
Cuatro frívolas mujeres de la alta sociedad comparten su gusto por la moda y sus aventuras sentimentales. Como adolescentes cuarentonas hablan de conquistas, experiencias sexuales y consumo desenfrenado de marcas.
En la película es Carrie la noticia, pues ha decido casarse, y las grandes revistas de moda se hacen eco del sensacional evento. Pero la boda va a dar que hablar más de lo esperado. La película, de excesivo metraje, es zafia como ella sola, y a pesar de pretender un mensaje tradicional de nostalgia de bodas y casamientos, lo que realmente ilustra es un ideal de vida que, levantado sobre poderosas American Express, se basa en la superficialidad hecha carne, y en el consumismo como consistencia personal.
Si visitamos esa postmoderna biblioteca de Alejandría que se llama Wikipedia, encontramos que el índice de su página dedicada a este producto audiovisual está estructurado de esta manera: Amantes: a) Amantes de Carrie; b) Amantes de Charlotte; c) Amantes de Miranda; d) Amantes de Samantha... Un índice muy elocuente. Wikipedia presenta Sexo en Nueva York de esta manera: "Carrie Bradshaw y sus tres mejores amigas exploran el duro papel de ser una mujer soltera y sexualmente activa en el nuevo milenio". Un papel duro, sin duda. Además de trabajar intensamente como ejecutivas agresivas, tienen que sacar tiempo para una intensa gimnasia pélvica y para ir de compras a las tiendas de moda más selectas de Manhattan. Homérico, ciertamente.
Pero lo interesante no es que rompan tabúes sexuales, sino que ellas plasman en pantalla el modelo referencial de la actualidad: el eterno adolescente. Los adultos de hoy quieren perpetuarse en una adolescencia permanente. Pero a diferencia de la adolescencia natural, esta otra, contra natura, viene con las chequeras repletas, propiciando una mezcla explosiva. El dinero, el sexo, el amor... todo como se lo plantearía un estereotipado adolescente irresponsable, pero con recursos de adulto. Este es el nuevo ideal que plantea la sociedad. Por esto la serie y película seducen tanto a adolescentes como a mujeres treintañeras.
No nos engañemos, el matrimonio que propone el film como una salida aceptable para nuestras cuarentonas protagonistas, se plantea como una alternativa de estabilidad y seguridad emocional para quien ya tiñe canas. Nada tiene que ver con una visión cristiana del amor conyugal. Lo digo porque hay quien ve en el film un mensaje tradicional de fondo, que creo que no existe. En fin, Sexo en Nueva York es en cine lo que hace mucho que impera en las revistas femeninas tipo Cosmopolitan: una paradójica visión entre machista y gay del universo femenino.