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La ley del silencio

Diversidad en los temas que abordan las portadas de la prensa de hoy: las labores de limpieza en la Basílica de la Natividad en Belén, la exclusiva de El Mundo sobre el trabajo esclavo en Birmania, las entrevistas a José María Aznar (La Razón), a Mariano Rajoy (El País), a Eduardo Duhalde (ABC y El País) y a Nicolás Redondo Terreros (ABC), así como también la presentación del proyecto de Ley de Calidad de la Enseñanza y la polémica en torno a la fusión de Sogecable y Vía Digital, son los temas más destacados.

Sólo El Mundo (quizá más por razón de su guerra particular con Telefónica que por amor al pluralismo mediático) se atreve a quebrar la aquiescencia y la pasividad generales —promovida desde el Gobierno por el propio José María Aznar— en torno a la fusión de las dos plataformas digitales que acaparan la práctica totalidad del mercado de la televisión de pago. Se pregunta el diario de Pedro J., con toda razón, por qué los líderes del PP y del PSOE han impuesto silencio a sus filas (los únicos que se han pronunciado han sido Álvarez Cascos y José Blanco, en contra y a favor respectivamente). Y lo atribuye al “reverencial respeto” que impone el miedo a tener a “Jesús del gran poder” en contra. El Mundo sostiene que el Presidente del Gobierno debería pronunciarse sobre esta cuestión, del mismo modo que lo ha hecho en otros temas de gran importancia para la sociedad, como la Ley de Partidos, el Plan Hidrológico, la Ley de Calidad de la Enseñanza; aún más si cabe, habida cuenta de que la operación que han acordado Alierta y Polanco va en contra —como señaló Arenas antes de que Aznar decretase “la ley del silencio”— del programa con el que el PP ganó las elecciones. “Este silencio administrativo”, dice El Mundo, “en espera de lo que decida Defensa de la Competencia, se presta a todo tipo de interpretaciones. Desde la más obvia —quien calla otorga— hasta las que mezclan la alianza con el proceso sucesorio de Aznar”. También en El Mundo, Jesús Cacho sostiene que Alierta informó por anticipado a Aznar del acuerdo de fusión a través de Rato, quien según el periodista, “avaló la operación”. “¿Qué hará el Servicio de Defensa de la Competencia? Muchos dirán que lo que diga Rato, previa consulta con Aznar. Desde luego, si dicho Servicio actuara con la diligencia desplegada en la fusión Endesa-Iberdrola, el acuerdo de las plataformas debería ocuparle apenas media hora de discusión”. Certero análisis el de Cacho y difícil papeleta la de Defensa de la Competencia: si aprueba la fusión, será imposible que el dictamen sea considerado libre de influencias políticas y surgirá el agravio comparativo con una situación mucho menos peligrosa para los consumidores, como fue la abortada fusión de las eléctricas. Y si la deniega... en fin, sólo hay que recordar lo que les ha sucedido a quienes se han interpuesto en el camino de Don Jesús. Lo que parece menos probable —y menos creíble— es que Aznar esté jugando la carta del laissez faire en cuestiones empresariales, precisamente en lo tocante a esta materia, que fue uno de los ejes de su programa electoral del 96 y que justificó precisamente la creación de Vía Digital, que luego le salió rana. Hoy paga el error de querer combatir a Polanco con sus propias armas, en lugar de hacerlo garantizando y promoviendo el pluralismo y la independencia informativa. Medios no le faltaban, y podía haber empezado por RTVE, que era lo que más cerca tenía, y que quedará como herencia para su sucesor en La Moncloa... que puede no ser del PP.

A no ser que se coincida con el director de ABC, José Antonio Zarzalejos, en que “la opción ideológica y de Gobierno que hoy representa el Partido Popular no precisa ya de asideros que, por forzados, siempre corren el riesgo de la precariedad. Le basta la concurrencia con un proyecto democrático, reformista y moderado como el que encarna y que obtuvo en las elecciones generales del año 2000 un respaldo mayoritario”. En otras palabras, el centro derecha español está ya tan consolidado, según el director de ABC, que ya no necesita de apoyos mediáticos. Craso error. Quien olvida la Historia está condenado a repetirla, y olvidar los años de plomo del felipismo —donde, por cierto, quedaban aún muchos más medios y periodistas verdaderamente independientes de los que hoy subsisten— y el acoso a la prensa y los periodistas desafectos que entonces tuvo lugar es tanto como olvidar que no hace muchos años España corría grave peligro de mejicanización política, objetivo al que González y Cebrián aún no han renunciado, aunque sea por persona interpuesta. Quienes crean que Polanco devolverá el favor al futuro sucesor de Aznar, dándole un trato de amigo —o, al menos, neutral— en las campañas electorales, o quienes esperan que un Gobierno, sea el que sea, podrá imponer “pluraridad informativa” a PRISA se equivocan de medio a medio... o quieren confundir a la opinión pública, ocultando que aquí, quien más manda y quien se ha llevado el gato al agua, es Don Jesús.


La Razón, por su parte, tampoco entra a analizar las claves políticas y las consecuencias de la fusión digital. Luis María Ansón entrevista a José María Aznar, quien escurre el bulto sentenciando “que den esa opinión —sobre la fusión— los que han hecho la operación”. Ansón le brinda al Presidente del Gobierno ocasión sobrada para lucir sus méritos como gobernante —que son muchos e indiscutibles—, magnificados hasta la adulación en el comentario editorial que su diario dedica a la entrevista: “El arma de Aznar (...) es el sentido común (...). Como él mismo reconoce a Anson en la entrevista, es ‘un gobernante bastante predecible’. Tanto y tan lógico en sus decisiones, que muchas veces sorprende a quienes buscan tres pies al gato con oscuras estrategias y maquiavélicas tácticas (...) seis años en el poder no tienen por qué cambiar las convicciones o el talante moral de las personas”. Puede que el talante moral de Aznar no haya cambiado un ápice... pero ¿sus convicciones tampoco?. La parte ética de su programa —”tirar de la manta” de la corrupción, acabar con los monopolios públicos y privados en los medios de comunicación— quedó aparcada en su primera legislatura por razón —entonces se dijo— de su debilidad parlamentaria. Pero en la segunda, con mayoría absoluta, ninguno de estos problemas se ha abordado seriamente. ¿Aggiornamento? ¿Posibilismo? ¿O más bien simple cambio de convicciones en la nueva línea del “centro-reformismo” apolancado?

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