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Un país, 14 monedas

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Yo sé, Ud. pensará... qué exagerado. No puede ser; y se lo está imaginando, una moneda para Andalucía, pero que no circula en Galicia; o el “dinero” Manchego, que no es aceptado en el País Vasco, y así sucesivamente... De pesadilla.

Se lo cuento para que tenga una pálida idea de lo que sucede en este otrora promisorio país. Vea Ud.; como la parálisis lleva ya cerca de 40 meses, fue cuestión de comenzar a recortar algunos gastos porque el déficit fiscal era ya insostenible. En el nivel nacional, las reducciones avanzan a paso de tortuga, pero se avanza, sobre todo en el área del Poder Ejecutivo. La legislatura (Senado y Cámara de Diputados) se muestra muy renuente a suprimir gastos de vehículos, combustible, asesores, pasajes aéreos y demás aditamentos que hacen apenas soportables las fatigas del legislador.

Claro que las magras economías que se están logrando en la administración central no resultan suficientes y así fue como la Presidencia intentó tímidamente meter mano a los “señores feudales” –que en cualquier momento comenzarán a reclutar sus propias mesnadas–. El expediente fue la reducción de la denominada “coparticipación federal”, porción de los impuestos recaudados por la nación que se giran a los estados provinciales.

La primera batalla en esta guerra se libró hace un par de meses, cuando la nación pretendió (finalmente con éxito) ligar el monto que se transfiere a las provincias al total recaudado por el Estado. Esto violaba lo que se conocía como “piso” de la coparticipación, suma que el Estado debía satisfacer, no importa cuál fuera la recaudación general de impuestos.

El problema es que desde que el ex ministro Domingo Cavallo (el orate) instalara el llamado “corralito financiero” (la incautación lisa y llana de plazos fijos y depósitos bancarios), la recaudación fiscal viene, en virtud de la ausencia de circulante y de una rebeldía fiscal que se extiende, cayendo como un pianito desde un décimo piso. Así las cosas, y atento a que la Nación no podía girar los fondos prometidos a los estados provinciales, quedaban sólo dos opciones, o estos iniciaban una política de responsable austeridad o ... se lanzaban a emitir.

Adivine Ud. lo que sucedió. No es difícil, ¿verdad? Claro que de acuerdo a nuestras vapuleadas leyes, solo la nación puede emitir moneda. Solución: emitamos “cuasi-moneda”. Así, en los últimos 4 meses vieron la luz en partos sucesivos 14 (¿o ya son 18?) cuasi-monedas, algunas con nombres pintorescos, Lecop, Patacones, Quebrachos; otras con siglas más o menos impronunciables, y los estados provinciales no resultaron particularmente tímidos a la hora de emitir.

¿Qué hacen con ellos? Pagan a los empleados públicos (todo o parte de sus haberes mensuales) y a proveedores y contratistas. Con esto, se fuerza su circulación, muchas veces limitada al territorio provincial y, en algunos casos, aceptados a regañadientes por las provincias colindantes. Obvio es decir que esto creó un “mercado secundario” que se evidencia en los avisos clasificados de los diarios locales, donde se publicita la compra de estos “bonos” a valores que ciertamente no son los nominales.

Hasta hace pocas semanas la renuencia de los comerciantes para aceptar el pago en los que se denominan irónicamente “papelitos de colores” era considerable. Sin embargo la tremenda parálisis de la economía unida a la falta de circulante llevó, más por la desesperación que por la convicción, a que estos “valores” fueran aceptados como la opción menos mala frente a la ausencia de actividad económica.

No es fácil determinar cuál es el volumen de “bonos” que circulan en todo el territorio nacional, no sólo por que cada provincia emite según su leal saber y entender, sino porque no existe un registro más o menos centralizado de esas emisiones. No son pocos los especialistas que estiman que hoy la circulación puede ser de unos 2.000 millones de sobrevaluados dólares, si bien fijar la cifra en dólares, cuyo valor parece una montaña rusa, no es tarea fácil.

Para la misión exploratoria que el Fondo Monetario Internacional (FMI) enviara días atrás, la necesidad de retirar estas seudo-monedas de la circulación era algo evidente. Sin embargo, cuando el jefe de la misión se reunió con los gobernadores provinciales, encontró una cerrada negativa. Los argumentos: las provincias carecen de fondos genuinos con los que pagar los sueldos, si se dejaran de emitir los bonos sería casi imposible hacer frente a las erogaciones ordinarias y (agregamos de nuestra cosecha) tampoco se podría mantener el sistema de clientelismo político, ni esquemas de gobierno con, por ejemplo, nueve ministros provinciales, 20 subsecretarios, un par de cientos de asesores diversos, y un número igual de legisladores provinciales.

Si alguna vez se preguntó Ud. cómo es posible la postración de Argentina, pues acaba de descubrir al menos una parte de la respuesta... Sorprendente. ¿No?

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