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El futuro de Podemos

El PP debería apartar algo sus focos de Podemos. Puede servirle para recuperar votantes, pero también beneficia a los de Pablo Iglesias.

Joaquín Leguina
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No creo que la mayoría de sus 1.200.000 votantes conociera bien ni a los líderes creadores de Podemos, ni sus ideas ni su programa electoral. Pero buena parte de esos electores sí conocían la contundencia de sus críticas, no sólo contra las políticas impuestas por la UE, también contra la corrupción y la invasión partidista en cajas, judicatura, función pública, etc. Críticas que afectaban por igual al PP y al PSOE ("PPSOE"), "la casta, "el régimen de 1978". Si se quiere, criticas sin matices, demagógicas, pero eran certeras y capaces de llegar a la muchísima gente cabreada que hay –con tanta razón– en España y que no es precisamente iletrada.

La dirigencia de Podemos estaba y está constituida por un grupo de profesores (de segundo nivel) de la Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense, izquierdistas y colaboradores del chavismo. Unos profesores de ciencia política para quienes, por ejemplo, en la escena internacional sólo existe un verdadero diablo: el imperialismo yanqui, y quien se oponga a los yanquis se convierte, ipso facto, en alguien a elogiar o tolerar. Así, por ejemplo, a alguno de esos líderes se le vio gritar "¡Asesinos!" ante la sede del PP el 12 de marzo de 2004, pero no se les oyó una sola palabra contra los desalmados yihadistas que habían masacrado a 200 personas a hora muy temprana, mientras iban a sus labores cotidianas. A juzgar por sus gritos, la culpa de esas muertes la tenía Aznar por haber enviado tropas a Irak. Una mentalidad, como se ve, llena de rigor científico y de decencia moral.

¿Cómo consiguieron hacer llegar al gran público su mensaje? De esto se encargaron las televisiones privadas, propiedad, ellas sí, de una casta, un cuasi duopolio (Berlusconi, Lara) que, como suele ocurrir, vio en aquellos muchachos espabilados, irreverentes y polémicos un buen anzuelo para pescar audiencia y, claro, no lo desaprovecharon. "No me importa ir a un lugar en el que me pongan a parir, con tal de que haya gente que me vea y me oiga", se dice que contestó Iglesias a quien le preguntó por su insólita presencia en una televisión tan progre como Intereconomía.

Si uno sigue con alguna atención los debates en los que participa el trío dirigente (Iglesias, Monedero y Errejón) puede comprobar que huyen como de la quema cuando han de defender sus propuestas (electorales o no), volviendo una y otra vez, machaconamente, a las críticas, a las descalificaciones nada originales, como esa de la "la casta" (un invento de Beppe Grillo), en la cual meten sin matiz alguno a PP y PSOE e incluso a IU. De ello se puede deducir que se sienten muy a gusto en dos papeles: el de la Inmaculada Concepción (puros y castos) y, a la vez, el del Dios tronante, amenazando con los males del infierno a todo aquel que se le oponga; pero con ese complejo de superioridad no se puede volar muy lejos. Por eso es muy probable que los líderes de Podemos se estén replanteando su posición ideológica y también sus propuestas políticas.

Para comenzar, están transformando el movimiento en un partido político, con mucha votación interna, mas, a lo que parece, con un mando rígido y estable que trabaja con mano de hierro en la nueva organización. Tampoco en el campo ideológico parecen estar quietos.

Por ejemplo, la opinión de Monedero respecto a IU no deja de ser significativa. Preguntado sobre los posibles pactos entre ambas formaciones, contestó así:

Podemos no va a ser la UCI de la ningún partido del régimen del 78. Nos interesa infinitamente menos la unidad de la izquierda que la unidad popular. Para cambiar este país necesitamos construir mayorías. No ser el pegamento de los fragmentos de la izquierda.

No sé si Podemos tendrá éxito en las municipales, en las autonómicas o en las generales, pero lo más probable es que ya no sea el Podemos de las europeas, y tampoco podrá beneficiarse del factor sorpresa como en mayo de 2014.

¿Y qué debe hacer el PSOE ante el subidón de Podemos? Pues recordar lo que ha sido casi siempre: un partido socialdemócrata de Gobierno, apostando con credibilidad por una mejora profunda de la democracia y ofreciendo soluciones viables que saquen a las capas medias, sobre todo a las asalariadas, del pozo donde las ha metido una pésima gestión de la crisis. Por su parte, el PP debería apartar algo sus focos de Podemos. Puede servirle para que sus votantes vuelvan al redil, pero también beneficia a los de Pablo Iglesias mostrándolos como "el único referente para ganar a la derecha".

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