
Ruy y Tito son unos rockeros habaneros. Llevan años deseando llegar a ser alguien en la música cubana. Para ello han decido jugarse todo para ofrecer un concierto en un teatro en desuso. Pero hete aquí que llegan unos españoles cazatalentos, representantes de una discográfica multinacional, y les ofrecen dar el salto a una carrera internacional. Pero hay que pagar un precio: suspender el concierto y no volver a la Cuba de Castro; es decir, venderse como músicos escapados del castrismo. Aunque ellos “pasan” de la política, no les gusta verse utilizados. Y la oferta es única. Ruy y Tito quieren salir de Cuba y ser famosos, pero ¿a cualquier precio?
Esta peripecia es casi anecdótica en el contexto del drama humano que vive cada uno, drama en el que Zambrano se mueve como pez en el agua –como demostró en Solas-. Ruy sufre con dolor el proceso de separación de la madre de sus dos hijos, Caridad, una joven luchadora que quiere irse a Miami, donde su madre sobrevive con dificultad. Tito también quiere irse, pero tendría que dejar sola a su abuela, una mujer de carácter que canta como los ángeles.