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Soraya ya habla de Albert

No quería hablar de Ciudadanos pero dijo que Garicano pedía el rescate económico de España. Ya. Y Rajoy iba a bajar impuestos.

Javier Somalo
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Hablamos demasiado de Podemos, dimos demasiada cancha a UPyD y luego, demasiada a Ciudadanos. Escondemos demasiado a Vox. Este tipo de reproches nos llegan, vía Twitter, de algunos personajes que se crecen, también demasiado, cuando se ven políticos y, por tanto, quieren dirigir medios de comunicación. En este mundo, si quieres un titular en portada no tienes más que hacer algo que lo merezca. Bien o mal. Pero algunos quieren acceder a la portada desde la trastienda, aun a costa de perjudicar al partido que les ha fichado, y que parezca un accidente.

La realidad, si algunos desde dentro no se empeñaran en estropearla, es que UPyD, Ciudadanos y Vox existen porque los principios que votaba la mayoría de los españoles han desaparecido. Y hubo uno que una vez compartieron votantes de PP y PSOE: España. Millones de ciudadanos de izquierda y de derecha votaban por sus ideas como españoles y no lo veían ni discutido ni discutible. Es el abandono de la idea de España lo que hace surgir estas nuevas formaciones. Después, por esa brecha y gracias a la crisis y la corrupción entra también el populismo de Podemos intentando convertir la confusión en catarsis.

Las políticas antiterroristas inconfesables, la propia corrupción o las peores medidas contra la crisis no han sido sino derivadas del mismo problema, real y único: el nacionalismo catalán, que ha recogido los frutos sembrados por el nacionalismo vasco, alimentados ambos desde los partidos antaño nacionales que los necesitaron para creer que estaban en el poder, PP y PSOE. Esa hipoteca no se puede cancelar.

La razón de ser de Ciudadanos, UPyD y Vox es la resistencia al nacionalismo, no hay otra. Si algunos de sus miembros, en el transcurrir cotidiano, prefieren jugar en la Segunda División del bipartidismo aspirando al ascenso, allá ellos. Las tres formaciones han dado muchas razones a muchos votantes y este año hay varias oportunidades para decidir, según cada uno, quién da más.

Los dos partidos tradicionales también tienen excepciones que aún no sabemos si optarán al escrutinio ciudadano. De momento, languidecen en la táctica oficial y suicida consistente en pulverizar a Ciudadanos, UPyD y Vox y que el Coco Iglesias haga el resto formando filas de incondicionales bipartidistas que acudan a las urnas protegidos, como el gran Boadella, con una mascarilla. Aunque sepan, a ciencia cierta, que eso ya no resulta posible.

Pero este viernes, nuevo día de la Marmota, se produjo el hecho, el gran momento en el que una vicepresidenta y portavoz del Gobierno viola su pomposo juramento de que "en esta mesa no me oirán criticar a partidos porque esta es la mesa del portavoz del Gobierno". Lo hizo María Teresa Fernández de la Vega y lo ha hecho Soraya Sáenz de Santamaría, tan difíciles ambas de encajar en titulares cortos. Y cuando lo hacen es porque la urgencia bien vale el perjurio. No quería hablar de Ciudadanos pero dijo que Luis Garicano, autor del programa económico del partido de Rivera, pedía el rescate económico de España. Ya. Y Rajoy iba a bajar impuestos, iba a blindar la independencia del poder judicial, iba a impedir el referéndum catalán, y no sé qué más iba a hacer. Además, ¿no se habló de que el PP quería fichar a Garicano como ministro? No digo que fuera cierto ni que el propio aludido estuviera al tanto, pero que se lanzó ese globo sonda es tan cierto como que Rajoy iba a… y no fue. Ahora resulta que el presidente del Gobierno evitó algo terrible que Albert Rivera habría consentido.

Esta semana política ha sido importante. La estrategia del ninguneo acaba de darse la vuelta, Soraya ya habla de Albert mientras el PP sigue sin candidatos, en las sedes socialistas de Ferraz y Miguel Yuste deciden si las primarias son buenas o no y el "intelectual" Monedero –así se refiere a sí mismo–afianza su procedencia caribeña con una rueda de prensa castrista en tiempo y forma tras la cual ha quedado claro que todo sigue igual de oscuro. No sé hacia dónde pero vamos avanzando.

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