juicio absolutamente nada de la embustera leyenda comunista sobre los campos nazis, o lo que sea. Y ni mú sobre el Gulag, no faltaba más. Recuerdo un artículo turístico que publicó en ABC, después de un viaje a Cuba, en el que decía que jamás criticaría posibles defectos del régimen castrista mientras persista el bloqueo económico norteamericano a la isla. Buen ejemplo de hipocresía progre, alude a que el régimen podría tener "defectos", por si las moscas, pero su solidaridad antiyanqui le obligaba a silenciarlos. Reconocimiento implícito de su autocensura progre porque además sabe perfectamente que el boicot o bloqueo económico de los USA es ineficaz, ya que muchos países comercian con Cuba empezando por la UE y siguiendo con varios países latinoamericanos, y si es de poca monta, es porque el castrismo ha arruinado a Cuba.
 
Si yo no había hablado de éste libro de Quiñonero es, primero, porque no ejerzo de crítico literario, lo que tan bien hace Julia Escobar, y sobre todo porque Quiñonero habla tan bien de mi que me daba corte hablar bien de su estupendo libro. Teniendo en cuenta la bondad y la tolerancia que dominan las relaciones políticas y literarias en España, muchos hubieran pensado y dicho: "Claro, elogia el libro, porque el autor habla bien de él". No voy a presumir de exagerada modestia, y es cierto que, junto a insultos, he leído comentarios favorables a uno o varios de mis artículos, a uno o varios de mis libros, pero jamás he leído en un libro frases como ésta. "... Carlos (cuya vida se confunde, en definitiva, con la defensa de unos valores perseguidos y proscritos, siempre)". Y otras tan halagüeñas. Pero, basta de vanidad. Ya que me he metido en este berenjenal diré dos cositas sobre éste libro. Todos o casi todos los que escribimos hemos hablado de nuestras familias. Pero pocos lo han hecho tan bien como Quiñonero.
 
La saga de los Quiñonero, sus humildes placeres, sus laboriosos esfuerzos para salir adelante, su afición por los libros, sus tragedias (eran miembros de la CNT y fueron encarcelados), todo esto, tan humilde como admirable, lo relata Juan Pedro con emoción y sencillez y su familia nos resulta entrañable, como si la conociéramos de toda la vida. Pero hay muchas más cosas, ha realizado una serie de retratos de artistas en el destierro, precisamente, sobre todo españoles y sobre todo en París, pero no únicamente, que son de antología, y en los que mezcla de manera sugestiva la biografía de sus personajes con la historia de los lugares, calles, hoteles, etcétera, en donde dejaron sus huellas. Si me gusta el libro, esto no quiere decir que comparta todas las opiniones literarias, políticas o filosóficas del autor, pero esto es lógico, ya que no comparto totalmente las opiniones de nadie, ni siquiera las mías. Esto lo sabe perfectamente Quiñonero ya que nos vemos bastante a menudo y discutimos largo y tendido (lo cuenta en su libro de manera muy divertida).
 
Creo que Rafael Conte se equivoca rotundamente al escribir de Quiñonero "... siempre bajo la férula de un anarquismo bastante férreo, lo que le conduce a un anticomunismo total..." Lo dice para desprestigiarle ante sus lectores progres claro, pero yo no creo que se pueda decir seriamente que Quiñonero se sitúa hoy en un anarquismo férreo. Es ridículo, y nada tiene que ver con su amor por sus padres y tío que fueron de la CNT; incluso si muy brevemente sintió simpatías por la CNT legalizada hace más de 28 años. En cuanto a su anticomunismo total (menos que el mío), también hay que matizar. Es cierto, ¡y a mucha honra!, que jamás sucumbió a la moda del filocomunismo, filosovietismo o filomaoísmo, y en este sentido se le puede calificar de anticomunista, pero eso no le impide tener buenas relaciones y hasta simpatía con comunistas. El caso más conocido y el más incomprensible para mí es su amistad con Feliciano Fidalgo, pero no es el único. Para terminar, por ahora, con mis elogios, mesurados, a Quiñonero, contaré un episodio desconocido, me imagino, en España. Poco después de la tremenda matanza de Atocha, Quiñonero fue invitado a un cara a cara con la rata Ramón Chao por televisión y al haber calificado éste a José María Aznar nada menos que de asesino, Juan Pedro se enfureció tanto ante esa infamia que el presentador de la emisión, Serge Moatti, intentó inútilmente aplacar los ánimos. Debía temer que se dieran de hostias en el plató. Es un detalle.
 
También es cierto que es poco frecuente que Rafael Conte, Bobelia y El País dediquen un relativamente largo artículo a un libro que no va por su onda, salvo si se trata de famosos, porque Bobelia es esencialmente un órgano de propaganda para sus productos y sus ideas, y si tolera de vez en cuando, un capricho de sus redactores es para mejor disimular su carácter publicitario. Y El País es una vergüenza nacional. Hace más de seis meses desde los atentados y el Ministerio de Interior no ha comunicado ningún dato nuevo fiable, ninguna nueva pista verificable. A cambio, una campaña de infundios y mentiras, de intolerancia y de odio, contra el anterior gobierno y José María Aznar. Mienten y acusan a los otros de ser mentirosos. De todas formas, a nivel de mentira política nadie ha superado, por ahora, lo de "me enteré por la prensa" de Felipe González. Y el que lleva la batuta y hasta conduce la campaña de infundios e infamias es El País. Espero que dentro de poco le ocurra lo que le ocurre a su compinche Le Monde que pierde lectores y pierde dinero a mansalva. ¿Cómo reaccionan? Como cualquier empresa capitalista mal dirigida: despidiendo a más de cien periodistas y administrativos. Esto que denuncian todos los días tratándose de otras empresas, lo hacen ellos sin complejos. ¿No son de izquierdas?
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