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Jeff Jacoby

El mito de la minoría blanca

A principios del siglo XX, los funcionarios federales de Inmigración clasificaban a los irlandeses, los italianos y los judíos como razas separadas. Pero hoy día todos esos grupos son recogidos colectiva y benignamente como "blancos".

Los medios se han apresurado a dar la noticia de que la semana pasada la Oficina del Censo anunció que en el transcurso de una generación la proporción de americanos blancos se reducirá hasta menos de la mitad de la población de los Estados Unidos.

"Un nuevo informe del Censo afirma que los blancos en Estados Unidos serán una minoría hacia el año 2042", anunció la locutora Farai Chideya en la radio pública. Mientras, en CNN, Tony Harris proclamaba que "el aspecto de América está cambiando, y mucho más rápido de lo que se podría pensar: según afirma la Oficina del Censo, en apenas 34 años los blancos ya no serán mayoría en este país". Por su parte, la agencia Associated Press difundió una nota titulada "Los blancos norteamericanos ya no serán mayoría en 2042". En el Wall Street Journal, una tabla mostraba "el porcentaje del declive" de los blancos en tres horquillas de edades, tres líneas que se precipitan hacia abajo. Una vez más la insana obsesión nacional por dividir a la gente en categorías basadas en el color y el origen de los antepasados es noticia.

Sin embargo, hay un problema adicional en la cobertura mediática sobre cómo los blancos en América se están convirtiendo en una minoría: La Oficina del Censo nunca dijo una cosa así, como pueden comprobar ustedes mismos consultando las cifras en su página web. En una tabla titulada Proyecciones de la población hispana según raza y origen en los Estados Unidos: 2008- 2050 se pronostica un incremento en la cifra de blancos de los alrededor de 243 millones de hoy hasta los 325 a mediados de siglo, 82 millones más. Una tabla de apoyo contiene los porcentajes: los blancos constituyen hoy en día casi el 80% de la población norteamericana. En 2050 serán el 74%; algo menos, pero aún así una mayoría muy clara.

Entonces ¿qué explica la sempiterna cantinela acerca de una inminente minoría blanca? Una distorsión estadística: la exclusión de los hispanos blancos. Si sólo se contabilizan los blancos no hispanos, la población blanca de hoy equivale al 66% del total y descenderá hasta más o menos el 45% hacia el año 2050.

Pero excluir a los blancos hispanos de la población total blanca no tiene mucho más sentido que excluir a los de origen eslavo o escandinavo. "Hispano" no es una raza, sino una categoría étnica. Como señala repetidamente la Oficina del Censo, los hispanos pueden ser de cualquier raza. En el censo del año 2000, el 48% se identificaba como blanco; el sociólogo de la Universidad de Harvard Orlando Patterson los caracteriza como "blancos en cada uno de los sentidos sociales de la palabra". La conclusión es que de los 46,6 millones de hispanos en los Estados Unidos hoy, al menos 22 millones son blancos, aunque simular lo contrario tenga ventajas para la agenda política o racial de algunos.

Tanto en la izquierda como en la derecha existen presiones encaminadas a que los hispanos sean tratados como categoría racial aparte. Muchos en la izquierda codician la atención política y el dinero público destinados a los programas de discriminación positiva que conlleva el estatus de minoría. Mientras tanto, en algunos sectores de la derecha los alarmistas de la inmigración advierten de que los hispanos están desbordando la cultura "blanca" de la nación, disolviendo los vínculos lingüísticos y el patriotismo de los que depende la civilización americana.

Una de las lecciones de la historia de los Estados Unidos es que las categorías raciales son cualquier cosa menos clasificaciones científicas significativas. Los "blancos" llevan generaciones oyendo decir que están a punto de ser engullidos por razas extranjeras sin asimilar. Durante generaciones, esas "razas" han progresado hasta convertirse en... ¡blancos! Benjamin Franklin estaba muy preocupado por la amenaza que el influjo de inmigrantes alemanes representaba para la cultura americana. En 1751 protestaba preguntándose: "¿Por qué Pensilvania, fundada por ingleses, tiene que convertirse en una colonia de inmigrantes que pronto serán tan numerosos como para germanizarnos en lugar de anglificarse?". Franklin estaba completamente seguro de que esos alemanes "morenos, nunca van a adoptar nuestro idioma ni nuestras costumbres mucho más de lo que podrán adoptar nuestro aspecto".

Un siglo y medio más tarde, el senador Henry Cabot Lodge describía de forma demoledora a los rusos, los griegos y los polacos que entraban en el país como "razas que los pueblos angloparlantes no han logrado asimilar nunca hasta ahora, y que son muy diferentes del gran colectivo de habitantes de los Estados Unidos". A principios del siglo XX, los funcionarios federales de Inmigración clasificaban a los irlandeses, los italianos y los judíos como razas separadas. Pero hoy día todos esos grupos son recogidos colectiva y benignamente como "blancos".

Lo mismo les pasará con el tiempo a los hispanos, que están emitiendo todas las señales de ser exactamente igual de asimilables que los grupos que les precedieron. Por ejemplo, la mayoría de los hispanoamericanos de tercera generación no se casa con otros hispanos. La aplastante mayoría habla inglés, y en muchos casos solamente inglés. Con algo de suerte, sentido común y buena voluntad, en 2050 será tan extraño hablar de "blancos no hispanos" como lo sería hoy insistir en que sólo los "blancos no alemanes" lo son de verdad.

Mejor aún, quizá para entonces hayamos progresado de verdad, es decir, hayamos abandonado de una vez el perjudicial y confuso concepto de categorías raciales.

Jeff Jacoby, columnista del Boston Globe

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