
El equipo de Silk puso a un chimpancé en una situación en la que tenía la opción de tirar de una de entre dos cuerdas. Si tiraba de la primera, el chimpancé recibía comida. Si tiraba de la segunda, el chimpancé recibía la misma comida pero, además, otro mono en una jaula anexa también recibía esa misma cantidad de comida.
Lo que Silk descubrió fue que "los chimpancés eran completamente indiferentes" a la situación de su vecino. Tiraban de la primera cuerda casi la mitad de las veces y el resto tiraban de la otra. Y esta indiferencia se manifestaba aunque el chimpancé vecino a menudo rogara o implorara a su benefactor en potencia a que tirase de la segunda cuerda. "A veces tenían la cuerda en frente de sus narices. Pero los gestos de ruego no parecían tener mucho impacto en el comportamiento del chimpancé", dijo Silk.
La pregunta para los naturalistas es por qué los humanos muestran increíbles actos de compasión –como los vistos en la Costa del Golfo o en el tsunami del Océano Índico a principios de año– pero animales inteligentes y con conciencia propia como los chimpancés no lo hacen. Mientras que hay ejemplos contrarios en ambos lados (no todos los humanos son compasivos siempre y los chimpancés a veces parecen actuar de manera caritativa) el asunto sigue siendo válido.
Silk dice que "es importante darse cuenta de lo cooperativa que es la gente y qué distinta es de otras criaturas". Los chimpancés son conocidos por su habilidad para la cooperación si ambas partes pueden sacar algo de provecho que de otra forma no hubiesen logrado. Pero con los humanos no es igual. "La escala de cooperación es distinta" dice Silk. "Tenemos sociedades estratificadas, tenemos división de trabajo. Y otros animales no han logrado alcanzarnos en esto. La pregunta es "¿Por qué? ¿Qué es lo que ha permitido que nosotros lo consigamos y otros animales no?"
Claro que la búsqueda de una respuesta puramente naturalista o mecánica a tal pregunta sería obligadamente fútil. Pero las observaciones de Silk sí nos llevan a preguntas importantes sobre el ser humano que son vistas en las ciencias morales. Y aunque no todos los humanos actúen con compasión y quizá no todos los animales actúen egoístamente, la realidad importante es reconocer que nosotros llegamos a conclusiones morales sobre ese comportamiento.
Lo que puede ser más ilustrativo acerca de la investigación de Silk es que clarifica el hecho que los humanos hacen juicios de valoración sobre los actos egoístas y los actos desinteresados. Si el mono se rehusa a compartir cuando no le costaría nada hacerlo, nos inclinamos a afirmar que es un mono "malo" o "travieso". Como mínimo vemos lo distintos que en realidad son los humanos y los chimpancés. Pero aún más, si una persona ayuda a su prójimo, lo juzgamos como un acto virtuoso. Y cuando una persona se niega a hacerlo, lo reconocemos como un fallo moral y vemos que algo le falta.
En realidad, la obligación de mostrar compasión hacia nuestros congéneres ha sido una base de la enseñanza moral a través de la historia de la humanidad y se encuentra en todas las grandes religiones del mundo. Sócrates y Confucio están de acuerdo en que no deberíamos hacer a otros lo que no queremos que nos hagan a nosotros.
Pero la doctrina cristiana de la imagen y semejanza a Dios va al meollo del asunto y da una respuesta exhaustiva a esas preguntas. La historia de la Creación del Génesis nos cuenta que "Dios creo al hombre a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó". Los teólogos cristianos que han puesto a menudo énfasis en la frase final, "varón y hembra los creó" es parte constitutiva de lo que significa ser creado a imagen y semejanza de Dios. Hay una sociabilidad inherente en la persona humana.
Este aspecto social de la imagen de Dios nos da un entendimiento de la conexión entre los dos famosos mandamientos del amor. ¿Qué es lo que lleva a los seres humanos a actuar con compasión cuando no lo hacen los animales? Muy simple: somos creados con un propósito, amar a Dios amando al prójimo.
Jordan Ballor es editor asociado con el Instituto Acton para el Estudio de la Religión y la Libertad en Grand Rapids, Michigan.